Agotados, indignados, hambrientos algunos y sin esperanza, los desplazados palestinos de Gaza todavía tienen fuerzas para soñar con un alto el fuego permanente que ponga fin a las matanzas indiscriminadas de civiles y a la destrucción causadas por el Ejército israelí y regresar a sus casas, los que todavía las conservan. “No hay mantas, estamos a merced de la lluvia, no hay comida, en el bolsillo tengo cinco séquels (1,2 euros) para alimentar a tres personas y los precios dan miedo”, dice una alterada Amma Ahmed, de 50 años y que como la mayoría de los palestinos no se ha beneficiado de la ayuda humanitaria que comenzó a entrar el pasado viernes con la tregua alcanzada entre Israel y Hamás,

Algo que ha reconocido el propio Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) que ha asegurado que ha podido entregar comida a 120.000 palestinos, ni siquiera un diez por ciento del más de millón y medio de gazatíes que han huido de los ataques israelíes y de los más de dos millones que viven en este enclave castigado.

Ayuda que no llega

“Seis días, simplemente, no son suficientes para brindar toda la asistencia necesaria. La gente de Gaza tiene que comer todos los días, no sólo durante seis días”, aseguró la directora del PMA para la Región de Oriente Medio, Norte de África y Europa del Este, Corinne Fleischer, en un comunicado en el que se resumían la situación en la Franja con tres sustantivos: “Hambre, desesperación y destrucción”.

Um Gazan, de Shati Gaza, pero que se encuentra desplazado en Jan Yunes, tampoco ha tenido acceso a la ayuda humanitaria. Dice sentirse abandonada por la comunidad internacional y por los países árabes, a los que califica, llena de rabia, de “hijos de perra”.

“Yo lo que quiero es volver a mi casa. Quiero que se acabe todo esto, que haya un alto el fuego definitivo, estamos hartos. No quiero una extensión, quiero volver a mi casa. Los niños tienen hambre, tienen frío. No le importamos a nadie”, dice tras asegurar que no ha encontrado ni un bote de conservas para comer.

El frío y la lluvia ha empezado a asomarse a la Franja, donde muchas calles están repletas de gente buscando algo de comer, combustible o una bombona de gas. Al paso de los camiones cargados con ayuda muchos jóvenes se abalanzan para intentar robar cualquier cosa.

No quieren guerra

Mahmud Abdelatif al Hayar tiene 28 años y asegura que hace cualquier cosa para poder comer: “vendo cigarrillos, comida, lo que sea”. “Hay miedo, no hay seguridad. Que se dejen de treguas, queremos vivir, no queremos guerra”, dice Al Hayar antes de preguntarse si es que los europeos o los egipcios son mejores que los palestinos.

“Queremos vivir. La gente tiene hambre. ¿De que nos ha servido todo esto, eh, de qué nos ha servido? Nuestras casas están destruidas, todo está destruido. Los camiones de los que hablas, los camiones son para las escuelas de desplazados y nosotros, ¿no somos desplazados? Nuestras casas han sido bombardeadas. No hay justicia. Un litro de jugo cuesta 80 séquels (20 euros) una bolsa de queso que en Egipto son tres libras (0,08 euros) aquí son 5 ó 10 séquels”, zanja.

Para Sameh Balush, habitante del norte de Gaza y desplazado en el sur la tregua solo beneficia a la ocupación. “Somos desplazados y queremos volver a nuestras casas”, zanja.

La cifra

3

Pese a la actual pausa humanitaria, solo tres de los 25 hospitales en el norte de Gaza, la zona ocupada por las fuerzas israelíes, están funcionando, alertó ayer el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.

En corto

Omisión

Ayuda denegada a bebés. El Ministerio de Sanidad de Gaza acusó ayer al Ejército israelí de abandonar a su suerte a cinco bebés recién nacidos en dos hospitales del norte de Gaza cuyos cuerpos sin vida se hallaron el lunes.

Alemania

18 millones adicionales. El Gobierno alemán anunció ayer que destinará 18 millones de euros adicionales en ayuda a Gaza “en vista de la catastrófica situación humanitaria” e instó a todos los que puedan hacer valer su influencia a facilitar la llegada de los suministros.