Era 28 de noviembre de 2023. Circuito Ricardo Tormo de Cheste. Marc Márquez dejaba atrás su aventura en Honda después de once temporadas, todas las que había experimentado en MotoGP, una etapa en la que conquistó seis títulos mundiales de la categoría reina para elevar a ocho sus coronas contando las obtenidas en las categorías de 125 centímetros cúbicos y Moto2. Era una clara apuesta por seguir ampliando su palmarés después de años aciagos marcados por la caída en Jerez en 2020, cuando se fracturó el húmero derecho. Después llegaron cuatro operaciones que pusieron en riesgo su continuidad en la competición. Además, la máquina japonesa no respondía acorde a las expectativas. Márquez llegó a plantearse la retirada. Su difunto abuelo le incitó a colgar el mono. ¿Merecía la pena aquel sufrimiento? Hay vida más allá del motociclismo, se planteó. Pero siempre quiso darse una nueva oportunidad, la ocasión de volver a demostrarse a sí mismo que era capaz de volver a ser campeón. Un ejercicio de resiliencia que encontró una fecha muy señalada en el calendario, aquel 28 de noviembre de 2023.

Ese día Márquez se subió por primera vez a la Ducati, la moto de referencia en la parrilla, la que había permitido a Francesco Bagnaia proclamarse campeón los dos cursos anteriores. “El día que pasé más nervios fue cuando probé la Ducati en Valencia, era más por presión”, confiesa ahora en el podcast de uno de sus patrocinadores, Imagin. Aquel día probó la Ducati del equipo Gresini, el que le abrió las puertas de la montura italiana, la que ya conocía su hermano, Álex, tras recalar un año antes en el equipo que compartirían de cara a 2024, algo inédito en la categoría reina.

La presión por saber si sería rápido con la Ducati

“La gente ya sabe quién es Marc Márquez. Más que nervios era esa presión por saber si iba a ir rápido con esa moto o no. Preguntaba si iba a saber pilotar una Ducati y los ingenieros me decían que si era tonto”, evoca Marc. El resultado de aquel día podía enterrar la peor etapa de su vida. “Era vivir con dolor, de la rutina de fisios y de muchas horas en camilla. Estaba en una prisión. La sonrisa me costaba”, recuerda. Pero su lucha por volver a ser competitivo encontró su recompensa. Su filosofía le impulsó de nuevo hacia la gloria. “Mientras sea deportista, vivo por y para mi pasión y mi deporte”, reza.

Aquel día de la pretemporada de 2024 se dio cuenta de que el noveno título estaba más cerca. Fue un test que cambió su vida, pese a que siempre ha sido un amante de la competición, porque, como asegura, “cuando estás en la competición es diferente”. “Yo, por ejemplo, en los test me aburría, o sea, en los test incluso tenía caídas por falta de concentración, y un fin de semana es así, un fin de semana de competición es como más intenso, que puedo estar contento o no contento”, comenta. Sin embargo, esa prueba con la Ducati le devolvió la alegría.

Después de dos años sin victorias, los únicos que ha vivido junto al fatídico 2020, Marc volvió a ganar y terminó el campeonato en tercera posición. Pero más importante aún fue que su actuación le permitió ganarse un asiento en la Ducati oficial. Y en 2025 llegó el tan ansiado título. El noveno entorchado para su excelso palmarés, con el que igualó a Valentino Rossi, su mayor rival. Y más importante aún, el que fue la recompensa a todo el esfuerzo por regresar a lo más alto.

"Me hubiera retirado tranquilo, pero no satisfecho"

“Me hubiera retirado porque no me hubiera quedado otra, pero no estaría satisfecho al 100%. Evidentemente, sí tranquilo en el sentido de que lo había intentado, pero no me hubiera retirado satisfecho al 100%. Tranquilo sí, satisfecho, no. Ahora me puedo retirar tranquilo y satisfecho, pero repito, mientras esté en activo, yo sigo dando el 100%”, explica.

Ahora su currículo es aún mayor. Es el tercer piloto con más victorias de la historia, 99, solo superado por Valentino Rossi (115) y Giacomo Agostini (122), y también el tercero con más títulos, por detrás de Ángel Nieto (13) y Agostini (15) e igualado con los 9 de Rossi. “Son buenos números, no están mal”, reconoce al repasar sus éxitos. Aunque también revela que posee una adicción a la competición que le conduce a ansiar más y más. “No es adicción a ir en moto, sino adicción a la competición, a ganar. Cuando ganas es cuando te sientes recompensado porque hay todo un esfuerzo detrás. No es solo llegar e ir en moto, sino que hay una preparación detrás”, expresa.

Marc Márquez, durante la celebración de sus títulos de 2019 y 2025. Europa Press

“No sé si este será mi último Mundial”

Ahora se encuentra inmerso en la persecución de su décimo título, una empresa complicada debido a que el curso pasado, en el gran premio posterior a la consecución del noveno título, sufrió una caída en Tailandia que le fracturó el hombro derecho, por lo que tuvo que ser intervenido de nuevo. Desde entonces trata de recuperar su condición física. En paralelo, Aprilia ha diseñado una máquina que se ha convertido en la nueva referencia de la parrilla. Pese a ello, no desiste. Buscará la décima corona en el que, como confiesa, podría ser su último intento. “No sé si este será mi último Mundial”, admite.

Haciendo repaso a su recorrido, Márquez afirma con rotundidad basándose en su experiencia que “solo con talento no se llega a ningún sitio”, que para triunfar hay que estar dotado de “valentía”. “Escucho muchas veces lo de: ‘están locos estos de las motos’. O sea, no gana el que está más loco, sino que gana el que emplea mejor la locura. Tú tienes que tener un punto de locura; si no, no te pones con una moto a 350 o 360 kilómetros por hora, no adelantas y no te tocas con otro a 200 kilómetros por hora, codo con codo”, reflexiona. “No ver el miedo, no ver el peligro”, asegura, es lo que le ha dotado de éxito.