LOS probos miembros de la Junta Administrativa se la juegan una vez más con la apuesta que han hecho para el abono, seis ganaderías dulzonas y un duro hueso de roer, los Victorinos. La materia prima, por delante, en una feria que tiene fama de dura, exigente, con bureles de trapío y kilos de afamados hierros. Nueve días para vivir avatares, gracias y desdichas de un singular enfrentamiento entre bestia e inteligencia humana vestida de luces que arrancará con Pedro Romero, torero de Ronda, hace un rato. En las venideras tardes agosteñas, el personal hace de los toros cita festiva en la que comparecen los coletudos más en forma, los que han superado la negociación con la Junta, o los que se han colado en el cartel por enchufe y agraciados padrinos. Obligado encuentro con lo más granado del escalafón, nombres nuevos de aspirantes a gloria y cornada en un planeta agitado por la crisis y rechazo/encaje social de un modo de diversión poco apropiado para los agitados tiempos que corren. Un reducido puñado de ferias mantiene el tipo en esta caída libre de la fiesta. Bilbao sigue trayectoria positiva con ligeros desmayos; este año, Donostia ha experimentado con acertada estrategia al vender 11.000 abonos al llamado de José Tomás, figura singular por entrega y sentido trágico de la corrida; por cierto, cita pendiente con Vista Alegre. Jai zoriontzuak¡
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