bilbao - Al igual que sucede con muchos brillantes estudiantes y sus currículos con purpurina, que se ven obligados a emigrar para ganarse el futuro por la escasez de horizonte en la corta distancia; los jóvenes ciclistas vascos siguen un rastro similar dada la situación del mercado profesional, donde únicamente ondean las enseñas de Movistar y Caja Rural. Sin apenas posibilidades de dar con una escuadra, no queda otra que abrir el angular, hacer el petate y anudarse a la aventura lejos de casa. Eso es lo que ha hecho Mikel Aristi (1993, Bergara), un potente corredor de la Fundación Euskadi, para tejerse el porvenir en el ciclismo. Aristi, que ostenta un brillante palmarés gracias a su punta de velocidad, se alistará en el Delko Marseille las dos próximas campañas después de una sólida temporada en la Fundación Euskadi. Aristi se recalificó como aficionado para competir en categoría elite-sub’23 tras dos años en el Euskadi continental. Este año ha logrado siete victorias entre ellas la general de la Vuelta a Toledo, sendas etapas en las Vueltas a Coruña y Cantabria y las clásicas de Laukiz, Segura y Escalante. - C. Ortuzar
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