ARGENTINA: Romero; Zanetti, Demichelis, Gabriel Milito, Heinze; Banega, Mascherano, Cambiasso; Messi (D"Alessandro, min. 88); Higuaín (Agüero, min. 69) y Tevez (Di María, min. 60).
ESPAÑA: Reina (Valdés, min. 46); Arbeloa, Piqué, Marchena, Monreal; Busquets, Xabi Alonso (Pedro, min. 71); Iniesta (Cazorla, min. 46), Silva (Navas, min. 46), Cesc (Xavi, min. 56; y Villa (Llorente, min. 46).
Goles: 1-0, m.10: Messi. 2-0, m.13: Higuaín. 3-0, min .34: Tévez. 3-1, min. 84, Llorente. 4-1, min. 90: Agüero.
Árbitro: Oscar Ortiz (Colombia). Amonestó a Milito, Cambiasso, Arbeloa, Cesc y Heinze.
Incidencias: Partido amistoso disputado en el estadio Antonio Liberti, Monumental del club River Plate, ante unos 58.000 espectadores.
Bilbao. La espectacularidad y determinación de Lionel Messi, en perfecta coordinación y sintonía con Vicente Del Bosque, sirvieron para devolver a la selección argentina la autoestima perdida durante el Mundial de Sudáfrica, cuando su dios Maradona perdió su condición divina y condujo a la albiceleste hacia el desastre.
Messi, a quien en su país no le perdonan que no despliegue con la albiceleste la esencia futbolística que escancia en el Barcelona, salió triunfante en un día grande, y de paso abrió las puertas para que Sergio Batista, seleccionador a eventual y a prueba, se convierta en el conductor de un equipo que ha recuperado buena parte de sus señas de identidad.
En eso tuvo mucho que ver el magnificado Vicente del Bosque, quien el pasado viernes ante el terrible Liechtenstein alineó a su equipo de gala y sin embargo frente a Argentina, en un partido grande, de abolengo por muy amistoso que fuera, justo el día en el que la selección española recibía el Príncipe de Asturias de los Deportes, decidiera tirarlo por la borda en un desquiciado ataque de entrenador. Dada la expectación que había levantado el encuentro en todo el orbe futbolístico, por muy amistoso que fuera, su actitud fue de auténtico desprecio, aunque probablemente la intención del bueno de Del Bosque sólo pretendía regalar gratitud a cada uno de sus muchachos campeones, sobre todo los menos habituales, el honor de jugar en el Monumental de River y frente a Argentina.
Por ejemplo, dejó fuera de la alineación a Xavi, la piedra angular del colectivo, o situó a David Silva de delantero centro. Entregó la manija a Cesc Fábregas, un excelente estratega que en la selección española no acaba de cuajar ni ligar juego con Iniesta, que jugó pegado a los dos medios centros, Busquets y Xabi Alonso. Demasiadas concesiones para un rival que salió hipermotivado, desafiante, enchufado al partido y con una Messi a la altura de su enorme alcurnia.
La Pulga aprovechó una pérdida de balón del combinado español para finalizar un contragolpe con una plasticidad enorme, anotando un gol de cuchara que sirvió para meterse en el bolsillo a la hinchada, tan proclive a crucificarlo, y calibrar el poderío futbolístico de Argentina, que como todo el mundo sabe es enorme.
Batista tuvo el sentido común, ausente en Maradona, de rodear a Messi de peloteros de categoría, como Cambiasso, Banegas o Macherano, para asociarse con criterio.
Los goles caían entre el delirio del Monumental. Marchena perdió su increíble récord de haber jugado 56 partidos con la Roja sin perder y hasta Reina, protagonizando una enorme pifia recordó a su padre, que quedó marcado en su trayectoria internacional por otro fallo de bufón ante Holanda, a principios de los años setenta. Fernando llórente, con un magnífico gol, evitó el sonrojo mayúsculo del campeón mundial, y al menos Argentina ha salido del diván a donde quedó postrado bajo el reinado de Maradona.