Las relaciones sociales por medios digitales, cada vez más habituales, pueden ser tóxicas

Las formas de comunicación han cambiado y en buena parte se han trasladado al mundo virtual. La interacción a través de las redes sociales y mensajerías instantáneas se ha vuelto en una práctica cotidiana en pleno siglo XXI, pero a su vez puede ser peligrosa

25.11.2021 | 18:20
Las relaciones sociales por medios digitales, cada vez más habituales, pueden ser tóxicas

Es difícil reconocer si una relación es tóxica, cuando debería ser producto de la buena voluntad de dos personas. Si cuesta ver las claves en el plano físico para identificarla como dañina, en el digital la situación se complica. Y es que las formas de comunicación han cambiado. La interacción a través de las redes sociales y mensajerías instantáneas se ha vuelto en una práctica cotidiana en pleno siglo XXI, pero a su vez puede ser muy peligrosa.

La falta de información y formación del uso adecuado de estas nuevas herramientas evitaría las hoy conocidas comunicaciones digitales tóxicas. Con su uso se han introducido nuevos términos que van acompañados a la transformación social actual que definen las conductas asociadas directamente a la virtualidad, al amor y al acoso en particular.

Stalking es uno de los más conocidos y empleados en la sociedad. Del inglés, stalk es perseguir o acosar. Este término se emplea generalmente cuando se visualiza de manera obsesiva e insistente las redes sociales de otra persona. La persona a la que se acosa puede ser famosa, o lo más común, es que sea de nuestro círculo. Es común en las relaciones amorosas.

Pero si hay un término conocido es ghosting, o fantasmeo, y se refiere a cuando se mantiene una relación con alguien que, de repente, desaparece, sin dar ninguna explicación. Es decir, se deja de contestar a los mensajes, a los comentarios e incluso a las llamadas.

Después, vienen los bloqueos en las redes sociales e incluso en las mensajerías instantáneas con el fin de romper cualquier lazo de unión que se estrechó en el momento de iniciar la relación. Lo habitual es el desconcierto de quien deja de recibir respuestas puesto que no sabe el motivo que ha podido llevar a la otra persona a tacharle de su vida. Es muy común que ocurra en aplicaciones de citas.

Cadáver reanimado


Unido al ghosting está el zombing, que se refiere al momento en el que, tras de haber roto la relación, amorosa o no, con una persona, vuelve al presente descolocando por completo al receptor. La Real Academia Española (RAE) define este neologismo: "Cadáver reanimado". De esta forma, el zombi regresa al mundo de los vivos con el objetivo de compensar todo el tiempo en el que han permanecido en silencio.

La información y formación del uso adecuado de las nuevas herramientas evitaría las relaciones tóxicas digitales

Una versión más sutil es el haunting. Se refiere a una situación en la que después de que la persona ha realizado el ghosting decide retomar el contacto, pero a través de interacciones tenues mediante redes sociales como puede darle like a una publicación en Instagram, o visualizar las historias.

También es frecuente el fenómeno breadcrumbing. Este toma presencia cuando una persona tiene contacto con otra y le da falsas esperanzas de que pueda surgir una relación. La víctima suele hacerse ilusiones mientras la otra persona juega con sus sentimientos. También puede suceder que alguien siga a otra en redes sociales, interactúe con sus contenidos y, sin interés alguno, pero con el objetivo de que la otra persona sepa de su presencia surge el denominado orbiting.

Es popular entre los jóvenes el sexting, que se refiere al envío de mensajes o vídeos con tono sexual. Es una práctica peligrosa porque se realiza con maldad, con el cometido de hacer daño a la otra persona. En la actualidad se imparten cursos o charlas sobre esta práctica en centros escolares concienciando sobre los peligros y sus riesgos en la Red.

Los expertos se toman muy en serio la salud mental de la población. Hay prácticas que afectan a personas más vulnerables, como el gaslighting. La intención es la manipulación psicológica. El abusador trata de poner en duda las opiniones o juicios de la otra persona. En general, estas prácticas pueden tener graves consecuencias que ponen en jaque a la sociedad que desconoce los peligros que ocultan las redes sociales. Por suerte, son cada vez más conocidas y, sobre todo los jóvenes tienen una mayor concienciación sobre los riesgos que el uso inadecuado de las nuevas tecnologías puede acarrear en su vida cotidiana.

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