en Gwangju, Corea del Sur

El agua como forma de vida

Eider fuentes, tras costearse junto a sus compañeros del club santurtzi el viaje a Gwangju, vuelve del mundial de natación máster con cuatro medallas

09.02.2020 | 12:58
Eider Fuentes posa con una de las cuatro medallas que ha ganado en Corea del Sur.

EIDER Fuentes se ha colgado cuatro metales -dos oros, una plata y un bronce- en el Mundial de la categoría máster de natación que se ha celebrado en Gwangju (Corea del Sur). La nadadora de 35 años no ha estado sola en su aventura asiática, ya que junto a ella viajaron tres compañeros del Club Natación Santurtzi: Jon Ander Cotano, Sonia Llano y Joseba Egaña. "Los cuatro nos hemos pagado cada uno el viaje y nuestra estancia, pero también lo proyectamos como unas vacaciones", comenta.

A pesar de su exitoso periplo en tierras coreanas, las dificultades económicas para viajar al otro lado del mundo han sido múltiples. Tras desplazarse el año pasado a Eslovenia con su marido, Jon Ander, a disputar el campeonato de Europa, ambos se plantearon ir al Mundial este año. Pero los gastos eran demasiados, sin embargo, su boda les deparó una bonita sorpresa por parte del club: "Nos casamos en octubre y como regalo de bodas, en el club, pusieron un bote y entre todos nos hicieron una hucha para subvencionar un poco el viaje; ese fue el empujón definitivo". Llano y Egaña se unieron después a la aventura. Las expectativas de colgarse una medalla eran reales, pero fue a partir de diciembre cuando los cuatro integrantes del equipo de Santurtzi se pusieron manos a la obra para preparar la cita de Gwangju. Fuentes diseñó los entrenamientos y con la ayuda de gente del gimnasio pudo hacer "alguna rutina diferente".

Oro en 50 metros braza y libre, plata en 50 mariposa y bronce en el relevo mixto de 4x50 metros libres han sido las cuatro alegrías para la nadadora. "Esperaba ganar alguna medalla pero el relevo ha sido una sorpresa, no nos lo esperábamos ninguno de los cuatro", cuenta. El equipo alquiló un apartamento a unos 20 minutos de la sede de la competición y debido al calor y a la humedad, la rutina no varió en exceso a lo largo del campeonato: "Los días de competición hemos estado del apartamento, en el que teníamos aire acondicionado, a la piscina y vuelta". La sensación de disputar por primera vez un Mundial no tiene comparación. Pero la nadadora va más allá y, ante todo, valora el haber competido en equipo: "Me quedo con haber venido con tres compañeros, la verdad. El hecho de que vengan ellos y puedan llevarse esa medalla y el muñeco que nos daban me hizo bastante ilusión".

dedicación máxima La santurtziarra combina la competición con labores de entrenadora dentro del club, tanto de niños como de adultos. "Estoy todo el día metida en la piscina, suelo entrenar sola y se hace duro", reflexiona. El próximo año se disputa el europeo máster en Budapest, pero debido a los gastos que supondría ir, admite que "hay que pensárselo". El futuro es una incógnita y por ahora, solo piensa en disfrutar de dos semanas de vacaciones junto al resto del equipo en Japón. "Voy paso a paso", destaca.

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