La innovación se ha convertido en una de las principales herramientas para afrontar los grandes retos a los que se enfrentan las ciudades y los territorios en las próximas décadas. Bajo esta premisa se desarrolló la primera mesa redonda del encuentro organizado por DEIA y moderado por Olga Martín, directora general de Aclima. Un debate que puso el foco en cómo la tecnología, la digitalización, las nuevas soluciones energéticas y la colaboración entre agentes públicos y privados pueden contribuir a construir entornos más resilientes, sostenibles y preparados para responder a los efectos del cambio climático.
“En Euskadi podemos presumir de ser todo un referente en materia de políticas públicas en innovación ambiental”, Olga Martín, directora general en Aclima
A lo largo de la sesión quedó patente que la transición hacia ciudades más sostenibles no puede entenderse únicamente desde una perspectiva tecnológica. Los participantes coincidieron en que la innovación debe tener un objetivo claro: mejorar la calidad de vida de las personas y garantizar el bienestar de las generaciones futuras.
Uno de los aspectos más destacados del debate fue la necesidad de avanzar en la adaptación climática desde una escala local. Mª del Mar Alonso, directora de Acción Climática de Ihobe, recordó que los efectos del cambio climático ya son una realidad visible en los municipios y ciudades, por lo que las administraciones deben trabajar no solo en la reducción de emisiones, sino también en la capacidad de adaptación de los entornos urbanos.
En este sentido, defendió la importancia de diseñar soluciones que respondan a las necesidades concretas de cada territorio y que permitan aumentar la resiliencia frente a fenómenos cada vez más frecuentes, como episodios de calor extremo, lluvias intensas o problemas relacionados con la disponibilidad de recursos.
Sin embargo, esta transformación no puede depender exclusivamente de las instituciones. Durante la mesa se subrayó también el papel protagonista que debe asumir la ciudadanía. Los procesos de cambio urbano requieren de la participación activa de las personas, tanto en la definición de los proyectos como en la adopción de nuevos hábitos y comportamientos más sostenibles.
Los expertos coincidieron en que la transición ecológica será mucho más efectiva si los ciudadanos se sienten parte de ella y perciben que las medidas implantadas tienen un impacto positivo en su día a día. Un impacto medible desde un punto ambiental, pero también social.
Otro de los ejes de reflexión de esta primer debate giró en torno al papel del sector financiero en esta transformación. Libe Mancisidor, directora de Impacto, Negocio e Innovación de Kutxabank Eragin, destacó que las entidades financieras están dejando de ser simples proveedoras de recursos económicos para convertirse en auténticos socios estratégicos de los procesos de renovación urbana. Según explicó, la financiación resulta imprescindible para impulsar proyectos de rehabilitación, eficiencia energética, regeneración urbana o infraestructuras sostenibles, pero también para acelerar la implantación de soluciones innovadoras que permitan avanzar hacia ciudades más resilientes.
La innovación aplicada a la mejora de la vida de las personas fue otro de los mensajes que dejó la jornada. Jorge Ballester, director de Comunicación y director de la Fundación Elecnor, aprovechó su intervención para explicar el proyecto Ulysses, una iniciativa que emplea tecnología y datos para rastrear la contaminación marina y convertir ese conocimiento en soluciones.
Por último, la gestión de un recurso tan importante como el agua tuvo su espacio relevante en este debate. Juan Carlos Blázquez, desarrollo de negocio División Agua de Sorigue, puso sobre la mesa una reflexión que invitó a mirar más allá de los gestos cotidianos. Abrir un grifo y disponer de agua de manera inmediata es una acción tan habitual que rara vez se piensa en todo lo que hay detrás.