El Angliru prende la Vuelta

Carapaz recupera el liderato tras arrancar diez segundos a Roglic, que sufre pero resiste en la cumbre asturiana, donde vence Carthy, que accede al podio de la carrera, en un puño

01.11.2020 | 17:50
Carapaz celebrando la victoria en linea de meta.

"Coyones y dinamita". Ese fue el grito de la revolución de 1934, el asalto rebelde a los cuarteles en la zona minera. Esa soflama horadó la Vuelta, que bajó a la mina. Barrenadores y detonaciones. Dinamita. Mecha corta para una jornada escueta, pero cargada de pólvora. Alma de minería. En el pozo oscuro, la luz iluminó a Hugh Carthy, el jilguero que sobrevivió al grisú, el asesino silencioso, del Angliru. Su frontal dio con la veta en un puerto extremo, el viaje hacia los límites del ser humano. Darwinismo. Selección natural. A Roglic, capataz de la Vuelta, le faltó lumbre en una montaña que se balbucea, que se sube a gatas, con el alma quebrada y las piernas cojas. No se le olvidará al esloveno el Angliru, una mole de dolor, una montaña cruel, despiadada, una carretera que cuelga del cielo pero que es un giro al infierno. Nadie ataca en el Angliru. Es la montaña la que golpea. Lo padeció Roglic, que se quedó desnudo. Sin liderato. El maillot rojo viste a Carapaz, que aventajó en diez segundos al esloveno. El ecuatoriano llega a la jornada de descanso con unos sorbos de ventaja sobre Roglic, que sufrió pero resistió. Se agarró a la agonía.

Entre las llamas del infierno se encendió el entusiasmo de Carthy, que descascarilló a todos en la montaña sin fin, un desafío de la ley de la gravedad. Carthy se adueñó del Angliru con 16 segundos de ventaja sobre Carapaz, Mas y Vlasov. Roglic, grogui, cedió otros diez segundos, pero esquivó el K.O.. El británico se sacudió con ese estilo tan poco british para encaramarse al podio de la carrera, que arde. Carapaz aventaja en 10 segundos a Roglic, en 32 a Carthy y en 35 a Martin. El ecuatoriano arrancó un manojo de segundos a Roglic en un tratado de resistencia y angustia. Se le agrietó la máscara al esloveno, rescatado por Kuss, el colibrí que evitó la asfixia total de Roglic. El Angliru, una montaña implacable, inhumana, enredó aún más la Vuelta, en un puño.

Antes del calvario, el Movistar acaloró la jornada que nació con la chispa de una escapada que pereció en El Cordal, un puerto soldado al Angliru. En ese ecosistema apareció Froome. El británico arrastró a Carapaz. Espabiló el Jumbo y se evaporó el Movistar. El relevo de Froome destartaló a muchos. Nada comparado con el pánico que provocó el Angliru, una montaña que sepulta el ánimo, que se clava en el tuétano. El infierno se ilumina con fuego. El Jumbo encendió las antorchas. Froome se quemó en él. Carapaz lo afrontó en soledad. Amador no estaba. Roglic disponía de fondo de armario. Chaquetas amarillas y negras para cubrir su casaca roja. Gesink y un fastuoso Vingegaard marcaron el paso.

El Angliru, huérfano de aficionados, era un desierto vertical. La Vuelta se rodaba a cámara lenta, en silencio. Roglic, Kuss, Carapaz, Dan Martin, Enric Mas, Vlasov, Carthy, Woods y Poels penaban en la clandestinidad. No existe otro modo de subir. Cada uno con su cruz. Se trataba de sobrevivir al horror. No había gritos, ni ánimo, ni voces amigas. Era un ejercicio de introspección en el dolor. Una tortura psicológica en el muro de las lamentaciones. Carapaz estaba en la cola del grupo, acechaba. Mas hombreaba alrededor de Dan Martin y Roglic miraba el dorsal de Kuss. El mallorquín se abrió y se fue deslizando. Pareció hundirse. Era un truco. Fake news. Resucitó.

Mas se alzó a 3,5 kilómetros de la cima. Su repunte estrujó a Dan Martin, un agonista, torcido. Carthy, ciclista zancudo, 1,93 metros y 60 kilos, se rebeló. Le siguió Vlasov. Roglic se desentendió de la agitación. Se ajustó a la cadencia de Kuss y a la mirada de Carapaz. Los dos se subieron al ring. Les Cabanes, al 20%, y La Cueña les Cabres, al 23%, lanzaban directos a la mandíbula. En ese hábitat hostil, inhumano, encorvados todos, Mas se subrayó un puñado de metros. Un mundo. Roglic y Carapaz se vigilaban hasta que el ecuatoriano alteró el paso.

Carapaz cazó a Mas y Carthy. Roglic mudó el gesto. Se astilló por dentro. Perdió la compostura en una cuesta con cepo, mordiente. Le salvó Kuss, que tiró del esloveno, en crisis. Roglic no levantaba la cabeza, pero no claudicó. Clavado en la carretera, masticó bilis. Resistió. Es un tipo duro. Minimizó pérdidas. Carthy dejó a Mas y Carapaz. Iba ciego. El sufrimiento le cerró los ojos. Dislocándose el inglés en cada pedalada, que era fea, distorsionada la belleza en una montaña apocalíptica. Cuando abrió la mirada vio el cielo. Había dejado atrás el infierno donde Carapaz se vistió de rojo y Roglic resistió. El Angliru prende la Vuelta.