Tecnología, empleo y cooperación

28.12.2019 | 06:21

sOBRE el futuro del trabajo, la reconocida consultora McKinsey publicó, en julio, un trabajo (McKinsey Global Institute. The future of work in America: People and places, today and tomorrow. July 2019) que intenta cuantificar el impacto sectorial de la automatización y las nuevas tecnologías sobre el empleo, y también su efecto sobre los pueblos y ciudades americanos, lo que es más novedoso. Vale la pena repasar sus conclusiones, ya que el impacto en nuestro entorno compartirá bastantes de los elementos que detectan.

En términos agregados, consideran que la creación de nuevos empleos será mayor que la sustitución por máquinas. Así, en el agregado esperan una suma positiva, de modo que la tecnología aportará puestos de trabajo. Otra conclusión es que todos y todas tendremos que adaptarnos al uso de nuevas herramientas y nuevas máquinas en nuestro trabajo diario.

Los efectos esperados son muy importantes: con la perspectiva de 2030, calculan que solo un 5% de los trabajos actuales podrán sustituirse por sistemas automáticos en su integridad, por contra, en el 60% de los puestos de trabajo actuales, al menos el 30% de las actividades podrán realizarse por máquinas, utilizando las tecnologías que ya existen hoy en día.

Las ocupaciones que calculan que reducirán sustancialmente su empleo en base al incremento en la automatización suponen el 40% del empleo total. Destaca sobre todo una reducción sustancial en los puestos de trabajo dedicados a administración, en empresas grandes y pequeñas, públicas y privadas, acelerando tendencias que se observan ya. Las actividades productivas en conjunto sí reducirán el empleo. Por contra, crearán empleo ocupaciones que ya lo están haciendo, actividades que necesitan desarrolladores de software, analistas de ciberseguridad o ingenieros en energías renovables. En general, profesionales de ciencia y tecnología, ingeniería y matemáticas. Sin embargo, otros sectores crecerán aún más. Se necesitarán personas dedicadas a servicios propios de sociedades con altas capacidades adquisitivas, crecientemente envejecidas, y con elevados tiempos de ocio. Son servicios como los ligados a la salud o actividades de cuidado personal, educación, incluso industrias audiovisuales o artísticas. Sectores en los que tecnología y relaciones interpersonales tienen similar importancia, y que requieren organizaciones innovadoras que garanticen resultados excelentes a partir de trabajadores del conocimiento que actúen con elevados niveles de autonomía y de cooperación entre ellos.

La conclusión más repetida es que todas las tareas necesitan aportar habilidades y nuevas competencias digitales y del conocimiento. En consecuencia, cada trabajador y trabajadora aportará un incremento sustancial de valor añadido. Por supuesto con carreras profesionales en que las habilidades y competencias serán más multifuncionales, los trabajadores tendrán menos barreras sectoriales, y se generará mayor rotación dentro de las empresas.

Geográficamente, también prevén una intensificación en procesos de creación y destrucción de empleos hoy en marcha. Así, en las zonas especializadas en sectores perjudicados por la automatización, llegará al 25% el porcentaje de la población que tendrá que desplazarse a otra ocupación, o a otra zona. Son cifras muy elevadas. Su referencia, es que, en un año, 2017, el 3,6% de los trabajadores americanos movieron su domicilio al menos de un condado a otro. Un condado puede ser el equivalente a nuestras provincias.

Nuestras cifras de movilidad serán menos abultadas, pero la tendencia será sustancial. Las áreas ganadoras serán las 25 megaciudades, y los núcleos de crecimiento (los famosos hubs) en los que se concentran servicios tecnológicos y empresariales. Entre estas zonas expansivas incluyen también ciudades universitarias orientadas a I+D, o las que cuentan con clústeres tecnológicos, o que se aprovechan de colaboraciones entre empresas en base a su especialización industrial.

Desde nuestra realidad, un par de ideas derivadas de estas tendencias. Una es que buena parte de nuestros sectores económicos están entre las actividades más afectadas por la automatización, no solo maquinaria o construcción metálica, sino otras muchas actividades en las que no solemos pensar en términos de competitividad, como el sector público, muy intensivo en personas con tareas administrativas y burocráticas. Los últimos estudios de Orkestra sobre competitividad y competencias concluyen que, para avanzar en aspectos como la formación de las personas para sofisticar sus tareas como respuesta a la digitalización, es necesario tomar medidas con un enfoque de diálogo y reflexión entre diferentes y en ámbitos distintos.

Desde la cultura cooperativa, con ese mismo enfoque de colaboración, la segunda idea es que el concepto de economía de cooperación, dentro de la empresa, entre empresas diferentes, y entre los sectores público, privado y tercer sector, es muy sugerente cara a los retos que comentamos. Nuestras dimensiones son muy modestas, tanto empresariales como poblacionales, así que las lógicas de confrontación, la no colaboración, o la defensa numantina de los beneficios para unos grupos a costa de otros, difícilmente son compatibles con los niveles de alineación y apoyo mutuo necesarios para afrontar los retos del mundo digital y tecnológico actual. En palabras de Arizmendiarrieta, respecto a la colaboración dentro de la empresa, y entre empresas diferentes: "La unión es la fuerza de los débiles. La solidaridad es la poderosa palanca que multiplica nuestras fuerzas". Respecto a la colaboración entre ámbitos más amplios: "La superación de las servidumbres individuales solo se logra consolidando estructuras comunitarias de amplia base social".

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