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Joaquín Achúcarro: “En mi primer concierto con la BOS hace 80 años decidí que quería ser pianista”

La Orquesta Sinfónica bilbaina bautiza su piano Steinway adquirido por BBK con el nombre del músico

Joaquín Achúcarro: “En mi primer concierto con la BOS hace 80 años decidí que quería ser pianista”Pankra Nieto

Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1932) no recuerda qué edad tenía cuando se puso por primera vez delante de un piano. Tiene la imagen de estar con 3 o 4 años sentado en el taburete con los pies colgando y viendo que aquello hacía ruido. Pero sí recuerda perfectamente cuando con 13 años se subió por primera vez a un escenario y tocó con la Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS) en la Sociedad Filarmónica. Aquel 20 de mayo de 1946, y aquel momento “fue algo tan importante en mi vida que decidí que quería ser pianista”, ha recordado el músico bilbaino en un emotivo acto de homenaje que le rendió en Euskalduna su familia de la Sinfónica bilbaina. Achúcarro acudió acompañado por su mujer, la reputada pianista Emma Jiménez, con la que comparte vida y profesión.

Desde este momento, y tal como anunció el director general de la BOS, Iñigo Alberdi, el Steinway & Sons de la orquesta, considerado el mejor piano del mundo, que fue adquirido por 200.000 euros gracias a una donación de la Fundación BBK, lleva tatuado el nombre de Joaquín Achúcarro. 

 El pianista vasco ha compartido con los músicos de la Orquesta Sinfónica de Bilbao a lo largo de estas ocho décadas una gran complicidad. Por ejemplo, cuando la magia de las manos del maestro bilbaino sobre el piano, conectando con un público entregado, se convirtió en el mejor colofón para el fin de temporada de la BOS en 2022, en el centenario de la sinfónica bilbaina. 

Os queremos decir que sois muy importantes para nosotros y que os queremos mucho en esta casa. Estos 80 años juntos se han construido a base de gestos cotidianos, que nos construyen a todos como personas y como proyecto cultural. Hoy celebramos algo que ocurrió hace 80 años, pero sobre todo algo que ha venido ocurriendo y sigue ocurriendo porque el próximo 27 de mayo, Achúcarro volverá a ofrecer un concierto con la BOS” , remarcó Iñigo Alberdi, director general de la orquesta.

Achúcarro con su mujer la también pianista Emma Jimenez, Iñigo Alberdi, Leixuri Arrizabalaga, Begoña de Ibarra y Borja Pujol.

Por su parte, la diputada de Cultura y presidenta de la Fundación de la BOS, Leixuri Arrizabalaga, ha definido la relación de Achúcarro con la orquesta “como una trayectoria larga, sólida y llena de momentos memorables. Una relación construida con tiempo, con respeto y sobre todo con amor por la música. Y por todo lo vivido juntos, por todo lo que esta unión nos ha regalado como sociedad y como público, queríamos celebrarlo de la forma más simbólica posible, dando al nuevo piano el nombre de Joaquín Achúcarro. Con este gesto celebramos mucho más que tenemos un maravilloso instrumento, celebramos una unión profunda y un trabajo compartido que ha enriquecido de manera directa el panorama cultural de Bizkaia y ha acercado la música a miles de personas”.

Borja Pujol, director técnico de la orquesta bilbaina, también ha destacado la faceta humana y profesional del maestro, que ha realizado76 actuaciones públicas con la orquesta sinfónica, aparte de los conciertos que hado como solista . En esas 76 actuaciones se han interpretado 23 piezas distintas desde Bach hasta mús ica de Francisco Escudero. 

Hacer hablar al piano

El emotivo acto concluyó con la interpretación de cuatro piezas a cargo del pianista, que consiguió transmitir esa cercanía que desprende en sus conciertos, como si el piano “hablara”. Concretamente, “quiero realizar un pequeño viaje por la historia de la música”, para lo que eligió algunas piezas de algunos de sus compositores favoritos: Bach, Brahms y Chopin. Achúcarro, que hizo en todo momento gala de su buen humor, a pesar de que en los últimos meses ha sufrido dos caídas, se mostró muy emocionado durante el homenaje. Dentro de dos semanas, viajará a Japón para realizar varios conciertos

pasión por la música A sus 93 años, Achúcarro sigue destilando pasión por la música. Su triunfo en 1959 en el Concurso de Liverpool le catapultó al mundo de los conciertos en Inglaterra. Debutó en Londres, en Nueva York... Ha actuado en 61 países, junto a más de 237 orquestas y bajo la dirección de más de 400 directores. En Dallas ha impartido 27 cursos por los que han pasado más de cien pianistas. 

A pesar de que es uno de los pianistas vascos más internacionales de todos los tiempos, confesaba recientemente en una entrevista que “hay que seguir estudiando cada día porque es la única manera de poder seguir trabajando, dedicarle cada día horas, entrenar y mantener l disciplina. Detrás de un concierto hay muchas horas de esfuerzo y dedicación, no es llegar y tocar. Cada vez me parece más difícil tocar el piano, pero en fin, lo estoy haciendo lo mejor que puedo, han salido cosas bonitas”, decía humildemente el músico vasco, que conjuga pasión, técnica, vida y arte. Para él “cada recital es un desafío, necesito trabajar, pero también tengo que vigilar muchísimo la energía, ver dónde la gasto para tocar el piano lo mejor posible”.

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“Aún estoy descubriendo cosas tan bonitas que se pueden hacer con el piano, la cantidad de sonidos infinitos, maravillosos que puede producir y la cantidad de grandísimos compositores que han echado lo mejor de sí mismos en ese instrumento. Es fantástico”, decía con pasión.

Para este Hijo Predilecto de Bilbao y Vasco Universal, la música es tan importante como respirar. Cuando se le pregunta por la importancia de la música suele contar una anécdota: “En Costa Rica, un ministro de Cultura, fanático del piano, cuando todas las naciones estaban comprando aviones y cañones, él se fue con un millón de dólares a Estados Unidos y se lo gastó en comprar instrumentos musicales. Decía: ¿Para qué queremos tractores sin violines? Esto es lo que resume lo que debe ser la música. Si en lugar de tanques, comprásemos instrumentos musicales, el mundo iría mejor”.