BILBAO. Enrique Collar, extremo izquierdo del Atlético de Madrid, sufrió una fuerte entrada del lateral derecho del Zaragoza Joaquín Cortizo en La Romareda (27-XII-1964), que le apartó de los campos cuatro meses por una fractura del tercio medio de la pierna izquierda. Se desató una fuerte campaña en la capital del Estado que acabó con el jugador del once de Los Cinco Magníficos sancionado con 24 partidos, el mayor castigo de los impuestos en la historia liguera hasta hoy en día, aunque el zaguero sostuvo que nunca le tocó. "Competición me hundió en la miseria y cambió mi vida. Fue una cacicada del vicepresidente del Atlético, que también lo era del Comité, el Conde de Cheles", manifestó siempre Cortizo. Casi medio siglo después casos semejantes no se libran de la polémica.

En este escalafón de sanciones le sigue Andoni Goikoetxea, que recibió un varapalo de 18 encuentros por su acción sobre Maradona en 1983, aunque Apelación redujo después el veredicto a siete partidos. Ambos fueron protagonistas meses más tarde de los incidentes acaecidos en la final de Copa, con un triste epílogo. Uno y otro, junto a Clos, Migueli y Sarabia, recibieron una sanción de tres meses cada uno. En 1990, Competición suspendió al barcelonista Stoichkov por seis meses por pisar al colegiado vizcaino Urizar Azpitarte, aunque después Apelación rebajó el castigo a dos meses y dos partidos.

El siguiente en la lista es el paraguayo del Granada Pedro Fernández. El central suramericano permaneció quince jornadas sin jugar tras una entrada a Amancio en un duelo copero de cuartos de final en 1974. El meta del Mallorca El Mono Burgos se perdió 11 compromisos por propinar un puñetazo sobre el espanyolista Serrano (1999), aunque con 12 encuentros encontramos al portero racinguista Ceballos por un cabezazo al árbitro Prados García (2000). Diez partidos le cayeron al bético Diarte por agredir al sevillista Ruda (1983). Misma cifra que en 2009 arrastró el madridista Pepe por su inaceptable reacción sobre el getafense Casquero. Con similar violencia se emplearon los zaragocistas Toro Acuña y Laínez, en la confirmación del descenso a Segunda en 2002. Sin embargo, sus energías no percutieron en futbolistas sino en el propio público del campo de El Madrigal, clausurado dos partidos. Ambos fueron multados con 2.000 euros y siete partidos.