Era la final por la que Arabia Saudí pagó tantos millones y es la final que Arabia Saudí tendrá. Real Madrid y Barcelona se verán las caras el próximo domingo (20.00 horas) en el espectacular Alinma Stadium por el primer título de la temporada. Lo harán después de que el conjunto culé se deshiciera de un juguete roto como el pasado miércoles fue el Athletic (5-0) y después de que los de Xabi Alonso superaran a un Atlético de Madrid que, a diferencia de los leones, vendió muy cara su eliminación.

Hasta el punto de ser mejor que los merengues durante gran parte del encuentro. Y eso que los blancos se pusieron por delante en el marcador a las primeras de cambio. Tan rápido marcaron los merengues, que alguien se retrasó 1 minuto y 17 segundos en entrar al campo, no vio su tanto.

Fue Federico Valverde quien, en una falta lejana, desenfundó la pierna derecha para alojar la bala en la jaula de Jan Oblak. Cierto es que el disparo no fue colocado con precisión de francotirador, pero superó sin problemas una barrera que quizá pedía algún hombre más. O quizá que Alexander Sørloth no se moviera. El guardameta colchonero llegó a palmear la pelota, pero esta iban tan fuerte y plana, que apenas pudo desviar su trayectoria.

Más ocasiones que fútbol

A pesar del sopapo a las primeras de cambio, el Atlético exhibió su capacidad de no venirse abajo, inherente a los equipos del Cholo Simeone. De hecho, los rojiblancos dominaron la primera mitad y fueron capaces de irse al ataque sin arriesgarse mucho en tareas defensivas. Dos testarazos de Sørloth, el último obligó a Thibaut Courtois a sacar sus pasos prohibidos, y un misil lejano de Álex Baena fueron los avisos más serios del Atlético.

En el otro lado, un Real Madrid que con el luminoso a favor estuvo tranquilo a pesar de los problemas que atesora en la salida de la pelota. Quizá por ello optó por el juego directo con el que Rodrygo se plantó en el área pequeña, con recorte de lujo, para estampar la pelota en el cuerpo de Oblak.

En la segunda mitad se repitió el guion. La presión del Madrid era terrible, tarde y sin intensidad. Pero es que la puntería del Atlético no era mucho mejor. Los de Simeone rondaban y rondaban los dominios de Courtois, pero todo acababa siempre en córner. Entonces, ocurrió lo de siempre. El conjunto blanco demostró su natural talento para hacer daño de la nada. Para marcar sin merecerlo.

Así llegó el tanto de Rodrygo, que se encontró una pelota impulsada por Valverde, que se metió entre Le Normand y Hancko y, esta vez sí, superó a Oblak por bajo. El brasileño lo celebró con rabia en el campo y Xabi Alonso, en la banda. Pero no tuvieron mucho tiempo para fiestas porque Sorloth recortó distancias apenas tres minutos después tras una nueva cara defensiva de los blancos.

Esta vez Vinicius se quedó clavado, se limitó a seguir a Guiliano con la mirada cuando este recibió en la frontal. Así que el rojiblanco levantó la cabeza con toda el tiempo de mundo y puso la pelota tocadita a la cabeza de Sorloth, que nunca desaprovecha esos regalos. 

Sin centrales y a lo loco

Por si fuera poco, el Real Madrid perdió a la vez a sus dos centrales titulares, Raúl Asencio y Antonio Rüdiger, por molestias musculares. Por lo que Xabi Alonso tuvo que improvisar una defensa con Álvaro Carreras y Aurélien Tchouaméni en el centro de ella. Afortunadamente para ellos, el Atlético bajó el ritmo aunque no cesaron sus ocasiones.

Una tijera de Griezmann y dos disparos de Marcos Llorente estuvieron a punto de provocar los penaltis (en esta Supercopa no hay prórrogas). Pero, una vez más y ya van unas cuantas, el Real Madrid se clasificó a trompicones para una final. Esa que, contra el Barça, tanto quería Arabia.