Bilbao

LA reglamentación olímpica y de la FIFA describe al deportista como un individuo despojado del derecho a expresar su opinión en público pese a que desde tiempos pretéritos no pocos han mostrado su tendencia con sus comportamientos. Lo hizo Muhammad Ali, a quien le quitaron el título de campeón mundial de los pesos pesados por negarse a ir a la guerra del Vietnam; o el futbolista Robbie Fowler, apoyando a los despedidos del puerto de Liverpool; o los baloncestistas Chris Paul y Greg Oden, apoyando en campaña a Barack Obama. Bien en activo o ya retirados, se cuentan a cientos los deportistas que han dado el salto a la arena política manifestando su ideología o simplemente tratando de mejorar desde esa otra esfera el ámbito profesional al que se han dedicado. La participación exitosa de los ex futbolistas Romario y Bebeto en la primera vuelta de las recientes elecciones brasileñas evidencia que no todos, ni siempre, viven en su particular burbuja.

Sin confundir militancia con respaldo simpatizante, en Euskadi la nómina se limita a casos públicos como el del ex futbolista de Athletic y Real Andoni Imaz, que ejerció de concejal de Deportes en el Ayuntamiento de Tolosa por la lista de EAJ-PNV; mientras que a nivel estatal se ha multiplicado en la última década la irrupción de figuras del deporte que se han dejado seducir por los cantos de sirena de ciertas siglas desde que Colomán Trabado rechazara en 1983 la oferta de Felipe González para años después terminar en las listas populares de la Comunidad de Madrid. No en vano, una gran mayoría de ellos se han decantado más por la órbita popular, como Teresa Zabell -doble medalla de oro olímpica en vela, que integró la candidatura al Parlamento Europeo-; la atleta Sandra Myers,la campeona de judo y senadora Miriam Blasco, el ex ciclista de Kelme Ignacio García Camacho, la triunfal atleta Marta Domínguez, el lanzador de peso Manolo Martínez, el atleta Abel Antón, la luchadora de taekwondo Coral Bistuer, el ex jugador de la Real Craioveanu, el ex ciclista Martín Perdiguero o el ex árbitro Núñez Manrique. La lista en el ala socialista se reduce a gente como la ciclista Dori Ruano o el waterpolista Manel Estiarte.

Fermín Cacho, ex atleta y en la actualidad concejal del área de Deportes en el Ayuntamiento jiennense de Andújar (PSOE) cuenta a DEIA que la decisión que adoptó trasciende de la nomenclatura que defiende y se basó en la promoción del deporte como calidad de vida. El soriano, oro en 1.500 en Barcelona"92 y plata en Atlanta"96, defiende que "era consciente de que el feudo en el que me adentraba era más árido y desagradecido pero me motivó el servicio público desde el ámbito municipal y, en concreto, para el deporte. Si ahora hiciese balance, no sería bueno. No por el trabajo, sino porque si estás en la oposición, por mucho que propongas algo bueno, te lo van a tirar abajo por defecto". "Al menos, sabemos que estamos realizando una labor que promicionará a la base, el sustento para que haya luego deportistas de élite. Siempre he querido que los jóvenes sepan qué es el esfuerzo, el sacrificio, el compañerismo y la solidaridad. Cuando un deportista se mete en política puede aportar más porque lo ha vivido desde dentro. Tendríamos que aparcar las siglas y quedarnos con las ideas. Nosotros no nos sentimos señalados ideológicamente, todos pensamos exclusicamente en mejorar el deporte, que es nivel de vida y salud, y que nos lo ha dado todo. Los Juegos de Barcelona fueron un punto de inflexión y se ha crecido mucho desde entonces", explica. A juicio de Isabel Fernández, judoka -dispuesta a llegar a los Juegos de Londres- y con el mismo cargo en el Consistorio de Alicante (PP), "ser conocido permite que se abra alguna que otra puerta más. Lo que quiero es hacer bien mi trabajo, con ilusión, como en el deporte. Porque parece que es fácil ganar pero detrás de cada medalla hay un montón de horas, de esfuerzo y de esperanza".

reñones y "pepote", ovejas negras Otros que lo intentaron cayeron en desgracia por tratar de sacar provecho para su bolsillo: el ex colchonero Tomás Reñones entró en política de la mano de Jesús Gil y acabó en la cárcel dentro de la Operación Malaya. Mientras, el ex regatista Pepote Ballester, oro en la clase Tornado de vela en Atlanta, fue detenido por el presunto caso de corrupción relacionado con la construcción del pabellón Palma Arena durante su ejercicio como director general de Deportes del Gobierno balear de Jaume Matas.

En el concierto internacional el trasvase del deporte a la política es prolífico. Desde Pelé, una especie de político honorario en Brasil, hasta el postulante Chris Dudley. Quien fuera jugador de la NBA en los Nets, Cavaliers, Suns, Knicks y Blazers, es el candidato republicano y favorito para ganar la elección a Gobernador de Oregón el próximo día 2 de noviembre. Ya Kevin Johnson, ex base de los Suns, se presentó con éxito como candidato demócrata a la alcaldía de Sacramento hace un par de años mientras que Bill Bradley fue antes senador por New Jersey y pujó en las primarias con Al Gore. También cabe citar al ex futbolista George Weah, que quiso convertirse en presidente de Liberia; al entrenador argentino Carlos Bilardo, miembro del gabinete de Scioli; el ex guardameta paraguayo Chilavert, del Partido Colorado; el mítico portero Ubaldo Fillol, que respaldó al kirchnerismo, o a los legendarios ajedrecistas Kasparov y Karpov -el primero de ellos se convirtió en el cerebro de La Otra Rusia, un grupo opositor a Putin-.

Manuel García Ferrando, catedrático y coautor del libro La sociología del deporte (Alianza Editorial, 2009) asegura en su obra que "el deporte siempre pretendió ser apolítico, un lugar neutral. Hablamos desde los movimientos fundacionales del sentimiento olímpico y desde las primeras federaciones, en el siglo XIX, de un sitio común de encuentro donde se mezcla, entre el público, gente de convicciones dispares unida por un colectivo". Sin embargo, hoy en día ni los deportistas de élite viven de espaldas a su realidad. "Yo me veo en la obligación de devolver al pueblo un poco de lo que Dios me dio". Palabra del nuevo diputado federal brasileño, Romario da Souza Faria.