Casa Amparo: el sueño de Eduardo y David que devuelve vida, memoria y sabor a Berberana
El restaurante llevaba cerrado desde la pandemia, pero estos amigos vieron en él la oportunidad de volver a ofrecer esa comida casera que reconforta
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Casa Amparo vuelve a respirar. Después de tiempo con las persianas bajadas, este emblemático negocio de más de 60 años de historia ha recuperado su actividad gracias al empeño, la ilusión y la amistad de Eduardo Orive y David Ayala, dos amigos de toda la vida de la localidad burgalesa de Berberana. Lo que para muchos era ya solo un recuerdo, para ellos se convirtió en un proyecto lleno de sentido: devolverle al pueblo un lugar que formó parte del día a día de generaciones enteras.
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El restaurante llevaba cerrado desde la pandemia, pero Eduardo y David vieron en él la oportunidad de volver a encender el fuego, abrir la puerta y llenar de vida un espacio que siempre había sido punto de encuentro.
Con el apoyo de la Fundación Gaztenpresa de LABORAL Kutxa, que les orientó y acompañó en todo el proceso, lograron dar forma a un sueño que ahora ya es realidad. Y no solo eso: en unos meses, la parte superior del edificio se transformará en un alojamiento turístico, pensado para quienes quieren disfrutar con calma de la zona y visitar el espectacular Salto del Nervión y todo lo que ofrecen los parajes naturales de los alrededores.
DESCUBRE MÁS SOBRE EL PROYECTO GAZTENPRESA DE LABORAL KUTXA
Tita, siempre presente en cada receta
En la cocina, el alma es Eduardo. Y detrás de él, siempre presente, está Tita, su madre, fallecida hace solo unos meses y responsable de haberle enseñado todo lo que sabe. Su recuerdo está en cada gesto, en cada guiso, en cada olla que huele y se cocina como se hacía antaño. "Todo lo que sé me lo enseñó ella", repite emocionado Eduardo, que conserva como un tesoro las recetas que marcaron su infancia y que ahora se convertirán en las estrellas del menú.
Porque Casa Amparo (que abre de jueves a domingo) vuelve con cocina casera de verdad, esa que huele a hogar y recuerda a las madres. Legumbres hechas con mimo, carnes sabrosas, ibéricos de primera calidad, conservas especiales y postres de los de siempre. En la carta no faltan los clásicos: las manitas de cerdo, las alubias de Tolosa, los garbanzos de cocción lenta, y esos dulces caseros que ponen el broche perfecto a una comida de pueblo, honesta y reconfortante.
Un trozo de la Villa de las Hortensias en Oñati
Los mismos platos que estos días prepararan con cariño en un entorno tranquilo y acogedor.
Algo más que una casa de comidas
Lo curioso es que David, su socio en este proyecto, ya dio aquí sus primeros pasos en la hostelería hace años, cuando trabajó casi por casualidad como camarero en su juventud para ayudar a los antiguos dueños, que eran íntimos amigos. Volver ahora como parte esencial del negocio hace que esta nueva andadura tenga un toque emocional añadido.
Porque Casa Amparo no es solo un restaurante. Representa la vuelta a la vida de un lugar querido, el impulso que hacía falta en el pueblo y un homenaje a la tradición culinaria de la zona. Un proyecto que Eduardo y David reconocen que nunca habrían emprendido “el uno sin el otro”.
Casa Amparo ha vuelto con su esencia de siempre. Y lo hace con el corazón, con sabor y con la fuerza de quienes creen en su pueblo y en su historia.
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