Djokovic, Nadal y Federer

Indestructibles y eternos

Djokovic, Nadal y Federer siguen sin entregar el mando en los Grand Slams y prolongan su carrera por ser el mejor tenista de la historia

05.02.2020 | 06:27

Dominic Thiem resumió muy bien lo que se siente en el circuito de la ATP por la tiranía que han impuesto Novak Djokovic, Rafa Nadal y Roger Federer: "Es algo único de nuestro deporte que los tres mejores de la historia coincidan en la misma época". El Big Three ha ganado los últimos trece Grand Slams. Desde que Stan Wawrinka se llevó el US Open de 2016 nadie que no sea ellos tres ha podido levantar un gran trofeo. "Espero ganar mi primer Grand Slam cuando ellos estén aún en activo. Tendría más mérito", deseó el austriaco tras caer en la final del Abierto de Australia, tras pegarse contra ese muro legendario. Thiem, que ya ha perdido tres finales grandes, representa a todos esos jugadores a los que solo les queda insistir para vencer esta carrera de resistencia.

Esta racha de trece triunfos consecutivos es la segunda más larga que protagonizan Djokovic, Nadal y Federer. Entre Roland Garros 2005 y Wimbledon 2009 sumaron dieciocho seguidos. Claro que entonces eran aún veinteañeros, tenían esa edad en la que la mayoría de sus actuales rivales aún están por estrenarse en un Grand Slam. Porque ningún jugador nacido después de 1989, o sea que ahora tenga 30 años o menos, ha levantado aún ningún trofeo grande. Entre los que están en activo con algún Grand Slam, Wawrinka, Cilic, Del Potro y Murray ya han superado la treintena.

Federer estrenó su cuenta de veinte grandes en Wimbledon en 2003. Nadal lo hizo en 2005 en Roland Garros. Y Djokovic en Australia en 2008. Desde que Marat Safin se llevara el título en Melbourne en 2005, el Big Three ha ganado 52 de los 60 Grand Slams disputados. Una cosa es derrotarles en duelos a tres sets, donde todo ocurre más rápido, y otra es aguantar la exigencia mental y física de cinco sets, de dos semanas de competición con partidos que muchas veces se van por encima de las tres horas de juego. Medvedev en el último US Open ante Nadal y Thiem el pasado domingo ante Djokovic volvieron a sentir esa frustración de estar muy cerca y tener que estrechar la mano a su rival como derrotados.

Escuchando a las tres leyendas, es difícil saber cuánto va a durar este dominio indestructible porque el trío se alimenta de esa rivalidad que empezó hace casi tres lustros. Djokovic reconoció abiertamente tras su octavo título en el Abierto de Australia que su objetivo es ser el mejor de todos los tiempos en Grand Slams ganados. Nadal suele ser más comedido, pero también ha dicho que la prioridad en su calendario son los torneos grandes. Federer sigue esa misma filosofía desde hace tiempo y, pese a que este año ya va a cumplir 39 años y asume que no le quedan muchas oportunidades, ha asegurado que no contempla la retirada.

Esta es una carrera de resistencia que tendrá su próximo capítulo en Roland Garros y que se extiende a todo el circuito de la ATP. Entre los cincuenta mejores del mundo, hay veinte jugadores mayores de 30 años y solo tres menores de 20. Djokovic, Nadal y Federer, por el orden que ocupan ahora mismo en el ranking mundial, han unido dos generaciones, dos épocas del tenis, y han aplastado la precocidad. Quienes quieran desbancarles tendrán que seguir insistiendo. En algún momento les llegará la recompensa.

LA WTA, un mundo paralelo. Siendo el mismo deporte, el circuito femenino de tenis se rige por otros patrones, es casi un mundo paralelo. En la WTA, de cuatro años para aquí, no hay nadie que domine y así cuatro de las seis últimas campeonas de Grand Slam -Naomi Osaka, Ashleigh Barty, Bianca Andreescu y Sofia Kenin-, han sido primerizas sin haber cumplido los 23 años. Entre las 50 primeras del ranking solo hay siete jugadoras mayores de 30 años y aparecen otras seis menores de 20. La que ocupa el puesto 51 es Cori Gauff, que tiene 15 años. Entre las mujeres es más sencillo llegar arriba, pero no tanto mantenerse. Por eso, la longevidad de Serena Williams, que se mantiene en el Top 10 con 38 años, supone una excepción ya que debe medirse a jugadoras que aún no habían nacido cuando ella ya había ganado su primer grande.