Síguenos en redes sociales:

Líbano se desangra entre la invasión inminente de Israel y la ruptura con Irán

El Gobierno libanés intenta salvar su soberanía mientras el sur del país queda aislado del mundo

Líbano se desangra entre la invasión inminente de Israel y la ruptura con IránATEF SAFADI / Efe

El Líbano atraviesa una de las encrucijadas más críticas de su historia contemporánea. Lo que comenzó a principios de este mes como una nueva escalada de hostilidades, se ha transformado en un escenario de "tierra quemada" y aislamiento diplomático. Y, mientras los proyectiles israelíes fragmentan el sur del país destruyendo los puentes sobre el río Litani, en los despachos de Beirut se ha tomado una decisión sin precedentes: la expulsión del embajador de Irán, principal valedor de Hizbulá. Ahora, Líbano no solo lucha por su integridad territorial, sino por su propia soberanía en un tablero regional que amenaza con devorarlo.

El asedio al Litani

La estrategia militar de Israel en esta fase del conflicto es una evidente desconexión total. Los bombardeos sistemáticos contra los puentes que cruzan el río Litani buscan algo más que dificultar el movimiento de los combatientes de Hizbulá; amenazan con convertir el sur del país en una isla inaccesible. Esta franja meridional, que representa aproximadamente el 8% del territorio nacional, incluye joyas urbanas y demográficas como la ciudad costera de Tiro.

El argumento del Estado judío es que estas infraestructuras sirven como arterias de suministro para la milicia chií, que ha vuelto a desplegarse en la zona tras el colapso del alto el fuego alcanzado hace apenas quince meses. Sin embargo, el coste humano es devastador. Con la mayoría de la población civil desplazada —salvo en enclaves específicos de minorías cristianas, suníes o drusas—, el territorio se ha convertido en un campo de batalla fantasma.

Los enfrentamientos terrestres se concentran ahora en dos puntos neurálgicos: Khiam, en el extremo oriental, y Naqoura, en el litoral oeste. En este último, la FINUL (la misión de paz de la ONU) ha denunciado ya el impacto de proyectiles en su cuartel general, evidenciando que ni siquiera el casco azul ofrece ya una garantía de seguridad.

Presencia libanesa sin intervención

Una de las paradojas más dolorosas de este conflicto es el papel del Ejército libanés. A pesar de haber incrementado su presencia en el sur hasta los 10.000 soldados en un intento por recuperar el control estatal frente a las milicias, las tropas regulares se han visto obligadas a replegarse ante la superioridad del fuego israelí y el avance de la operación terrestre.

Con recursos limitados y la orden de no intervenir en el fuego cruzado entre Israel e Hizbulá, los soldados libaneses observan desde la distancia cómo se desmorona el compromiso de 2024. La ausencia de testigos externos, más allá de una FINUL a menudo obligada a refugiarse en búnkeres, deja la narrativa de la guerra exclusivamente en manos de los contendientes directos.

Y mientras las bombas caen en el sur, un terremoto político sacude la capital. El Ministerio de Asuntos Exteriores del Líbano ha declarado persona non grata al embajador iraní, Mohamad Reza Sheybani y le ha dado de plazo hasta el próximo domingo para abandonar el país, en un movimiento que marca una ruptura histórica con el régimen de los ayatolás.

Esta decisión responde a lo que el gobierno del presidente Joseph Aoun califica como una violación flagrante "de las normas diplomáticas y los principios establecidos de interacción entre ambos países". El Estado libanés intenta marcar distancias con Irán para evitar ser el daño colateral definitivo de la guerra total que Teherán y Tel Aviv mantienen desde finales de febrero. Al llamar a consultas a su propio embajador en Irán, Ahmad Soweidan, el Líbano envía una señal de socorro y de reafirmación nacional ante la comunidad internacional.

El balance

Las cifras que arroja el Centro de Operaciones de Emergencia son escalofriantes. En apenas tres semanas de conflicto, el Líbano registra ya 1.039 muertos y 2.876 heridos. Mientras que los ataques de Hizbulá contra territorio israelí no han causado víctimas mortales en esta fase, la intervención directa de Irán sí se ha cobrado vidas en Israel y Cisjordania, lo que aumenta la presión sobre el gobierno libanés para no ser visto como un cómplice necesario.

El temor ahora es que la destrucción de los puentes sea solo el "preludio de una invasión terrestre" a gran escala, como advirtió el presidente Aoun. Hoy, la única infraestructura que parece gozar de una precaria inmunidad es el Aeropuerto Internacional de Beirut, el único cordón umbilical que mantiene al país conectado con el mundo, mientras el resto de sus carreteras y puentes se convierten en escombros.

Ahora, el Líbano se encuentra en un estado de supervivencia extrema. Con su economía agrícola en el sur herida de muerte y su soberanía cuestionada por aliados y enemigos, el país busca desesperadamente una salida diplomática liderada por Aoun, el primer ministro Salam y el jefe del Parlamento, Nabih Berri. La pregunta que flota en el aire de Beirut es si estos esfuerzos llegarán a tiempo antes de que el río Litani se convierta en la nueva frontera infranqueable de un país fragmentado.