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La Copa África cumple con el guion

Marruecos y Senegal, las dos máximas favoritas desde un inicio al título, se enfrentarán este domingo en Rabat en la cita que pondrá el broche final a una Copa África vibrante y modernizada

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Este domingo, Marruecos y Senegal, dos de las máximas favoritas a llevarse el trofeo desde el inicio de la competición, disputarán la final de la Copa África 2026 en el estadio Príncipe Moulay Abdellah, Rabat. Después de una fase final en la que ambos equipos se mostraron sólidos, regulares y decididos a levantar el trofeo más codiciado del fútbol africano, ambos conjuntos se enfrentarán en un torneo que ha puesto a Marruecos como gran candidata para albergar la final del Mundial 2030 debido a sus espectaculares estadios.

Senegal, dirigido por Pape Thiaw, y con Sadio Mané como figura, ha accedido a la final por cuarta vez en su historia reciente. Cabe recordar que ya fue subcampeón en 2002 y 2019 y campeón en 2021. Los “Leones de la Teranga” han sido uno de los equipos más constantes del torneo: han marcado en todos sus partidos, han construido una defensa compacta y tienen un grupo de jugadores que conocen perfectamente qué se juega en este tipo de citas.

La semifinal de Senegal contra Egipto fue un duelo equilibrado, con pocas ocasiones claras, resuelto por un gol tardío que llevó al equipo a la final con un marcador apretado de 1-0.

Sadio Mané, líder futbolístico de Senegal, llega a Rabat con la oportunidad de añadir otro capítulo glorioso a su vitrina personal y demostrar que sigue siendo uno de los jugadores más influyentes de África, incluso lejos del foco europeo, ya que actualmente se encuentra en el Al-Nassr, junto a otras grandes estrellas como Cristiano Ronaldo o João Félix.

Por su parte, Marruecos ha brillado como anfitrión. Con un público entregado y un plan táctico claro, han logrado la impresionante cifra de solo un gol encajado en todo el torneo, gracias en parte a las actuaciones del exsevillista Yassine Bounou. Ser finalista ante su afición, en casa y después de una década de evolución futbolística, supone un orgullo enorme para ellos. El equipo de Walid Regragui lleva varios años demostrando que actualmente es el equipo más fuerte del continente africano.

Los marroquíes protagonizaron uno de los momentos más vibrantes del torneo frente a Nigeria: un choque sin goles en 120 minutos que se decidió en la tanda de penales, donde el meta del Al-Hilal se erigió en héroe, deteniendo varios lanzamientos y llevando al equipo anfitrión a la gran final.

Uno de los nombres propios de esta Copa África 2026 ha sido Brahim Díaz, el mediapunta del Real Madrid, que se ha convertido en la gran referencia ofensiva del torneo. Brahim ha vivido un campeonato excepcional, marcando en cinco partidos consecutivos, algo que no se había visto en la historia de la competición y que lo sitúa entre los máximos anotadores del torneo. Con cinco goles hasta la final, lidera la carrera por la Bota de Oro por delante de figuras como Victor Osimhen (Nigeria) o Mohamed Salah (Egipto).

El malagueño ha marcado en cada fase, desde la fase de grupos hasta cuartos de final, y ha sido clave en la progresión de Marruecos, abriendo el camino en momentos decisivos como en el 2-0 ante Camerún en cuartos de final. Es por ello que, su estado de forma ha llevado a elogios como el de su propio seleccionador, Walid Regragui, quien incluso ha indicado que “puede llegar a ser el mejor jugador del mundo” si mantiene esta mentalidad y compromiso.

No obstante, tuvo una semifinal frente a Nigeria complicada. El tridente defensivo formado por Onyeka, Bruno y Calvin Bassey tejió una tela de araña alrededor del mediapunta. Brahim tuvo el 1-0 en los primeros minutos con un tiro al segundo palo que pasó a un dedo de la escuadra, pero no pudo hacer más.

La presencia de ambos equipos en la última instancia confirma que la lógica de los mejores se ha impuesto, algo que no siempre ocurre en torneos tan competitivos como este. Aunque Senegal y Marruecos se han enfrentado en múltiples ocasiones (esta será la 32ª vez en su historia), nunca se han visto las caras en una final de la Copa África. En los enfrentamientos directos, Marruecos lleva la ventaja en victorias. Para Senegal, ganar significaría sumar su segundo título continental y consolidarse como una de las potencias africanas de la última década. Para Marruecos, levantar la copa ante su público sería un momento histórico absoluto: sería su primer título desde 1976 y coronaría una generación que ha crecido futbolísticamente y ha puesto al país en el mapa global del balompié.

Un anfitrión a la altura

El país marroquí no solo ha vivido el campeonato como una oportunidad para que su selección levantase el trofeo, sino como una prueba de organización, infraestructura y proyección internacional de cara a una posible final de la gran cita mundialística que acontecerá en cuatro años.

La propia Confederación Africana de Fútbol (CAF) eligió hasta nueve estadios repartidos en varias ciudades marroquíes —incluido el Prince Moulay Abdellah de Rabat, con casi 70 000 espectadores, y otros recintos modernos en Tánger, Marrakech, Agadir, Casablanca o Fez— con el objetivo de ofrecer un campeonato que cumpla los estándares internacionales más altos.

Esa apuesta por la infraestructura ha ido más allá de renovar escenarios deportivos: se han puesto en marcha mejoras en transporte, hoteles y servicios para visitantes, y ciudades como Rabat han trabajado en su imagen y logística para acoger a miles de aficionados africanos y del resto del mundo. Según informes locales, el modelo de seguridad aplicado en los estadios combina tecnología avanzada, cooperación internacional y mecanismos judiciales in situ para gestionar multitudes, accesos y posibles incidentes con rapidez, generando atención incluso fuera del continente.

En plena disputa entre España, Portugal y Marruecos —los tres anfitriones del Mundial 2030—, el Gran Estadio Hassan II en Casablanca, proyectado para tener más de 115 000 espectadores, es una de las grandes posibilidades para ser el que ponga el broche final a la competición veraniega.

Con todo, Marruecos querrá demostrar los motivos por los que fue semifinalista del pasado Mundial, pero para ello, tendrá que arrebatarle la medalla a una Senegal que no tiene nada que perder con Mané a la cabeza.