BILBAO- La Fundación Sabino Arana promociona desde hace más de un cuarto de siglo los Premios Sabino Arana. En la presente edición, la XXVI, el elegido para ser premiado en el capítulo económico es una pequeña empresa vasca, La Industrial Cerrajera-Lince.
La compañía, sita en la localidad vizcaina de Elorrio, ha sido galardonada, según fuentes de Sabino Arana Fundazioa, porque representa “el éxito de su proyecto empresarial y el ejercicio activo de la responsabilidad social tanto en la empresa como en su entorno”. El presidente de Lince, el ingeniero Santiago Ugaldea, recuerda la trayectoria de una empresa vasca, “como otras muchas”, que ha sabido capear el temporal de la crisis económica y abrirse poco a poco al mundo.
¿Qué es La Industrial Cerrajera?
-Es una pyme más conocida por su marca Lince que tiene más de 80 años de vida y que está fuertemente enraizada en Elorrio donde nació en 1932 con el esfuerzo de varias familias para fabricar cerraduras.
Lince es una empresa que se puede considerar representativa del tejido industrial vasco.
-Efectivamente pues somos una empresa familiar más bien pequeña, con unos 13 millones de euros de facturación y un centenar de trabajadores, y que fabrica aquí, algo de lo que estamos orgullosos.
¿Qué productos fabrica y comercializa La Industrial Cerrajera?
-Nuestros orígenes como bien indica el nombre de la empresa fueron las cerraduras pero como toda compañía nos hemos transformado con el paso del tiempo aunque manteniendo fija nuestra apuesta por la fabricación, la calidad y el servicio. En 1973, se inició la fabricación de los candados, siendo el primer fabricante en España en desarrollar el candado moderno y manteniendo desde entonces una posición de liderazgo en el mercado interno. En 1991, Lince realizó una fuerte apuesta inversora para desarrollar el cilindro de seguridad multipunto. Y aquí estamos, centrados en estos productos: cerraduras, candados y cilindros de seguridad. En candados tenemos una cuota en el mercado interno del orden del 15%.
Su historia está muy relacionada con el saber hacer vasco y con la formación profesional en las escuelas de maestría.
-Para nosotros un hito clave fue en 1962 cuando la empresa facilitó el ir a estudiar a Mondragón. Personas como yo mismo estudiamos primero maestría y luego pudimos acceder a los estudios de ingeniería. Esa formación, de otra época, ha sido clave para el desarrollo de la industria vasca.
Los productos de Lince tienen una importante relación con el sector de la construcción. ¿Cómo les ha afectado el hundimiento del sector en 2008-2009?
-Como no podía ser de otra manera la caída del mercado interno afectó a nuestras ventas, que bajaron un 30% aunque el primer destino de nuestras ventas, con dos tercios de las mismas, es el mercado de reposición. No trabajábamos mucho con los fabricantes de puertas porque es un segmento no especialmente rentable ya que operan con precios más bajos y periodos de pago más largos. Una de las consecuencias de la crisis es que nos ha hecho redoblar el esfuerzo para salir al exterior.
¿Qué representan las exportaciones para una empresa vasca como Lince?
-En la actualidad el mercado interno supone algo menos del 70% de las ventas y el resto son ventas internacionales. Pero no estamos satisfechos. Nuestro planteamiento de empresa es incrementar las ventas fuera porque pensamos que tenemos producto y capacidad para ello. Hemos fijado el objetivo de llegar a un punto en el que la mitad de las ventas se realicen en los mercados internacionales.
¿En qué países está presente comercialmente la compañía?
-Vendemos en 25 países pero nos hemos centrado en cinco: Portugal, Italia, Francia, Marruecos y Egipto. En especial en estos tres últimos pensamos que tenemos recorrido para poder crecer.
¿Cómo se ve desde la empresa la evolución económica?
-Lo primero a destacar es que en el recién finalizado 2014 mejoramos ligeramente las ventas y este año esperamos mejorar algo más porque las perspectivas son mejores. Ello confirmaría que la crisis ya ha tocado fondo y se empieza a repuntar. La empresa está con resultados positivos y de hecho ha conseguido pasar así estos últimos años pero ello ha sido posible por la política conservadora y de prudencia en la gestión realizada por la compañía en toda su historia. Nosotros hacemos las cosas con fondos propios sin recurrir al endeudamiento. Pero para tener un balance sólido no hay que repartir más dividendo del que se debe.
Ustedes tienen presencia en el exterior y nada menos que en China. ¿Por qué?
-Nuestros productos, aún siendo tradicionales en gran medida, tienen un componente innovador importante y aunque estamos orgullosos de fabricar aquí hay gamas de productos que no se pueden hacer en el País Vasco por una cuestión de costes. Los costes laborales vascos para ciertas gamas de productos y teniendo en cuenta que no se realizan grandes series no son competitivos. En un primer momento pensamos en hacer como casi todos, comprar en China y comercializar aquí, pero si queríamos ir más allá en calidad y en diferenciación la mejor solución era instalarnos en China. Y allí estamos desde 2007 con una pequeña planta con 25 personas pero sin olvidar que el 90% se produce en Elorrio. Somos una empresa fabricante de Elorrio.
¿Las pymes precisan apoyo institucional para salir al exterior?
-Puedo contar la experiencia de nuestra empresa y debo decir que para poder estar en China ha sido fundamental el apoyo y la colaboración de la SPRI, la agencia del Gobierno vasco. La verdad es que es de agradecer el apoyo de la SPRI en este tema concreto y, en general, el de ayuntamiento, diputación, Gobierno vasco e ICEX.
La globalización económica está cambiando las reglas de juego para las pymes que tienen que competir en todo el mundo. ¿Cómo ve el presidente de Lince la situación?
-Aquí mi opinión particular es que efectivamente el tamaño de las empresas industriales vascas, de buena parte de ellas al menos, es muy pequeño. Es preciso ganar dimensión pero es verdad que hacerlo mediante alianzas o fusiones con empresas cercanas es muy complicado. Creo que es más factible y genera menos tensiones unirse con empresas de fuera que además aportan presencia en otros mercados que hacerlo con competidores de aquí.
¿Qué ventajas puede tener Lince con otros competidores, caso de las multinacionales, mucho más grandes?
-Nuestra empresa tiene como pilares básicos de su actuación y de su competitividad, la calidad, a todos los niveles, y el servicio. Damos el mejor servicio posible y ello nos obliga a tener un stock importante en fábrica pero somos capaces de abastecer en tres días a cualquier cliente. Además no cesamos en buscar soluciones innovadoras. No hay que olvidar que somos el único fabricante de candados de capital español.
A nivel tecnológico, ¿en qué áreas tiene que progresar Lince?
-El futuro pasa por la incorporación de la mecatrónica a las cerraduras.
La empresa es una compañía familiar con más de ochenta años de historia. ¿Existe un protocolo de sucesión familiar?
-No, y somos conscientes de la problemática que a veces se genera en empresas pequeñas que no cotizan en Bolsa con estas situaciones. Hay miembros de las diferentes familias que trabajan en la compañía pero no existe un mecanismo prefijado para la sucesión.
¿Qué se necesita para impulsar la creación de empresas en Euskadi?
-En primer lugar un mayor reconocimiento social de la figura del empresario. Y para desarrollar las empresas se necesita primero más transparencia interna y buscar la colaboración de todos.
¿Qué se siente cuando se recibe un galardón como el Premio Sabino Arana?
-La comunicación nos produjo ilusión, mucha ilusión, y lógicamente alegría porque además no sabemos cómo se propuso nuestra candidatura.