Y, de pronto, la luz. Una cueva húmeda, llamas, piedra. Frente al guerrero vascón emerge una figura cubierta por un manto que oculta su rostro y se desliza en hilos rojo sangre hasta los pies. Es Mari, la deidad primigenia. Y su presencia —imponente, telúrica, casi ritual— nace del vestuario diseñado por Nerea Torrijos para Irati, la película de Paul Urkijo que, en esa línea casi invisible entre historia y fantasía, explora los orígenes del reino de Pamplona. 

Ese traje forma parte de Zinemako Jantziak / Vistiendo el cine, la exposición que puede visitarse hasta el 29 de mayo en el Centro Municipal de Distrito de Abando. Organizada por el FANT Bilbao, reúne una selección de trabajos con los que Nerea Torrijos ha contribuido a definir la identidad visual del cine fantástico reciente

Preguntada por la estructura de la muestra, la diseñadora descarta un relato cerrado: se trata, explica, de una selección de piezas clave de su trayectoria en el género. El objetivo es que el público perciba la complejidad de estas producciones y el valor del vestuario, además de poner en diálogo distintas texturas y propuestas

Entre los trajes expuestos figuran piezas para de Akelarre, que le valieron el Goya al Mejor Diseño de Vestuario en 2021. Sin embargo, la diseñadora destaca sin titubear el traje que abre este reportaje, ahora expuesta por primera vez fuera de la pantalla. “Sobre todo, por el simbolismo que tiene y por a quién representa, que es muy importante en nuestra cultura. Y también por el trabajo que hay detrás: fueron meses de diseño y de colaboración con varias artesanas para poder sacar adelante algo así. El trabajo en el traje de Mari es impresionante”, explica Torrijos. 

En ese tiempo, Torrijos realizó junto al director de la película, Paul Urquijo, una intensa labor documental, casi ensayística. El tándem realizó un proceso de meses en el que analizaron figuras y deidades preindoeuropeas de distintas culturas. “Nos dimos cuenta de que había patrones que se repetían: líneas verticales, el uso del rojo en esas líneas, tocados trenzados o rayados”, detalla. 

“Lo que hicimos fue reinterpretar esos patrones comunes de distintas culturas y ponerlos en valor en Mari. Si había que representarla de forma verosímil, esas diosas ancestrales ya documentadas nos daban pistas. Ha sido un proceso muy largo, pero creo que ha merecido la pena”, valora. 

Vestir un pasado incierto

Diferentes piezas creadas para el cine fantástico vasco Markel Fernández

Ese mismo proceso se traslada al resto de las piezas diseñadas para el filme, que se sitúa en un pasado incierto: el siglo VIII. Se trata de un momento histórico aún sumido en las tinieblas. Sabemos de Carlomagno, de los sarracenos y de la configuración de los reinos cristianos en la cornisa cantábrica. 

Pero, ¿cómo se vestían?, ¿de qué materiales estaban confeccionados sus ropajes? Esas son dos incógnitas que tuvo que despejar Torrijos al momento de enfrentarse al vestuario: “Lo que hicimos fue ir rellenando los huecos", explica Nerea Torrijos. “Si teníamos referencias del siglo VII, por ejemplo de un monje de no sé dónde, y luego un salto hasta el siglo VIII o el X, íbamos bebiendo de distintas fuentes para reconstruir ese vacío”

El trabajo, pues, consistía en situarse en la Euskal Herria del siglo VIII, con la escasa información disponible sobre cómo vestían entonces. “Hacíamos un arco entre lo último que sabemos y lo siguiente, jugando a favor de que la película es fantástica y no busca ser realista al cien por cien”.

Torrijos detalla que el proceso partía siempre de la investigación del contexto: la orografía, la alimentación, las formas de vida y los pocos datos sobre vestimenta. “A partir de ahí, completábamos esos huecos con información que nos parecía verosímil”.

Como ejemplo, cita la continuidad de ciertas prendas: “Si sabemos que en el siglo IX ya se utilizaban determinados elementos, es probable que en el siglo VIII también existieran, porque la evolución del vestuario era muy lenta”.

“En 20.000 especies de abejas' el vestuario era un elemento constante, un desencadenante continuo: los grandes conflictos con Sofía se construyen a través de la ropa”

Nerea Torrijos - Diseñadora de vestuario

En el extremo opuesto se sitúa 20.000 especies de abejas, de Estibaliz Urresola Solaguren, un proyecto con el que afrontó un reto radicalmente distinto: abordar una realidad compleja como la de los menores transgénero y los conflictos de identidad que atraviesan. La diseñadora señala que en esta película el vestuario era un elemento central, un desencadenante continuo: “Era un elemento constante, un desencadenante continuo: los grandes conflictos con Sofía se construyen a través de la ropa”. 

En esa línea, recuerda que sintió mucha responsabilidad al abordar este proyecto, al centrarse en la experiencia de personas reales que atraviesan el proceso de transición de género y los conflictos que ello conlleva. “Tenía que construir el vestuario desde el realismo y además con una protagonista que era una niña", explica Nerea Torrijos, quien también subraya que la importancia de la película radica en ser realista con esa experiencia, contarla con delicadeza “y con mucho amor”. 

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Para la diseñadora, esa exigencia marca la diferencia respecto al cine fantástico. “Aquí no puedes equivocarte. Tienes que afinar mucho y ser muy respetuosa. En el género fantástico te puedes permitir ciertas licencias, pero en una película como esta no”, asegura. 

No lo hizo. No se equivocó. La película recibió un sólido respaldo de la crítica y también del colectivo trans, que se sintió interpelado por la forma en que el filme de Estibaliz Urresola Solaguren aborda su realidad. El trabajo confirma la versatilidad de Nerea Torrijos, capaz de moverse entre registros muy distintos, del realismo más exigente al cine fantástico. Antes de colgar el teléfono, se le pregunta en qué película ya rodada le habría gustado trabajar. No duda: El quinto elemento. Después matiza, deja espacio a la imaginación y menciona otro deseo: diseñar el vestuario de un live action de Sailor Moon, una serie que marcó su infancia. Una forma de volver al origen de quien cose lo fantástico y viste lo invisible.