Este miércoles, 6 de mayo, a las 19.00 horas, el Museo del Nacionalismo Vasco (Ibáñez de Bilbao, 16-Sabin Etxea) acogerá la visita de la escritora bilbaina Elena Moreno Scheredre dentro del ciclo de conferencias El rincón de los libros, una iniciativa impulsada por el museo con el objetivo de acercar al público a la literatura vasca de la mano de sus protagonistas. Bajo el título Narrar lo vivido. Las emociones silenciosas de la historia (Bizitakoa kontatzea. Historiaren emozio isilak), Elena Moreno propone una reflexión sobre la manera en que recordamos y transmitimos el pasado.
La autora bilbaina acaba de publicar Un bosque de Álamos en Idaho. La historia de una emigración silenciosa, un relato sobre la huella que las y los vascos dejaron en Norteamérica. Pero también es una historia de amor entre dos personajes, Domingo, un emigrante vasco que trabaja de pastor en Idaho, y Valentina Alzola, una joven que desde Lekeitio sueña el amor y no duda en dejar todo para reunirse con ese desconocido.
A lo largo de 522 paginas, la autora da voz a las emociones encontradas de las generaciones que vivieron, desde la lejanía, la Guerra Civil, el bombardeo de Gernika y los acontecimientos históricos en la convulsa Europa del siglo XX.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, emigraron miles de vascos, principalmente a estados del oeste como Idaho, Nevada o California.
Sí, pero mi novela no quiere aportar datos, no es un ensayo. He querido plasmar lo que debían de sentir aquellos hombres y mujeres porque la mayor parte de las veces la historia te cala mucho más hondo, sobre todo a las generaciones de ahora que no leen mucho, desde las emociones que desde los datos. La literatura rescata los sentimientos y vivencias personales que el periodismo o los registros históricos oficiales no siempre logran alcanzar.
¿Sus personajes principales Domingo y Valentina existieron en la realidad?
Son personajes ficticios pero muestra un poco la gesta de esos hombres que llegaron a Idaho en ese momento, pero también el de las mujeres que tuvieron un papel muy importante en ese proceso de emigración. El proyecto inicial era escribir acerca de los pastores, pero me di cuenta de que las mujeres no están en la historia y que verdaderamente suponían toda la fortaleza cultural que hay allí; fueron las que se encargaron de la transmisión del idioma, de la cultura vasca, de la cocina..., porque sus maridos estaban de pastores en la montaña.
Le habrá llevado también mucho tiempo la tarea de investigación...
La mayoría de los personajes son ficticios, aunque aparece alguno real como Manu de la Sota porque me apoyo en la historia, evidentemente. La verosimilitud es muy importante, es esencial en una novela para que el lector entre con confianza en ella sabiendo que está documentada. Cuando leemos suprimimos el yo y nos adentramos a tientas con lo que nos dice el escritor en un territorio inexplorado. Hay datos de lo que hicieron en Idaho que se han recogido muchas veces a través de trabajos periodísticos, de reportajes, etcétera. De la gesta de subir a la montaña, de cuidar rebaños de 2.000 ovejas, del aislamiento... Pero yo quería introducir a las mujeres y de lo que ellas hicieron hay bastante menos recogido, la verdad. Tengo que agradecer la ayuda de Jon Bilbao, he encontrado también testimonios recogidos por William Douglass, entre otros... Hay poca documentación sobre las mujeres en el periodo en el que se desarrolla mi novela.
Y también de la soledad que sentían cuando sus maridos iban a pastorear.
A veces, me preguntan mucho por la condición de la mujer. Y me da un poco de apuro porque en realidad aquí vivimos un matriarcado. En las zonas de pesca, de Bermeo, de Lekeitio, las mujeres han tomado decisiones. En esa zona de América también se reunían para hacer muchas cosas, se apoyaban... Entonces no estaban tan solas, además tenían asumida esa ausencia de sus maridos. Lo que hacían era ayudarse, era un mundo completamente solidario.
Sus personajes viven la Guerra Civil desde la lejanía, fundamentalmente el bombardeo de Gernika...
Había tanta distancia, era muy difícil, no llegaban muchas noticias de la magnitud de lo que estaba pasando aquí, de un tema tan crudo como una guerra... Fue muy difícil vivirla desde la lejanía.
En el camino, pierden parte de las letras de sus nombres, dice en un momento de su novela. En su libro, le da mucha importancia a las palabras, al idioma...
Creo que hay partes muy bonitas en la novela en las que me he dedicado a hablar sobre la frustración de no poder hablar otro idioma, ni a expresarse en el mismo idioma en el que se piensa. De todos modos, aquellos hombres y aquellas mujeres fueron capaces de integrarse y adaptarse al modo de vida americano sin perder sus costumbres. Todavía hoy en día se siguen celebrando los Jai Alai, ondean las ikurriñas...
Amor, diáspora vasca, integración... Es una novela con muchas capas...
Es verdad, creo que los libros tienen que levantar un poquito el alma, tiene que conmover. Creo que esta historia toca un poco a todos, todos tenemos seres queridos que en algún momento han tenido que emigrar. Creo que deberíamos de leerla todos, de alguna manera todo el mundo se va a sentir tocado con estas historias. Además, está la necesidad actualmente de que los inmigrantes se integren para lo que tenemos que ayudarles. En Estados Unidos se permitieron las costumbres vascas, no se prohibieron. Y también en el fondo, Un bosque de Álamos en Idaho es una novela de amor entre Domingo y Valentina que se conocieron por carta y acabaron amándose profundamente. Ella deja Lekeitio, su vida, para reunirse con él, con un hombre silencioso, que expresa poco, pero, sin embargo, le ofrece un gran amor, de mucha honradez, de mucha lealtad.
Por cierto, otro personaje en su novela es el hotel Carlton de Bilbao, que este año cumple 100 años.
Exactamente, precisamente voy a presentar el libro el 19 de mayo allí. El hotel sale en varios momentos del libro y me hace mucha ilusión poder hacer esta presentación allí. El hotel Carlton fue la sede del primer Gobierno Vasco durante la Guerra Civil y en la novela sale en varias ocasiones, entre ellas cuando Valentina regresa de Idaho. También la localidad de Lekeitio está muy presente. La historia arranca precisamente allí en el año 1926.
La mujer ha tenido siempre un papel muy importante en su literatura. En ‘La historia de las ‘golondrinas’ rescataba también las vivencias de las ‘golondrinas’, las jóvenes que cruzaban a Francia para trabajar durante el invierno en la industria de la alpargata.
Siempre me ha interesado poder rescatar este tipo de historias. Mis primeras publicaciones fueron más bien exploraciones personales, pero ahora la historia actúa casi como un personaje más en mis libros.