Nadie es Merckx, pero Gilbert se le parece
Otra exhibición entroniza al belga en la Flecha Valona en la que Samuel acaba tercero y Antón, quinto
bilbao. El lunes tras la Amstel Gold Race -la carrera holandesa se resume así: exhibición de Gilbert en el Cauberg, punto final- Stuart O'Grady, el australiano de las pecas, amigo fiel de los Schleck, se deshace en elogios hacia el pequeño de los hermanos luxemburgueses, que, ciertamente, corrió osado, sin red, el último puñado de kilómetros para morir en la orilla, en el Cauberg, aplastado por Gilbert. "Andy", dice O'Grady, "corre como Eddy Merckx". Tres días después, ayer, segundo episodio del tríptico de las Ardenas, la Fleche Wallonne, semiclásica por kilometraje, 201 kilómetros, pero magna por tradición y jerarquía, Andy viaja a cola de pelotón cuando quedan solo tres kilómetros y se vuela entre calles que estrechan casitas de tejados rojos e inclinados a los pies de Huy. Pedalea desconectado, pensando en el domingo, en la Lieja, la Decana, el más preciado de los tesoros de las Ardenas. No sueña con ganar la Flecha. No era así como corría Merckx. Le llamaban el caníbal. Era por algo. No ha habido jamás nadie como él.
Ni lo habrá quizás, aunque en Bélgica lleven tiempo buscando y señalando a fenómenos como Gilbert, que emigró a Francia de joven para huir de la pesada losa de la comparación y ahora, 28 años, está más cerca que nunca de parecerse a Merckx. Corre siempre como él: para ganar. Gana como él: por aplastamiento. Ayer, en Huy, como en el Cauberg: ataque demoledor a un puñado de metros de meta, punto final.
"Ganar a Gilbert era imposible", resumió Samuel, tercero, segundo podio en la Flecha. Así hablaban de Merckx. Así hablan ahora de Gilbert.
La rabia de Gilbert Al valón, además de un estado de forma prodigioso, la pedalada demoledora, irresistible por brutal, le impulsó ayer la rabia. Estaba furioso con sus compañeros porque ninguno se metió en la fuga -peligrosa: Kolobnev, Lovkvist, Kiryienka...- que tuvieron que tumbar luego camino de la subida definitiva a Huy.
"No esperaba ganar", dijo Gilbert. "El final, tan duro, no me convenía". Le motivó, sin quererlo, su equipo, desnortado. Cuando llegaron a Huy, 1,3 kilómetros a la cima, 9,3% de desnivel, rampas del 24%, el valón era una bestia de pupilas rojas de enojo, visceral puro, irracional. Obró así, llevado por la ira, como dice el manual de Huy que no hay que hacerlo. Atacó lejísimo. A 300 metros? A 250? Así sucumbieron, sin ir muy lejos, Contador y Antón en 2010. Y todos los que, intrépidos, soñadores, lo intentaron antes. "Pero esta vez", explicó, "atacar de tan lejos ha sido la clave. He conseguido desmoralizar a todos los demás". El acelerón fue tan violento, tan brutal e inmisericorde, que entre el valón y el pelotón, la cabeza despejada de la que tiraba con fuerza Dani Moreno, gregario de Purito en el Katusha, se abrió una grieta importante. Un vacío irrecuperable. "Gilbert está que se sale", exhaló un suspiro de impotencia Samuel, pero lo podría haber dicho cualquiera. Joaquim Rodríguez, por ejemplo, el ciclista que nació para volar en los muros, por su breve estatura y su explosividad, volvió a ser segundo, como hace un año tras Evans. Vinokourov, que ansía más que nada ganar el domingo la Lieja, cuarto. Y Antón, quinto, un puesto peor que en su debut el año pasado, después de correr a la inversa, de atrás, muy atrás, hacia adelante, en una enorme remontada que le sitúa a un palmo de su mejor versión escaladora. Intxausti, en su debut, estuvo notable y acabó vigésimo.
El triunfo, además de por las formas, sublimes, eleva a Gilbert al Olimpo de los grande clasicómanos de la historia. Ha ganado dos Giros de Lombardía, dos París-Tours, dos Het Volk, dos Amstel, y, ayer, la Flecha Valona. El domingo busca su primera Lieja-Bastogne-Lieja y un hito legendario: hilar Amstel, Flecha y Lieja en la misma temporada. Solo Rebellin, en 2004, lo ha logrado hasta ahora. El doblete Amstel-Flecha también lo había firmado Di Luca en 2005. Ferdi Kubler (1951 y 1952), Stan Ockers (1955), Moreno Argentin (1991) y Valverde (2006) saltaron del podio de la Flecha al de la Lieja en unos días. También, claro, Eddy Merckx, en 1972.