Montserrat Caballé la denominó “la diva de nuestro siglo” y en la actualidad, la reclaman desde los escenarios de todo el mundo. Estos días Saioa Hernández se encuentra en Bilbao, ensayando para interpretar a Maddalena di Coigny, la protagonista femenina de la ópera verista Andrea Chénier de Umberto Giordano, con la que debuta en ABAO.

Después de tantos grandes roles en su carrera, ¿qué le sigue desafiando de Maddalena di Coigny?

Es un rol que tiene un cambio muy drástico cuando estalla la revolución y todo su mundo se desmorona. Es una chica muy joven que no ha vivido nada de la vida más allá de los muros de su casa noble en la que todo le venía dado y se encuentra de repente en la calle, sin nadie más que Bersi, su criada, que incluso se ve forzada a prostituirse para mantenerla. Y lo complicado en este caso es que este cambio no se ve reflejado en la música en cuanto a lo que ella canta, el público lo ve, pero no soy yo quien lo interpreto, con lo cual en mi segunda aparición en la ópera ese cambio está hecho y ya tiene que reflejarse. Esto es lo complicado, es un cambio muy drástico. En las últimas apariciones es donde se produce el desenlace de todo el drama que culmina con esta entrega a la muerte y al amor, pero no acaba siendo un amor romántico, sino un amor de ideales. Andrea Chénier cree en ese tipo de amor, ella lo descubre y en ese momento descubre que realmente hay un ideal en el amor y que puede ser una elección también incluso moral, elegir el amor como respuesta y la muerte también en consecuencia. 

¿Cómo dialoga hoy una ópera ambientada en la Revolución Francesa con el mundo actual?

Andrea Chénier habla de temas muy universales, muy actuales que han estado a lo largo de la historia, las clases sociales, las diferencias, la creencia en ideas políticas más allá del amor... Al final, son temas que siempre son de plena actualidad. Además, Umberto Giordano lo expresa de una forma muy intensa a través de la música. Es una forma muy pasional de escribir, te mantiene continuamente en vilo y esto es muy bonito.

En esta ópera, ¿qué importancia tiene la química con el tenor que interpreta a Andrea Chénier? ¿Había trabajado previamente con Michael Fabiano?

El año pasado interpreté con él este título en Viena, pero no s-ólo es cuestión de tener química con el tenor, sino con todo el equipo. De todos modos, yo hablaría de trabajar todos en la misma dirección más que de química. Y en ese sentido, todo el equipo lo está haciendo. Cuando uno se sale de esa misma idea que estamos creando todos juntos es cuando parece que hay poca química. 

‘La mamma morta’ es uno de esos momentos en los que el público escucha casi conteniendo la respiración. ¿Cómo vive una escena así?

Es un aria especialmente emotiva y emocionante, habla de amor, de Dios. Son ideas tan grandiosas que llegan en un momento tan trágico donde se suspende el aliento, que estás con el alma en un puño y yo la verdad lo vivo así cuando estoy interpretándola.

¿Cómo prepara sus personajes?

No soy alguien que necesite de una gran preparación mental, quizás es algo que voy haciendo durante los ensayos. Por eso me gusta, si es posible, estar desde el principio y ensayar el máximo porque con ese trabajo en equipo es donde se fragua todo, donde voy creando el personaje. No me gusta venir nunca con una idea ya preconcebida. Obviamente, he hecho ya Maddalena en otras ocasiones, en otras producciones diferentes, pero nunca vengo con una idea de qué es lo que quiero en cuanto al personaje, quiero ser fiel a lo que está escrito, tanto a la música como al libreto, pero a veces todo esto se puede expresar de formas muy diferentes. Cada vez trabajas con un director distinto y siempre se hacen cosas diferentes y yo intento incorporar estas cosas diferentes. Me enriquece a mí y también al público. 

Después de tantos años y tantas actuaciones por escenarios de todo el mundo, ¿se sigue poniendo nerviosa cuando sale al escenario?

 Para mí es muy diferente cuando hay mucho público o cuando es un público más reducido, con el cual me siento más nerviosa. Y es muy diferente también cuando estás haciendo un concierto, un recital a cuando estás interpretando una ópera y un personaje. Pero la verdad es que cuando estás interpretando un personaje dejo de ser yo, una vez que me subo al escenario, soy el personaje y todas las palabras que digo y canto las estoy viviendo. Los personajes te poseen mientras los estás interpretando.

Empezó a estudiar derecho y ahora es reclamada por todos los teatros del mundo...

Siempre pensé que antes de los 25 años tenía que encontrar algo en la vida que me hiciera feliz, que tenía que probar hasta encontrarlo. Decidí continuar estudiando, a mí me gustaba estudiar, además quería ir a la universidad y mi idea era encontrar una carrera, pero no había ninguna que realmente me gustara como para dedicar mi vida a eso. Me atraía la vida religiosa, la espiritualidad, las artes, escribir, bailar, cantar, pero cantaba en mi casa. Y luego me atraía mucho la vida de disciplina, la vida militar y pensé que podía hacer unas oposiciones para entrar como oficial del ejército. Entonces estudié algunos años Derecho, que era lo que necesitaba; me presenté a oficial del ejército del aire y cuando ya me quedaba solamente el psicológico decidí que no era lo que quería. Así que entré en un convento como postulante, estuve casi 2 años viviendo la vida religiosa. Dejé derecho y empecé a estudiar magisterio con la especialidad de educación musical, cuando la terminé ya había salido del convento, me di cuenta que no era lo mío. Lo primero que hice fue volver a entrar en el coro de la universidad, volver a cantar, a estudiar canto.

¿Y recuerda cuándo se subió por primera vez a un escenario?

Estuve como maestra trabajando en un par de colegios y me llamaron para hacer una sustitución. Había cantado hasta entonces mucho repertorio sinfónico, coral, polifónico... lo que pasa es que nunca había hecho ópera hasta entonces, solamente cuando cantaba con mis maestros de canto. Me llamaron para una gira con una compañía privada en Francia para ir como coro y desde el primer día que me subí al escenario para interpretar un personaje de La Traviata, caracterizada, interpretando un papel, me apasioné y me quedó claro qué era lo que quería hacer. Fue en 2005, además en ese viaje conocí también a mi marido Francesco, que es tenor. 

Años más tarde, hizo historia en la Scala de Milán al convertirse en la Odabella de la ópera Atila de Verdi, para abrir la temporada del gran templo italiano de la ópera.

Fui la primera soprano española en inaugurar la temporada en La Scala, que es algo muy importante también y me puso ya en los ojos de todo el mundo.

Y ahora se la rifan todos los teatros. ¿Cuál es su agenda para los próximos meses?

 Después de Bilbao tengo Il Trovatore en Madrid en el Teatro Real. Luego voy a debutar en Montreal, que nunca he cantado allí, con Macbeth. Después de allí me iré a Torre del Lago a interpretar Tosca, de allí a Los Ángeles... Luego me vuelvo para Madrid porque debutaré en el rol de Manon Lescaut inaugurando la temporada y luego me voy también directamente al Metropolitan de Nueva York, que será mi debut allí en ese teatro con Tosca... Y muchas más cosas que vendrán.