El comercio local, el verdadero latido de nuestras calles
Un sector que merece ser dignificado y donde no son pocos los retos que tiene por delante como ayer quedó claro en un encuentro celebrado en la Cámara de Comercio de Bilbao
Como sociedad, tenemos un papel clave. Nuestras decisiones de consumo construyen el modelo de ciudad en el que queremos vivir. Si queremos barrios, sobre todo para las nuevas generaciones, con vida, con identidad y con comunidad, debemos apoyar a quienes cada día levantan la persiana y han sido y son parte del paisaje de nuestras calles con los mejores productos de calidad. Porque cuidar el comercio local es, en el fondo, cuidarnos a nosotros mismos y a los que vendrán el día de mañana.
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El comercio de cercanía, el de nuestras calles y barrios, sigue siendo una pieza fundamental para el equilibrio y la salud de nuestra sociedad. No se trata únicamente de comprar productos, sino de sostener un modelo de ciudad más humano, cercano y sostenible gracias a tiendas que en algunos casos llevan muchas décadas a sus espaldas pasando de generación en generación.
Cada vez que elegimos una tienda de barrio estamos apoyando mucho más que un negocio: estamos contribuyendo a mantener viva la vida en nuestras calles. Y estamos apostando por un comercio que no se cierra y por otros nuevos que nacen.
Comercio local: una pieza angular
Las tiendas que están a pie de calle tienen mucho que decir en nuestros pueblos y ciudades ya que generan empleo, impulsan la economía de proximidad y redistribuyen la riqueza dentro de la propia comunidad. Frente a modelos globales de grandes plataformas que se basan en políticas de precios bajos y en envíos hasta la misma puerta de casa y que muchas veces deslocalizan beneficios, el comercio de cercanía reinvierte en el entorno, fortaleciendo el tejido social y económico de un territorio en concreto.
Además, este comercio familiar y vecinal aporta seguridad y dinamismo: calles con comercios abiertos son calles más vivas, más transitadas y, por tanto, más seguras para las personas que viven en ellas y para los que nos vienen a visitar de fuera.
El comercio local no solo vende productos, sino que genera vida, calles con actividad, más seguras, más dinámicas y más humanas
Pero su valor va más allá de lo económico. El comercio local crea relaciones. Hay conocimiento, confianza y trato personalizado. Las personas que están detrás del mostrador conocen a su clientela, recomiendan, escuchan y generan vínculos que ninguna plataforma digital puede sustituir. En un contexto de consumo cada vez más rápido y despersonalizado, esta dimensión humana adquiere aún más importancia si cabe como quedó patente en el encuentro organizado ayer por DEIA en la sede de la Cámara de Comercio de Bilbao.
Por si fuera poco, además, defender y comprar en el comercio local es también apostar por un modelo más sostenible. Menos transporte, más producto de proximidad y una mayor conciencia sobre lo que compramos y cómo lo hacemos. Es una forma de consumir más responsable, alineada con los retos actuales y dejando de lado esas compras impulsivas, de usar y tirar y con una calidad cuestionable en muchos casos.
Aspectos todos ellos que se pusieron sobre la mesa en esta nueva cita que contó con la presencia de Kontxi Claver, coordinadora de Políticas Económicas y concejala delegada del Área de Desarrollo Económico, Comercio, Turismo y Empleo en el Ayuntamiento de Bilbao; Antonio Seco, director de Comercio y Emprendimiento de la Cámara de Comercio de Bilbao; Jorge Aio, gerente de BilbaoCentro; Ibon Ayastuy, presidente de ACE Barakaldo; Julia Diéguez, presidenta de Deusto Bizirik y Luis Arbiol, presidente de Bilbaodendak.
Todos ellos fueron presentados y moderados por Jon Gómez en este encuentro en el que Kontxi Claver no se sentó a la mesa de debate, sino que fue la encargada de realizar la apertura de esta interesante jornada que se desarrolló bajo el título de ‘Comercio local, el valor de la cercanía'.
“Hay que comprar en el comercio local”
Esta fue la principal reflexión compartida en sus palabras iniciales por parte de la coordinadora de Políticas Económicas y concejala delegada del Área de Desarrollo Económico, Comercio, Turismo y Empleo en el Ayuntamiento de Bilbao.
Como dejó claro durante su intervención, el comercio de proximidad es mucho más que un conjunto de tiendas que se van sucediendo en las calles. “Es una red viva que sostiene la vida de nuestros barrios, que crea empleo, que genera actividad cada día y que acompaña a la ciudadanía en su rutina cotidiana. Es, en definitiva, una pieza esencial del engranaje urbano, un elemento que da sentido a nuestras calles y que contribuye a construir comunidad”, manifestaba Kontxi Claver ante los presentes que ayer quisieron acudir a este encuentro organizado por DEIA.
Julia Diéguez: “Los clientes, con su consumo, tienen un gran protagonismo en el comercio local”
Todos los presentes en la jornada de ayer son plenamente conscientes del momento de cambio profundo que vive el sector marcado por la globalización, los cambios en los patrones de consumo del ciudadano y la digitalización y empleo de nuevas tecnologías. Sin embargo, como decía la propia Kontxi Claver al comienzo de esta cita, “en medio de este contexto cambiante, el comercio local ha demostrado una capacidad extraordinaria para adaptarse, innovar y reinventarse sin perder su esencia: la cercanía. Y eso es algo que no debemos perder nunca. Toca adaptarse y evolucionar”, sentenciaba en su turno de palabra, no sin antes recordar la labor que hacen instituciones, como la que ella representa, por ayudar a la continuidad y el futuro del comercio local.
“Desde el Ayuntamiento de Bilbao se quiere poner en valor ese esfuerzo constante. Un esfuerzo que ha sido clave en los últimos años y que seguirá siéndolo en los que vienen. Ahora, la mirada está puesta en el futuro. Ya se trabaja en el nuevo plan 2026-2029, que se quiere que sea más participativo y más conectado con las necesidades reales del sector. Porque si algo ha quedado claro es que las mejores políticas de comercio se construyen con el comercio: escuchando, acompañando y trabajando de la mano de quienes levantan la persiana cada día. Nos necesitamos. La ciudad necesita a su comercio”, recordaba la concejala del consistorio de la capital al terminar su ponencia inicial en este encuentro que tuvo lugar en la Cámara de Comercio de Bilbao.
Prestigiar al sector
El comercio local no solo vende productos. Genera vida. Calles con actividad son calles más seguras, más dinámicas, más humanas y los comercios abiertos significan barrios vivos, donde las personas se conocen, se relacionan y construyen comunidad. Frente a la deshumanización del consumo acelerado —ese modelo de usar y tirar, de comprar con un clic sin contacto alguno—, el comercio local ofrece algo que no se puede digitalizar: la experiencia, el conocimiento del producto, el trato cercano, la confianza.
Por eso, es importante prestigiar el sector. Reconocer el valor de sus profesionales, que conocen su oficio, que asesoran, que cuidan a su clientela. Poner en valor su papel en la sociedad y romper con la idea de que el comercio es una opción de segunda. Al contrario: es un sector clave, que representa una parte significativa del PIB de Euskadi y que genera miles de empleos. Una reflexión compartida por los cinco ponentes que ayer participaron en la mesa de debate a continuación de las palabras introductorias de Kontxi Claver.
En este contexto, también es fundamental fomentar una mayor colaboración entre comerciantes. “El futuro del sector pasa por dejar atrás el individualismo y apostar por la fuerza colectiva. Trabajar en red, compartir estrategias, coordinar acciones y construir una identidad común que refuerce su posición frente a los grandes operadores globales. Solo así se podrá seguir remando en la misma dirección”, coincidieron los invitados a este encuentro organizado por DEIA en la mañana de ayer lunes.
Además, el comercio del futuro debe formar parte activa del diseño de la ciudad, como detallaba Luis Arbiol. A su juicio, no se puede entender el urbanismo sin tener en cuenta el papel del comercio. La planificación urbana debe integrar espacios comerciales que favorezcan la vida en los barrios, que impulsen la proximidad y que contribuyan a un modelo de ciudad más sostenible y habitable.
Jorge Aio: “Poner en valor el comercio como un sector para el emprendimiento”
Especial atención merece en todo este camino, y así se puso de manifiesto en el encuentro, el relevo generacional. Es imprescindible facilitar la transmisión de negocios a nuevas personas emprendedoras, eliminar barreras y acompañar en ese importante proceso. Hay una oportunidad real en el comercio, y hay que hacerla visible.
Labor educativa
Para ello, también es clave trabajar con las generaciones más jóvenes, no solo para que conozcan el sector, sino para que entiendan el impacto de sus decisiones de consumo. Comprar no es un acto neutro: tiene consecuencias económicas, sociales y urbanas. Y es que hacer esta labor didáctica se ha convertido en un reto clave para el presente y el futuro de nuestras ciudades. En un contexto donde lo digital forma parte natural de su día a día y donde comprar a golpe de clic es rápido, cómodo e inmediato, resulta imprescindible explicar qué hay detrás de cada decisión de consumo y por qué no todas las opciones tienen el mismo impacto.
Para muchos jóvenes, las plataformas online representan eficiencia: comparan precios (para elegir los más bajos), reciben productos en casa y acceden a una oferta prácticamente ilimitada. Sin embargo, lo que a menudo no se percibe es el efecto que ese modelo tiene sobre el entorno más cercano. Comprar en el comercio local no es solo adquirir un producto, es sostener un ecosistema económico y social que da vida a los barrios. Es contribuir a que haya empleo, a que las calles estén activas, a que exista cercanía y relación entre las personas.
Frente a la deshumanización del consumo acelerado, el comercio local ofrece algo que no se puede digitalizar: la experiencia, el conocimiento del producto, el trato cercano y la confianza
Por eso, la educación juega un papel fundamental como se dijo en este encuentro en varias ocasiones. No se trata de rechazar lo digital, sino de aportar criterio. De enseñar que consumir también es una forma de decidir qué tipo de ciudad queremos. Cuando un joven entiende que su compra influye en si una tienda de su barrio sigue abierta o no, empieza a mirar el consumo desde otra perspectiva, más consciente y responsable.
Además, el comercio local ofrece valores que difícilmente pueden replicarse en el entorno online. La atención personalizada, el conocimiento del producto, la confianza y la experiencia de compra son elementos que enriquecen la relación entre cliente y comerciante. Transmitir esto a las nuevas generaciones es clave para que lo valoren y lo integren en sus hábitos.
En otras palabras, es necesario acercar el comercio a estas generaciones del mañana, que lo conozcan, que entren en las tiendas, que hablen con quienes están detrás del mostrador y entiendan el esfuerzo que hay en cada negocio. Solo así podrán valorar su importancia real.
Educar en el consumo local es educar en responsabilidad, en comunidad y en futuro. Porque si las nuevas generaciones comprenden lo que está en juego, no verán el comercio local como una opción del pasado, sino como una parte esencial de la ciudad que quieren construir.