Alain Arroyo, de goleador a entrenador

27.09.2020 | 10:47
Alain Arroyo atiende a DEIA en El Malecón, donde ya dirige al Somorrostro.

El getxotarra dirigirá al Somorrostro, equipo en el que acaba de poner fin a su extensa carrera como futbolista

Tras dos décadas marcando goles de todo tipo, entre ellos el último que se vio en el viejo San Mamés, Alain Arroyo (Getxo, 1982) decidió hace unos meses que había llegado la hora de colgar las botas. Pero no la de desligarse del fútbol. Y es que le han otorgado las riendas del equipo en el que ha cerrado su extensa trayectoria como futbolista, el Somorrostro, una de las escuadras más potentes de Tercera División. Arroyo cambia su rol de goleador por el de entrenador sin abandonar El Malecón, donde encaran el curso con la ilusión de luchar por el ascenso a Segunda B, categoría en la que el ahora técnico desarrolló la mayor parte de su carrera como jugador.

La llamada de un excompañero durante el confinamiento le impulsó a cambiar el césped por el banquillo. "Jon Larreategi me propuso incorporarme con él como segundo en la Cultural de Durango. Hablé con Iñaki Pola (por entonces entrenador del Somorrostro) y me dijo que contaba conmigo para seguir jugando, pero le expliqué la oportunidad que me había llegado y me dijo que si era lo que quería me lanzara a por ello", recuerda Arroyo, aunque al final no aterrizó en Tabira. Y es que el propio Pola le acabó pidiendo, primero, que se sumara al cuerpo técnico del conjunto de Muskiz y, después, propuso su nombre para que le sucediera en el cargo, una vez que decidió dejar el Somo para firmar por el Sestao River. "El presi (Juanjo Martínez), como es un valiente, se la ha jugado conmigo", bromea.

A sus 38 años, no pudo despedirse como deseaba debido al final anticipado del campeonato a causa del coronavirus, que frenó a una escuadra que cotizaba al alza y se encontraba a solo un punto del play-off cuando llegó el parón. "Con la inercia que llevábamos teníamos muchas posibilidades de habernos metido entre los cuatro primeros. Una pena, pero es lo que hay", lamenta el míster de una plantilla en la que siguen una decena de jugadores que el pasado curso fueron sus compañeros. "Creía que iba a ser más difícil, aunque todavía no hay competición y nadie se enfada por quedarse fuera. Espero que dentro de un mes, cuando se corte el bacalao, siga el buen ambiente en el vestuario", apunta.

Pese a haber perdido algunas piezas importantes, muchos consideran al Somorrostro como candidato a la zona noble tras haberse reforzado con jugadores que vienen de ascender con el Portugalete como Artabe, Ukerdi y Philip, o uno que se quedó a las puertas con el River como Coscolín, a quienes se suma gente con experiencia como Alday e Ito, que fueron compañeros de Arroyo en el Barakaldo. "Sabemos que para estar arriba hay que competir muy bien, tanto en casa como fuera. Debemos ir partido a partido y afrontar cada jornada como una final, y más aún en una temporada tan diferente como esta", subraya quien considera que "nos ha tocado en el grupo que a priori parece más fuerte, pero los partidos se ganan en el campo y no con el nombre".

Luchador e intenso en su época como futbolista, avisa de que no entiende el fútbol "sin dar el cien por cien". Respecto a la idea de juego, intentará que su equipo "disfrute en el campo" y tenga "más posesión que el rival". "Disponemos de jugadores para tener el balón y la idea es combinar mucho, pero para progresar y llegar a la portería contraria", indica quien defendió los colores de conjuntos vizcainos como Getxo, Portugalete, Sestao River, Lemona, Barakaldo y Zamudio antes de colgar las botas en el Somorrostro.

Arroyo también salió del territorio histórico durante un lustro para militar en Guadalajara, Mirandés y Oviedo. Su etapa en el cuadro burgalés, donde permaneció tres temporadas, fue la más exitosa. Especialmente la segunda campaña, en la que sus trece goles en liga fueron esenciales para lograr el ascenso a Segunda y en la tanto él como sus compañeros de equipo acapararon portadas a nivel nacional gracias a alcanzar las semifinales de Copa, donde el Athletic les despertó del sueño tras haber eliminado a doble partido a equipos de la máxima categoría como Villarreal y Espanyol, ante los que el getxotarra dejó su sello goleador. Otro día inolvidable para él fue el 5 de junio de 2013, cuando marcó la única diana del duelo disputado entre el Athletic y una selección de Bizkaia para despedir el viejo San Mamés, tras ser convocado a última hora por la lesión de un compañero. "Es un recuerdo muy bonito y que me enorgullece", subraya.