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El Piquillo | Crónica Social

Lalachus, cuando el costumbrismo se hizo dueño del ‘prime time’

De Fuenlabrada al escaparate de la tele. Lalachus ya no es una revelación: es una certeza. Sin corsé y con una voz propia que conecta donde otros fuerzan

Lalachus, cuando el costumbrismo se hizo dueño del ‘prime time’EP

Durante años, su vida no tuvo nada de plató. Oficina, horarios y estabilidad en una empresa de construcción marcaron su rutina hasta que la pandemia agitó el tablero. Un vídeo viral -uno más en apariencia- cambió el rumbo. Lo que vino después fue una decisión incómoda: abandonar lo seguro para apostar por la comedia. Y ahí empezó todo paraLalachus.

El gran salto llegó con 'La Revuelta', donde su química con David Broncano la convirtió en uno de los rostros más frescos del formato. Pero Lalachus ha ido mucho más allá de esa etiqueta inicial. Presentó las Campanadas en TVE, se ha consolidado como pieza clave del Benidorm Fest 2026 y ya trabaja en nuevos proyectos con la cadena pública.

Lalachus, en una imagen de archivo.

Su humor, directo y sin maquillaje, bebe de lo cotidiano: su familia, su relación, sus inseguridades... Lo que otros esconden, ella lo convierte en chiste. Y ahí reside su fuerza. No interpreta un personaje: amplifica lo que ya es. Este verano, además, regresará a El Grand Prix junto a Ramón García, con la incorporación del vasco Gorka Rodríguez.

Gorka Rodríguez es el nuevo fichaje del Grand Prix del Verano

Apuesta de TVE por gente joven

En paralelo, su figura también refleja una estrategia más amplia: la de una televisión pública que quiere rejuvenecer su audiencia sin renunciar a su identidad. Lalachus encaja en ese intento como pocas, porque no parece diseñada en un despacho, sino nacida en el caos de internet. Su posible salto a un formato propio en RTVE, impulsado por productoras cercanas a su entorno creativo, confirma que ya no es solo colaboradora o presentadora ocasional, sino una apuesta de futuro.

A sus 36 años, Lalachus ya no ocupa un hueco: lo redefine. En una televisión que también bucea en las redes, ella ha conseguido algo más difícil: que la pantalla se parezca, por fin, a alguien real. No es solo la mujer de moda: es el síntoma de un cambio. Uno en el que la espontaneidad cotiza al alza y donde la autenticidad, por fin, deja de ser un riesgo para convertirse en valor seguro.