Cristina Aral y Edurne Domínguez no recuerdan exactamente el momento en el que la tienda dejó de ser solo un lugar de trabajo para convertirse en algo más. Quizá fue poco a poco, entre telas, muestras de color y conversaciones con clientes que buscaban dar forma a su casa. O tal vez fue desde el principio, sin darse cuenta, cuando cruzaron aquella puerta por primera vez y sintieron que ese espacio tenía algo especial. Y eso sin saber que algún día ellas tomarían las riendas del mismo. 

Edurne llegó en el año 2016. Cristina, unos años después, en 2020. Ambas compartían algo que no siempre es fácil de encontrar: una manera de entender la decoración como algo cercano, útil y profundamente personal. No se trataba solo de elegir muebles o combinar colores, sino de escuchar, de entender qué necesitaba cada persona y de ayudarle a construir un hogar en el que sentirse bien.

Todo un referente en interiorismo

La tienda, Concha Calle Decoración, llevaba ya tiempo siendo muy conocida en Portugalete. Situada en ese camino que muchos recorren hacia el emblemático Puente Colgante, había visto pasar a generaciones de clientes. Durante más de 20 años, Fernando y Concha levantaron allí un negocio con mimo, paciencia y una forma muy humana de trabajar. 

Cuando Cristina y Edurne empezaron a trabajar juntas en este espacio... algo encajó. No solo en lo profesional, donde se complementaban con naturalidad, sino también en lo personal. Compartían valores, forma de trabajar y, sobre todo, una visión: que cada proyecto debía ser único, como las personas que lo habitaban.

Los años pasaron, y con ellos fueron ganando experiencia, seguridad y complicidad. Hasta que en 2023 llegó un momento decisivo. Fernando y Concha se jubilaban y la tienda quedaba en un punto de inflexión. Lo mejor era que el testigo lo cogieran Cristina y Edurne que, con la base de Concha Calle Decoración, han conformado también Domara Studio. 

Dar ese paso no fue sencillo. Pasar de empleadas a responsables de un negocio implica asumir riesgos, tomar decisiones y enfrentarse a muchas incertidumbres. Pero también sabían algo importante: ninguna lo habría hecho sin la otra. Esa confianza mutua fue el impulso definitivo. En ese camino, no estuvieron solas.

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En imágenes: Domara Studio, interiorismo personalizado Markel Fernández

El apoyo de Fernando y Concha siguió presente, como una red que no desaparece. De hecho, de vez en cuando se dejan ver por la tienda, interesados en cómo evoluciona todo, compartiendo esa mezcla de orgullo y cariño por un proyecto vivo.

Además de contar con sus antiguos jefes, el acompañamiento de la Fundación Gaztenpresa de LABORAL Kutxa fue clave. Les ayudó a ordenar ideas, a dar forma al proyecto y a trabajar la viabilidad del negocio. Fue un paso importante para convertir una ilusión en algo sólido, con bases reales sobre las que construir el futuro.

Iniciativa apoyada por Gaztenpresa y Lanbide

DESCUBRE MÁS SOBRE EL PROYECTO GAZTENPRESA DE LABORAL KUTXA

Hoy, Cristina y Edurne están al frente de un espacio que sienten como suyo, pero que también entienden como algo compartido. Un lugar que no solo habla de decoración, sino de confianza. Trabajan sobre todo con particulares que quieren hacer de su casa un sitio más suyo, más vivido. Uno de sus valores añadidos es precisamente ese: acompañar al cliente en todo el proceso.

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Desde la idea inicial hasta el último detalle. Proyectos en mano que permiten a quien confía en ellas despreocuparse de lo complejo y centrarse en disfrutar del resultado, en imaginar cómo será su nuevo hogar.

“Sabemos lo que hacemos”, dicen, sin grandilocuencias. Y lo demuestran adaptándose a cada estilo, a cada necesidad, a cada historia. Y es que no hay dos casas iguales, como no hay dos personas iguales.