El catalán Dani Carbonell es el instigador y líder absoluto de esa herramienta musical, humanista, ecologista y concienciada que responde al nombre de Macaco y que hace pensar y bailar, mayoritariamente a ritmo de reggae, desde hace más de dos décadas y media. Su último disco, Futuro ancestral (Mundo Zurdo), se presentará este jueves en el Kafe Antzokia de Bilbao, desde las 21.30 horas y con entradas a 30 euros.

“¿Por qué callar si nacimos gritando? Cantar embriaga, es medicina y cura”, asegura Carbonell en esta entrevista para DEIA, en la que apuesta por la fe y la utopía. “Si no nos lo creemos, nunca lo lograremos”, apostilla el catalán, que defiende el canto compartido. “El de nuestros ancestros era coral, no individual. El coro es democrático, nunca desafina, sino que nos empodera, nos une y produce endorfinas. La voz coral es nuestro futuro ancestral”, explica.

Llega con disco nuevo cuatro años después de ‘Vuélame el corazón’. Parece que fue ayer.

-No sé si han sido cuatro años, pero vuela el corazón y vuela el tiempo. Entre medio, muchas cosas: giras, conciertos, viajes a Latinoamérica, cambios, la vida, otros proyectos…

Entre ambos, editó una canción sobre el alzheimer que sufre su madre. Pocas cosas hay más dolorosas.

-Es una enfermedad muy dura para la persona que lo padece, y para las que la rodean y lo padecen de forma indirecta. Por eso hay que darle lavisibilidad que merece y es importante saber la conexión del intestino con el cerebro, lo que cada vez más lo remarcan los neurólogos. La microbiota es muy importante, así como estar en comunidad y compartir para prevenir esta enfermedad, hacer ejercicio, reforzar la musculación... Es vital entender que esa persona sigue ahí y hay una memoria selectiva.

De eso trata la canción, además.

-Exacto. La compuse para mi madre, que olvidaba lo que le decías a los diez segundos. Un día empecé a cantar y ella seguía cada canción. Definitivamente, hay unos cajones de memoria que unen el corazón con las emociones y los sentimientos.

El disco tiene un sonido muy orgánico, muy de madera y piel.

-Sí, orgánico, de raíz... Es algo que siempre he defendido. Este tipo de música no deja de emocionarme y al final creo que estamos conectados, que somos semillas repartidas por el mundo. Podría decir que las músicas de raíz son las de mi tierra, como la rumba catalana, pero también hay muchas músicas adoptadas dentro de mí gracias a gente con la que me rodeo y con la que he crecido de Latinoamérica, África o del sur de Europa, que me nutren cada día y le dan un sentido a la chacarera, la cumbia, el boogaloo, el afrobeat... Eso da unidad al disco y le aporta esa homogeneidad.

Apuesta por lo natural, imagino que su bici no es eléctrica, con motor.

-Me gusta ir en bici y las tengo con marchas y eléctrica.

En la portada se ve el cielo y está saltando. Es algo recurrente en sus discos. ¿Es consciente de ello, lo ha tratado con un psicólogo (jaja)?

-Es de las mejores preguntas que he recibido nunca, muchísimas gracias. Soy amante de las preguntas y de la reflexión que algunas como esta te incitan a hacer. El cielo de la portada es de Cadaqués, que aparece también en el disco Puerto Presente, en el norte de Cataluña, donde está el Faro del Fin del Mundo. La verdad es que nunca lo había pensado, pero me encanta este paralelismo y podría servir como lienzo de mi música. Gracias por ver más allá.

El título del nuevo disco es un oxímoron. ¿Hay que mirar hacia atrás para sobrevivir en el futuro?

-Por supuesto, es ese oxímoron y esa paradoja, no sé si para sobrevivir, pero en el momento en el que estamos todo es cíclico, para lo bueno y lo malo. Los seres humanos ahora tenemos una memoria muy corta, por eso hay que alzar la voz contra ciertas tendencias que causan dolor a la humanidad y de una forma u otra nos van a afectar y no podemos escapar. Está el individualismo extremo, la inteligencia artificial... Quien no lo quiera ver, es simplemente ciego. Yo simplemente apuesto por un futuro más orgánico.

La canción que lo titula me recuerda algo a Drexler y a su ‘Bailar en la cueva’.

-Puede ser, yo canté con Jorge, es alguien a quien admiro por su manera de escribir. La historia, la ciencia... están llenas de poesía, cada una con su lenguaje. Yo no busco jeroglíficos, sino que juego dentro de una aparente sencillez.

Le da la vuelta a la frase “si no lo veo, no lo creo”. ¿Si no creemos no lograremos nada?

-Totalmente, si no lo creemos, nunca lo lograremos. Creo que hay muchas cosas del mundo espiritual que me gusta comparar con la ciencia. Además, hay que imaginarse las cosas y soñarlas. Creo que pasan cuando estás en movimiento (no siempre pasan todas) y hay que tener presente el imaginario colectivo. Saliendo a la calle a catar y cazar esas metáforas es como se aprende, y es un trabajo mecánico que hay que hacer cada día. Hay que imaginar las cosas, sobre todo desde la emoción, moverlas y visualizarlas. Eso te ayudará a que las cosas pasen. Hay que ser sentipensante, como decía Galiano.

Seguro que le tildarán de utópico al defender que el secreto está en soñar y creer que todo es posible.

-Siempre habrá haters y detractores; intentar gustar a todo el mundo es la base del fracaso. Primero me intento gustar a mí mismo dentro de mis incoherencias, intento mirarme en mi espejo interior y a partir de ahí corregir mis errores, que todos tenemos como seres humanos. En nuestro mundo de los sueños hay que construirse una escalerita y moverse. Me considero una persona soñadora y trabajadora

Te puede interesar:

La ira, la culpa, el miedo… Reduce a tres los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

-Ya, son cuatro, pero en psicología se usan mucho tres: la ira, la culpa y el miedo, y quise jugar con estos conceptos dentro de mi speech o slam poetry, esa parte narrada en la canción Atreverse es vivir.

“Somos millones de latidos en un solo corazón”, canta. ¿Compartir y conectar es sinónimo de felicidad?

-¡Cien por cien! La felicidad –y para ello suelo referenciar la película Hacia rutas salvajes– si no es compartida no es completa; siempre tiene que haber un emisor y un receptor. Hay gente que tiene tendencia a la soledad o a tener esos momentos muy suyos, y por contraposición, otra que necesita estar siempre acompañado, pero creo que el ser humano pertenece a la tribu y es difícil escapar de ella. Además que compartir en todos los sentidos te hace verte desde más ángulos, crecer, sonreír… Es algo muy autocrítico. No sé si acompañado llegas más lejos, pero desde luego llegas mejor.

Su estilo troncal sigue siendo el reggae, pero contaminado con algo de rap/sponken world, ritmos herederos de África y Latinoamérica, la rumba…

-El reggae me ha acompañado toda la vida. Para mí, es una rumba catalana ralentizada (risas). Pero lo que más me interesa es la visión de la gente y lo que transmite la música, no que se pongan a analizar cada nota. En este disco priman más esas músicas de raíz que vertebran el sentido y la unidad del disco.

Mezcla a Lola Flores con Fela Kuti. !Toma ya! Y mete en la ecuación a Kae Tempest. Pasó por Bilbao hace unas semanas y fue tremendo.

-Muchísimas gracias por fijarte en cosas que otros periodistas quizá no perciben. Efectivamente, Lola Flores es una de las inventoras del rap o llámale “palabra rimada”. Al final, es algo que siempre ha estado ahí y que está presente en otros géneros como el flamenco. ¡Ella en sus vídeos en los 50 aparece rapeando y rimando! Kae Tempest igual, y yo amo las rimas que tienen un componente político–social, y no hablo de partidos.

¿Seguro que en tiempos como los actuales no existen los otros, solo nosotros? Lo digo por Trump, el ICE, Palestina, Ucrania, la crisis de la vivienda… Además, también canta “no estamos en el mismo barco, amigo, estamos en el mismo mar”.

-Esta frase tiene varias lecturas, me encanta tu reflexión. Lo que vengo a decir es que todo afecta a todos porque todos estamos conectados. Este diminuto Planeta Azul es el que nos sostiene, pero la balanza está súper desequilibrada: unos se benefician y otros son esclavos del capitalismo extremo al que estamos enganchados de una manera u otra; y desde un lugar u otro. Algunos realmente están muy jodidos, pero creo que podemos estarlo más todavía. Esto es un dominó, y la caída de una ficha desencadena la caída del resto. De nuevo, no estamos en el mismo barco, y Sube el nivel del mal, que diría que es la canción más sencilla o con la letra más fácil que he compuesto, está llena de metáforas, poesías y es la continuación, directa o indirecta, de otras como Blue u Ovejas Negras.

El nivel del mal siempre ha estado alto, pero sube y sube cada día ¿Acabaremos ahogados en este océano embravecido?

-A mí me gusta ser positivo, pero realista también. Siento que habrá un momento en el que se romperá una piececita en el clima, en el medio ambiente, que no implicará el fin de la humanidad, pero sí supondrá un nuevo renacer o una nueva conciencia.

¿Nuestra salvación pasa por cantar más y hacerlo juntos? Y, de paso, pensar.

-El coro eres tú, empieza con dos y está muy presente en Futuro Ancestral y en todos los proyectos en los que estoy; para mí es una parte fundamental. Es la parte sonora más fuerte de un colectivo. Viene una sorpresa de cara a septiembre de la que de momento no puedo desvelar nada, pero seguro que tendrá coro.

Se muestra muy crítico en canciones como ‘Pasaste tú’ y ‘No encajo’. ¿Se siente la oveja negra? Lo de cantar y callarse no va con usted ¿verdad?

-¿Por qué callar si nacimos gritando? No sé cuál es la salvación, pero cantar embriaga, es medicina y cura. Todo se basa en compartir y repartir, y hacerlo juntos es más poderoso. Cuando cantas en un concierto se crea un diálogo abstracto poderosísimo.

Al mismo tiempo defiende la risa, el sentido del humor como analgésico al reivindicar a Groucho Marx, Monty Python o Andreu Buenafuente.

-Sí, en un momento muy duro de mi vida los cómicos, al igual que los músicos y el mar, han sido mi medicina. Una amiga mía decía que una buena llorera o carcajada es como 100 horas de meditación, y es algo en lo que creo firmemente. Soy un apasionado de Groucho, de los Python y Andreu, y de su crítica social e ironía. 

Hábleme de sus directos en 2026. Siempre ha defendido que son tanto conciertos como fiestas.

-He tenido diferentes directos. En la gira previa fue todo muy teatral, pero cambia según el contexto. Lo que sé es que tengo conmigo a algunos de los mejores músicos del mundo: bailarines, percusionistas, bailarines, raperas… Los directos son fiesta, pero también hay momentos de calma, para reflexionar. Lo que me interesa es que sean dinámicos y no algo plano donde la gente pueda dejar de estar enfocada en aquello que están viviendo en ese instante.