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Editorial

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Abrazar la causa, ocupar la casa

El lehendakari Imanol Pradales sitúa en el autogobierno el pilar del bienestar de la ciudadanía vasca y alerta de los riesgos del partidismo y el populismo que dificulta los acuerdos necesarios

En un tiempo de incertidumbre global, el debate político vasco debería soslayar el riesgo de encogerse al tamaño de las tácticas de partido. Esa es, precisamente, la trampa que el lehendakari Imanol Pradales quiso esquivar ayer en el Encuentro Deia, que organiza el diario del Grupo Noticias: recordar que el autogobierno no es una consigna identitaria, sino el instrumento concreto con el que este país ha sido capaz de levantar bienestar, cohesión y oportunidades allí donde recibió un legado de ruina económica. La experiencia es tozuda. Los mayores avances en empleo, sanidad, educación, políticas sociales y desarrollo industrial han venido de la mano de un autogobierno ejercido con ambición y responsabilidad. Cuando Euskadi ha podido decidir y ha sido reconocido como interlocutor en la relación política y económica bilateral, ha impulsado su modelo productivo, ha construido sus servicios públicos y ha tejido una red de protección social que marca diferencias respecto a otros territorios. 

La “casa vasca” a la que apela Pradales no es una metáfora vacía. Es la identificación de un espacio político compartido que solo se sostiene si se cuida entre todos; si el pacto vuelve a ser la vía preferente y no la excepción; si la política con minúsculas, la del cálculo a corto plazo, deja de imponer vetos cruzados que bloquean reformas necesarias en vivienda, sanidad, industria o seguridad. La “causa vasca” consiste a su vez en construir convivencia adentro y capacidad de influencia afuera, no en alimentar trincheras. La amenaza a su integridad es grave y creciente de la mano de una extrema derecha cuya estrategia populista criminaliza la diferencia, aboga por la recentralización y persigue negar la identidad vasca y la vigencia de sus instituciones. El entorno que tensiona nuestras empresas, que cuestiona la viabilidad de industrias clave o que amenaza derechos sociales exige un plus de madurez política. El autogobierno ofrece herramientas para responder: competencias, recursos, capacidad de adaptar las políticas a la realidad vasca. Pero de poco servirán si cada actor político mide su compromiso en función del rédito a su proyecto o del vértigo a regalar una foto al adversario, como ha ocurrido en la búsqueda de acuerdos de país. Pradales pide abrazar la causa pero hay a quien le basta con ocupar la casa.