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Contra el enemigo se vive mejor

ME pongo pesado con el asunto, pero es que es mirar a la relación de esta administración estadounidense con el mundo y recordar la guerra fría. Hay que admitir que ni siquiera es una estrategia original, porque hace ya más de una década que en Rusia Vladimir Putin practica el mismo sistema: distraer la incapacidad para diseñar soluciones a los problemas internos mediante el socorrido recurso a la amenaza externa con la que se acalla a la disidencia. A ver quién es el valiente que se atreve a criticar la incapacidad de sus mandatarios cuando corre el riesgo de verse tragado por una corriente de opinión que exige silencio y adhesión ante la “amenaza extranjera”. Putin y Trump reproducen un modelo que les facilita las cosas. Hay que encontrar un potencial enemigo y, en eso, hay que admitir que no faltan candidatos. Esta semana el juego ha dado margen para que en Washington desentierren “el eje del mal” que ya manejó George W. Bush con notable éxito. Corea del Norte se apunta por voluntad propia y la crisis en Medio Oriente permite repartir fobias entre el régimen sirio de Al Assad y el Estado Islámico. La carrera de brutalidades de ambos lleva a la foto finish y es difícil discernir. Por el camino, Putin y Trump juegan a la geoestrategia en el patio trasero ajeno el americano, además, mantiene latente la amenaza sobre Irán y desafía a China con una guerra comercial. Contra el enemigo viven mucho mejor, aunque se lleven por delante nuestra tranquilidad.