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La voz imperial de Bill Callahan le canta a la muerte, la paternidad y la creación

El cantautor estadounidense publica un mayúsculo disco, ‘My Days of 58’, que define como un trabajo “de salón” y basado en “la improvisación y lo imprevisible”

La voz imperial de Bill Callahan le canta a la muerte, la paternidad y la creaciónDRAG CITY

La mortalidad que toma cuerpo en el horizonte, la paternidad y su legado, la empatía y el amor como necesidad vital, y el trabajo creativo del músico se entrecruzan en My Days of 58 (Drag City), disco que firma el cantautor estadounidense Bill Callahan y ya, en el primer trimestre de 2026, convertido en uno de los álbumes del año. Dueño de una voz imperial y la capacidad para indagar en su mundo interior y convertirlo en espejo social, Callahan lo hace con 12 canciones con espíritu “de salón” y basadas en “la improvisación, el error y lo imprevisible”.

En esto que nos ocupa, nos referimos a la música popular, siempre ha habido voces… y voces. Y de todo tipo y condición, de aquellas ortodoxas dotadas y excelsas a las que se salen de norma pero son capaces de comunicar y emocionar alejadas del academicismo y la formalidad de lo establecido. Hablamos de Tom Waits, Springsteen, Bob Dylan, Neil Young, Jhonny Cash, Lou Reed, Leonard Cohen… y –¿por qué no?– Bill Callahan.

Compañero de músicos colosales de la profundidad, la enjundia y la modestia de Damien Jurado o ese Bonnie Prince Billy que acaba de publicar otra joya titulada We Are Togheter Again, Callahan cuenta con una voz majestuosa e imperial de barítono, que, como escribió Walt Withman y reescribió Dylan, es capaz de contener multitudes. De su ciclópeo pecho sale un timbre que se conecta con su cerebro para cuestionarse y celebrar, como hacía el poeta, la complejidad, inmensidad y contradicciones del ser humano.

Callahan, desde su podio de autor semidesconocido y de culto, es ya uno de los creadores mastodónticos de la música popular de su país en las tres últimas décadas. Un auténtico tótem de la canción de autor alejado de las listas conscientemente, ya que le conocimos escondido bajo el alias de Smog en los 90, y viaja con su propio nombre desde 2007. Autor de clásicos como Dream River (2013) o ese Sometimes I Wish We Were And Eagle (2009) que incluía esa joya llamada Too Many Birds ,versionada por nuestro Rüdiger, acaba de publicar My Days of 58.

8º álbum como Callahan, sus 12 canciones revelan unas profundidades expresivas interpretativas y compositivas asombrosas, en parte por el método elegido para su grabación, a la búsqueda de la traslación de la energía del directo. Al grupo que le acompañó en la gira de presentación de YTILAER, con apariciones estelares del guitarrista Matt Kinsey, el saxofonista Dustin Laurenzi y el batería Jim White, le fue sumando la participación de violinistas, bajistas, pianistas y un trombonista con una ética de trabajo basada en “la improvisación, la imprevisibilidad y lo desconocido”, con espacio para la espontaneidad y el error. El resultado es tan sobrio como estremecedor.