Músico, editor y escritor especializado en sacar a la superficie fenómenos periféricos como periodos musicales históricos, el consumo de la heroína en Euskadi o la violencia juvenil en el entorno metropolitano vizcaino, Álvaro Heras-Gröh (Bilbao, 1972) acaba de publicar su nuevo libro, Bilbao secreto. Subcultura y expresión juvenil bajo el asfalto del Gran Bilbao (Ediciones Sirimiri), en el que pone ante el foco de su cámara a jóvenes activistas y tribus underground, a la vez que retrata grafitis, tatuajes y rescata pegatinas de aseos y bares. “Las inquietudes, anhelos y sensibilidades siguen siendo esencial y fundamentalmente las mismas que las de mi generación”, explica.
Bilbao secreto… –130 páginas, 30 euros– es el quinto libro de Heras-Gröh, el primero exclusivamente fotográfico de un autor especializado en el análisis de las subculturas juveniles, los movimientos musicales asociados al rock y la evolución sociocultural del entorno urbano en el Gran Bilbao y Euskadi. Tras documentar en sus trabajos previos el peso de la heroína a finales del siglo XX y de la delincuencia en el área metropolitana, así como las historias del rock en el Gran Bilbao y en Getxo, el músico que pasó por Bonzos y The Painkillers acaba de publicar un volumen cuyo subtítulo, Subcultura y expresión juvenil bajo el asfalto del Gran Bilbao, deja claro su contenido.
Bajo el sello de su propia plataforma editorial, Ediciones Sirimiri, Heras–Gröh ofrece una crónica visual de expresión juvenil en el corazón del viejo Bilbao, a caballo “entre el documento antropológico y el manifiesto callejero”. Y lo hace a través de los códigos compartidos de una generación que utiliza el asfalto como lienzo y la subcultura como refugio y medio de resistencia frente a las incertidumbres amenazantes del mundo adulto y unos procesos de homogeneización y gentrificación especulativa cada vez más presentes en la metrópoli contemporánea.
Vestimenta, tatuajes y grafitis
El objetivo de la cámara de Álvaro Heras-Gröh no solo captura rostros, vestimentas y actitudes de forma deslumbrante, sino también un lenguaje oculto y subterráneo: la iconografía efímera del grafiti urbano, la pasión entintada en los tatuajes, la urgencia de las pintadas callejeras y la expresividad caótica de las pegatinas colocadas en los baños de bares, salas de conciertos y espacios autogestionados.
Según su autor, este libro eminentemente visual es fruto de “una red invisible basada en la confianza y la generosidad” de los modelos participantes. Heras–Gröh reconoce “la distancia generacional” existente entre él y los protagonistas del volumen, así como “la desconexión con sus ambientes y lugares de reunión”, que, en origen, se presentaron como “un factor limitante”. Otra de las dificultades estaba en “el cambio de concepto de lo considerado subcultura juvenil con el que yo estaba familiarizado: códigos identitarios, formas de socialización, vestimenta o estilos musicales que los definen. Algunos aspectos esenciales sí se han mantenido desde la primera aparición de las denominadas tribus urbanas”, asegura.
Los cambios generacionales “saltan a la vista con solo ojear el libro”, explica Heras–Gröh. El viaje de su generación a la actual va del cuero y los vaqueros a la ropa deportiva y la estética urbana; del rock, el punk y el heavy metal al trap, el drill, el rap, el reguetón y la música techno en todas sus vertientes. “Y de quedar en un garito antes de un concierto o en el parque o la plaza para echar unos litros al gregarismo de los macrofestivales y la hiperconectividad ubicua de los teléfonos móviles y las redes sociales; de los fanzines, las radios libres y el intercambio de cintas de casete a los podcasts o las playlist de las plataformas de streaming”, apostilla.
A pesar de que el músico y escritor reconoce que se ha producido una “transformación de las subculturas y los modos de expresión juveniles con lo que crecí”, en la esencia todo continúa igual. “Si algo he aprendido durante el proceso de elaboración del libro es que las inquietudes, anhelos y sensibilidades siguen siendo esencial y fundamentalmente las mismas”, indica en la presentación del volumen.
El signo de los tiempos
Otro músico y escritor vizcaino, Roberto Moso, exlíder de Zarama y ahora al frente de JAN!, se encarga del prólogo de Bilbao secreto…, donde advierte “rostros, ropas y poses que te gritan su orgullo de tribu”. Los miembros de esta generación underground tan diversa “aparecen desafiantes, elegantes dentro de sus propios códigos, felices y bien abrigados por sus nuevas familias callejeras, encantados de mostrarse al mundo con el aspecto que han elegido, y no con el que les imponen”, explica Moso, para quien las elocuentes imágenes del libro, centradas en las miradas de los jóvenes y los paisajes del caos urbano, retratan “el espíritu de una época y de una ciudad, el signo de los tiempos”.