El proyecto ha sido posible también gracias al apoyo de la Fundación Gaztenpresa de LABORAL Kutxa, que ha acompañado a Eider en los pasos necesarios para convertir esta idea en una realidad sostenible.
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En el día a día, Eider no está sola. A su lado están David, Lohitzune y María (que les ayudan en las clases) y también el recuerdo de Shaina y Cooper, dos de sus brújulas en este camino junto con otro perro muy especial y que lleva tatuado en su piel, Boris. Y junto a ellos, los perros que ya forman parte del proyecto y que se han convertido en su familia: animales a los que cuida, entrena y ayuda a recuperar la confianza perdida.