Ustedes que pueden, dialoguen por favor

09.02.2020 | 15:14
Columnista José Luis Úriz Iglesias

aL final de la manifestación que recorrió las calles de Barcelona como repulsa por el asesinato del socialista Ernest Lluch en noviembre de 2000, la prestigiosa periodista Gemma Nierga, que fue la encargada de leer el manifiesto final, se saltó el guion pronunciando una frase que dejó seco, con cara de póquer, al duro José María Aznar, allí presente y por entonces presidente del Gobierno: "Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor". Fue como puñetazo que la sociedad civil, a través de Gemma, daba en la mesa de unos políticos enquistados en la confrontación y la guerra. Esa reflexión se pronunciaba después de un infame asesinato y en un momento muy duro de la banda terrorista ETA, ahora desaparecida.

Viene a mi memoria aquella famosa frase que quizás marcó el devenir de la solución de un conflicto que parecía eterno e irresoluble observando la tensión centro-periferia actual. Se refería Gemma a la necesidad de solucionarlo por la vía del diálogo y el entendimiento entre muy diferentes y de alguna manera así se hizo, aunque fuera de manera minoritaria, paciente y discreta. Gracias a eso hoy, 19 años después, aquella situación ha cambiado radicalmente.

Me pregunto ahora que sigo viendo la dura confrontación que no cesa entre el Estado y Catalunya, si Gemma no debería pronunciarla de nuevo, no debería haberlo hecho en las calles de Barcelona al final del acto multitudinario de la Diada el pasado miércoles 11.

"Ustedes que pueden, dialoguen". Ustedes que pueden, señores políticos, dejen a un lado sus intereses partidistas, electoralistas, siéntense frente a frente y no se levanten hasta llegar a un acuerdo definitivo. Porque se lo deben a la sociedad, a la española y a la catalana, a esas que dicen representar y a las que no pueden conducir como están haciendo a un callejón sin salida, a la confrontación estéril, al borde de precipicio.

Hoy, la responsabilidad de Sánchez y Torra es máxima, también la de Junqueras, Iglesias, Casado o Rivera, especialmente el primero ya que es el PSOE quién habla de terceras vías para otros temas y vendrían muy bien para este.

Y esa responsabilidad es máxima, o límite, porque se les ha elegido para solucionar problemas, no para crearlos o agudizarlos. Esa es su misión y si no son capaces de hacerlo lo más digno sería que se fueran, dejando su lugar a otros que sí lo hagan. ¿La situación actual es difícil? Indudablemente, sí. ¿Es superable? También. ¿Cómo? Como decía hace 19 años Gemma, dialogando, negociando, llegando a acuerdos. ¿Es posible? Por supuesto, pero para ello hay que ceder, buscar puntos de encuentro, ser audaces, imaginativos y especialmente generosos. Debemos evitar que la confrontación lleve a una situación irremediable. Esa es la obligación de nuestros políticos, los de aquí y los de allí.

Aún no se ha cruzado la delgada línea roja que separa lo complicado de lo irresoluble, la tensión de la confrontación directa, por eso ahora millones de voces debieran lanzar el mismo mensaje de Gemma Nierga: dialoguen, señores políticos; ustedes que pueden solucionar el desaguisado provocado, háganlo; siéntense ya e intenten llegar a acuerdos, construyan puentes por los que comunicarse y no los dinamiten.

Habrá que buscar soluciones imaginativas, audaces y generosas para un derecho como el de decidir que se ha demostrado inmensamente mayoritario en Catalunya. Entre los partidarios de la independencia y los que no.

Ese pueblo catalán seguirá insistiendo, pero esta vez con el peligro de la frustración producida por la imposición central. Jamás una solución que llega a través de la fuerza de la ley y no de la razón, del convencimiento, del consenso ha sido eficaz y mucho menos duradera.

Aún hay tiempo, incluso se detectan signos de agotamiento entre los más duros de los partidarios de la independencia. La crisis abierta entre Puigdemont-Torra y Junqueras-Rufián debe ser aprovechada con habilidad por el Estado. Este es el momento.

Veremos qué pasa. Aunque se ha detectado menos tensión que otros años, nos viene la sentencia del procès y ese hecho puede avivar peligrosamente de nuevo el fuego destructor.

Por eso, lanzo de nuevo el mensaje de Gemma: Sánchez, Torra, Junqueras, dialoguen, negocien y acuerden. Para eso les elegimos, para eso les pagamos. Aunque, claro, para conseguirlo necesitamos previamente en el Estado, de manera urgente, un gobierno fuerte.

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