La periodista y escritora Marga Durá (Barcelona, 12 de junio de 1971) ha llegado recientemente a las librerías con su libro Una pregunta para Elena, historia en la que en forma de novela trae a la memoria el consultorio radiofónico de Elena Francis, que durante el Franquismo cosechó una legión de seguidoras al otro lado de las ondas y que, además de ofrecer consejos cosméticos, también adoctrinó a las mujeres y en muchos casos les hizo seguir en sus hogares a pesar de ser víctimas de violencia de género.

¿Qué le llevó a querer escribir este libro, a traer a la memoria este programa radiofónico tan famoso y polémico a partes iguales?

-Me llamaba la atención contar algo de la opresión de las mujeres, y también de los hombres, en la posguerra. Y entonces, buscando documentación, dije “Claro, si todo está en Elena Francis”. Todo para lo que narrativamente tendrías que invertir mucho tiempo para contar cómo estaban las mujeres, el tipo de mujer que se valoraba, cualquier cosa... Pones una carta de ella y está clarísimo. Y me pareció, también desde el punto de vista periodístico, que era muy bonito recuperar aquella época. Te pasas mucho tiempo en el lugar en el que escribes el libro. Entonces, me gustaba habitar esa etapa dorada de la radio. Como periodista me parecía que era un momento muy interesante. Y claro, cuando vi que realmente no se había escrito nada de ficción sobre Elena Francis pensé: “¿Pero por qué no? Si es un temazo”. 

Su libro va mucho más allá, muchas personas e historias fluctúan en torno a esta radio, pero Elena no es el personaje central.

-Sí, yo creo que es como el escenario. Explica el escenario al que se enfrentaban las mujeres en ese momento. 

Marga Durá, escritora Borja Guerrero

Hablaba de las cartas que mandaban los oyentes a Elena Francis, pero hablemos de las respuestas. ¿Siente que hoy en día esos mensajes son impensables o nos queda camino por recorrer?

-A ver, yo creo que volver ahí sería muy difícil. En ese momento supongo que las mujeres republicanas que vieron que empezaban a tener algunos derechos también pensaron que nunca habría marcha atrás, y la hubo. Pero yo creo que actualmente los peligros son otros, y vienen más de la cultura de lo políticamente correcto. Nos autocensuramos más que nos censuran. 

En el libro también se habla de autocensura, con los pensamientos de uno de los personajes, a quien “nunca le ha gustado dar que hablar”.

-Eso yo creo que es la mentalidad de la época, la de qué van a decir de ti. En aquel momento era como un peso. Porque claro, el problema era que si no tenías una familia perfecta la culpa era tuya. No era como “Pobre, ¿qué habrá pasado?”. No, era tu culpa porque algo habrías hecho. 

Marga Durá, periodista y escritora Borja Guerrero

En ese sentido, ¿qué cree que supuso este consultorio, al que muchas mujeres se animaron a dar el paso y mandar cartas contando sus problemas y preocupaciones?

-La respuesta que recibieron era “aguanta”. Es muy difícil decirlo así, pero si no entramos en el revisionismo de verlo con los valores actuales y abrimos un poco la mentalidad, es atroz lo que pasó, pero en aquella época al menos creían que había alguien al otro lado del cable, una mujer que hablaba para las mujeres. ¿Qué les decía? Lo que decían los hombres y la sociedad, pero sí que en algún momento, aunque los consejos se las trajeran, fue un paso adelante entre comillas, de que hubiera una mujer que hablara para mujeres. 

En Una pregunta para Elena encontramos además una frase que podemos aplicar a cualquier esfera de la vida: “Aunque sea injusto, las cosas son como son”.

-Por eso digo que Elena podía ser dentro de todo un bálsamo. Porque otros consejos y otra sociedad no había. Las mujeres realmente no podían hacer otra cosa casi que lo que les recomendaba ella. Para mí el drama no es que no pudieran hacer otra cosa. Es el sentimiento de culpa. Si no querían hacer eso, que era lo que la sociedad les obligaba a hacer, eran ellas las que estaban mal. Eso me parece terrible, porque te pueden imponer hacer cosas que no quieras, pero cuando entran en tu intimidad y te dicen que estás equivocada por pensar de una manera o por querer algo que tampoco es tan grave pero en ese momento la sociedad no lo admite, eso es lo terrible, ¿no? Y ese es el lavado de cerebro. 

El vivir, como dice, en una pecera, sin saber que vives en ella.

-Esa metáfora me gusta mucho. Y es que es así. 

Marga Durá Borja Guerrero

Hablemos de los personajes de esta historia (Elvira, Berta...). Son personas diferentes y con vidas diferentes, pero a todas ellas les une la radio. ¿Se ha inspirado en alguien para crearlos? 

-No. Quería un grupo en el que fueran muy diferentes, porque al final el fenómeno de la radio es muy transversal, y era tan increíblemente transversal que las de clase baja o las prostitutas se sentían identificadas con problemas de una señora que hablaba desde una moral que no era la que ellas vivían en su día a día. Y también quería demostrar cómo la opresión de aquella época afecta tanto a hombres como a mujeres, pero especialmente cómo este grupo de mujeres tiene que enfrentarse a cosas que ahora nos parecen muy pequeñas, pero que hay una lucha muy grande detrás. 

Todas se congregaban alrededor de la radio, que acabó siendo un instrumento más del aparato franquista. ¿Cómo cree que habría sido la sociedad de la época sin Elena Francis?

-Creo que hubiera sido igual, porque la sociedad no iba a cambiar, y la sociedad les obligaba a hacer una cosa. Eso se hablaba, se transmitía en la escuela, en la iglesia, y se transmitía en la familia. Yo creo que Elena Francis transmite ese mensaje a través del medio más moderno del momento, pero el mensaje no es nuevo. Lo que parece molestarnos más es que fuera un engaño, que no existiera. Pero yo lo que me he parado a pensar es que si realmente hubiera existido, hubiera sido una doctora y hubiera tenido su consultorio, habría dado los mismos consejos. Habría tenido que ser una persona que pasara por la censura, habrían cogido una persona que tuviera unas opiniones que tuvieran que ver con la sección femenina de la Falange... 

‘Una pregunta para Elena’


Mayo de 1952. Berta, una huérfana de veintiún años procedente de un pueblo aragonés, viaja a Barcelona junto con su madre adoptiva, Eleonora, y su hermana Ramona para asistir al XXV Congreso Eucarístico. Pero el principal interés de la joven es otro, pues es una ferviente seguidora del consultorio radiofónico conducido por la doctora Elena Francis, un espacio que hechiza a las mujeres de todo el país, donde las oyentes y sus historias son las protagonistas. Berta quiere conocer a la célebre doctora y pedirle un consejo que puede dar un giro a su vida, y se alojarán en casa de la prima de Eleonora, Úrsula, guionista del programa y cuya hija, Gabriela, es locutora. A lo largo de su estancia en la ciudad tendrá la oportunidad de conocer a una serie de mujeres que la cambiarán para siempre.