Pionera del pop en los 60, la septuagenaria Jeanette está protagonizando una gira que conmemora su medio siglo de trayectoria repasando himnos como Por qué te vas?, Cállate niña, Frente a frente o Soy rebelde. Hoy recala en Bilbao, en Euskalduna, a las 19.00 horas y con entradas a partir de 56 euros. “El aplauso te da vida si eres realmente artista. Estoy eufórica con esta gira”, asegura.
Actuó en Aste Nagusia 2024 con Juan Bau y prometió volver pronto.
En La Pérgola también canté antes con Lorenzo Santamaría y Micky, pero el concierto actual no tiene nada que ver. Es una pasada, como el otro día el del Palau Sant Jordi. Voy con 14 técnicos más los músicos, que son seis. Hay canciones que se repiten, pero esto es como la Champions. Hay mejores condiciones y el show está muy trabajado. Llevo medio año preparando la gira, que durará tres años.
¿Hay nuevos arreglos de las canciones clásicas?
No va a perder la esencia de mi música, pero sí se han actualizado un poco. Y yo canto exactamente igual. Mi voz es la que es y punto.
Una gira que conmemora 50 años. Toda una vida.
Demasiado, sí. Es que empecé con 16 años, siendo una niña que iba al Colegio Americano de Barcelona. Empecé con Pic–Nic, un grupo de muchachos que tocaban en el sótano de una farmacia. Iba con ellos tras las clases y terminé siendo la voz del grupo, viéndome en un estudio de grabación de Hispavox en Madrid y con un número 1: Cállate niña. No hablaba muy bien español por entonces, así que la letra original la hice en inglés.
Era una versión de Joan Baez.
Sí, de Hush little baby. Siempre quise hacerla, incluso antes de empezar a cantar. Le cambié la letra, y todo. Habla de una niña a la que se le muere la mamá (risas). Hay gente que me dice que mis canciones son muy tristes, pero yo no lo soy, para nada (risas). Es solo una casualidad, no reflejan nada mi estado de ánimo.
De joven miraba al folk de los 60 de Estados Unidos.
Venía de vivir en Los Ángeles. Mi manera de ver la música era muy diferente aunque aquí ya había grupos como Fórmula V, Los Bravos, Los Brincos, Los Diablos… Esa diferencia provocó nuestro éxito, nos vieron diferentes, algo nuevo y especial. Siempre hay que ser original e imaginativo.
¿Le costó adaptarse a la España de la dictadura?
“Tampoco he grabado tantos discos, apenas una docena, pero con canciones muy buenas y con grandes compositores detrás”
Estaba Franco, sí, pero no solo era algo político. Me costó adaptarme a la vida europea. Venía de una ciudad enorme de calles anchas y vivía en una casa; aquí había aceras estrechas y se vivía en pisos, algo que yo desconocía (risas). Allí teníamos tres coches enormes… y aquí estaba el 600. Recuerdo, a mis 12 años, ver un burro en Barcelona, donde vivíamos, como un shock. Y eso que era una ciudad cosmopolita y turística. Me costó mucho acostumbrarme a mi nueva vida, quería volver. Además, entonces no había hamburguesas y perritos calientes (risas). Me ayudó estudiar en un colegio americano, con nacionalidades varias.
¿Cómo fue pasar del grupo a cantar en solitario?
Mi madre me dijo que debía dejar la música y acabar los estudios. Que después, ya mayor de edad, decidiera qué hacer. Estuve sin cantar desde los 17 años a los 21. Y me casé a los 18. Volví porque me llamaron de Hispavox y empecé sola con Soy rebelde.
Pasó del folk americano a mirar a Europa y Francia, a Françoise Hardy y Jane Birkin.
Claro, me miré en ese rollo afrancesado porque mi voz es así, con ese toque melancólico. Pasé a la balada más europea. Y ahí ya no componía yo, sino Manuel Alejandro, que estaba casi empezando con Raphael y me cedió Soy rebelde, y José Luis Perales. Él todavía no cantaba y su primera canción me la pasó a mí. Compuso Por qué te vas? delante de la chimenea pensando en mí cuando yo ya era número 1. Después empezó a cantar él sus propias canciones a instancias de Trabuchelli.
¿Es cierto que no le gustó ‘Soy rebelde’?
Sí, era un tipo diferente a lo anterior, así que tuve que adaptarme. Toda mi vida ha sido de adaptarme a las cosas que surgían. Incluso ahora, que acabo de grabar dos canciones nuevas. Las he grabado con el rollo de ahora, de manera más moderna.
“No hace falta gritar para que se te escuche”, defiende.
Eso sonará en el concierto. Es una gran verdad. Respeto mucho a las grandes voces, a Celine Dion, Barbra Streisand o Mariah Carey. Ponen la piel de gallina, pero hay otras como Françoise Hardy, Charlotte Gainsbourg, Vanessa Paradise o Jane Birkin que me encantan, tienen algo. Mi voz es suave y dulce, y me veo en ellas. Otra cosa es la de Dylan, por ejemplo. Canta mal y hay otra gente, como James Taylor, que tampoco tienen voces maravillosas, pero saben contar y comunicar. Y otras gritonas, como Steven Tyler (Aerosmith), que son impresionantes. Lo importante es el carisma, da igual el estilo. A mí, en concursos como OT o La Voz, me hubieran dado la patada el primer día (risas). Tienen voces maravillosas, pero falta el talento y las canciones. Ellos hacen versiones y luego solo han triunfado algunos, como Adele. No veo concursos.
‘Frente a frente’ es otros de sus clásicos. ¿Qué ve cuando se pone frente al espejo?
Que he tenido mucha suerte. Tampoco he grabado tantos discos, apenas una docena, pero con canciones muy buenas y con grandes compositores detrás. Y esos temas siguen vivos y se hacen versiones de ellos.
¿Cuántos discos habrá vendido?
Ni idea, pero tengo varios Discos de Oro. Son muchos, se dice que unos 50 millones en todo el mundo.
Y sigue vigente. Supera los seis millones de oyentes al mes en Spotify.
“Toda mi vida ha sido de adaptarme a las cosas que surgían. Incluso ahora, que acabo de grabar dos canciones nuevas”
(Risas). Está muy bien, demuestra algo, que sigo vigente y me quieren mucho. Otros compañeros de mi época no tienen tanta suerte y otros se han quedado en el camino. Y ahora lleno teatros con todo tipo de público: gente joven, de mi edad, de edad mediana, familias con tres generaciones…
Se ha convertido en un modelo ‘indie’.
A pesar de los años tengo un look muy mío alejado del de la señora clásica, medio hippy chic. Tengo rollito, un rollo muy diferente.
Las versiones de sus canciones le han ayudado. De Albert Pla a Bunbury, Selena Gómez...
La última, Laura Pausini (risas). No sé cuál es el secreto pero Por qué te vas? es un éxito en todo el mundo, no solo en América Latina y países de Europa. La cantaba hasta Carla Bruni, que canta como yo aunque mi voz es más dulce; la suya es más grave y nasal, aunque bonita y original.
¿Qué queda de la Jeanette de 16 años ahora?
Los ojos siguen iguales (risas). No, en serio, no he cambiado tanto, sigo igual. Tengo el mismo rollo y las mismas ideas. Y físicamente me siguen reconociendo en el autobús aunque lleve gafas.
¿Alguien como usted puede vivir sin el aplauso?
Ningún artista puede, por eso estamos en el escenario hasta que no podemos más o morimos. Si eres realmente artista, el aplauso te da vida. Tras el último concierto de Barcelona estoy eufórica, soy la persona más feliz del mundo. Me estoy dando cuenta de lo mucho que me quieren.
¿Versionará a Nancy Sinatra en Bilbao?
No te voy a contar nada, tendrán que ir a Euskalduna (risas).These boots are made for walkin’ sí la cantaré, claro. Es muy buena, tremenda, un medio tiempo parecido a Por qué te vas? Además, la canto muy bien (risas).