Del mismo modo que ocurre con otros delitos o sanciones administrativas, una multa de tráfico también puede prescribir. Esto significa que, si transcurre un plazo determinado desde que se impone la sanción, la Administración pierde la posibilidad de hacer efectivo el castigo. En la práctica, cuando una multa prescribe, la DGT o el ayuntamiento correspondiente ya no pueden reclamarla, ni iniciar actuaciones para cobrarla.
La cuestión clave es saber cuándo prescriben las multas de tráfico, porque no todos los plazos son iguales. Y además hay que distinguir entre dos momentos distintos: el tiempo que tiene la Administración para notificar la infracción y el tiempo que tiene para ejecutar la sanción una vez es firme.
Prescripción de la infracción
La primera parte del proceso es la notificación. Es decir, el margen que tienen la Dirección General de Tráfico (DGT) o los ayuntamientos para comunicar oficialmente al conductor que existe una infracción.
En este punto, la norma establece que el plazo es de tres meses cuando se trata de infracciones leves. En cambio, si la infracción es grave o muy grave, el plazo de notificación se amplía a seis meses. Si la notificación llega fuera de ese tiempo, la infracción se entiende prescrita y no habría obligación de pagar.
Sin embargo, una vez que la infracción ya ha sido formalmente notificada y la sanción es firme, la Administración puede seguir reclamando el pago durante un plazo mayor (varios años) en la vía de apremio si hace las actuaciones pertinentes
Multas más habituales
Según datos oficiales y análisis de la propia Dirección General de Tráfico (DGT) y de informes especializados en movilidad, las multas de tráfico más frecuentes están claramente vinculadas a comportamientos que ponen en riesgo la seguridad vial. El exceso de velocidad es la infracción que encabeza el ranking, representando aproximadamente dos de cada tres sanciones impuestas por la DGT, con más de 3,3 millones de denuncias en un año reciente, lo que lo convierte en la infracción más común por mucho.
A continuación, otras infracciones habituales que componen gran parte de las sanciones son no pasar la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) o tenerla desfavorable, conducir sin cinturón de seguridad, y usar el móvil al volante. Estas sanciones no solo se cuentan por millones, sino que generan un impacto importante en la seguridad vial y en la recaudación anual de la DGT, que recibe cientos de millones de euros por multas de tráfico cada ejercicio.
En paralelo, controles específicos, como inspecciones sobre sistemas de retención infantil y cinturones de seguridad, también arrojan cifras significativas de infracciones detectadas, lo que refleja que el descuido de normas básicas de seguridad sigue siendo una fuente de sanciones común entre los conductores.