Locos por la música
La promotora Last Tour, símbolo del formidable éxito que gobierna el Azkena Rock y el BBK Live, contrasta con la historia de ilusión y subsistencia de The Art of Müsik, si bien ambos proyectos parten desde una misma pasión
UN dos... un, dos, tres, cuatro! Las grandes y pequeñas canciones, las bandas legendarias y las reuniones de amigos que pretenden ser músicos como Limbo Luso, las productoras fértiles, exuberantes incluso, y las que arrancan con la ilusión de llegar a fin de mes, comparten inicios, un mismo punto de partida. "Lo que hace que te metas en este mundillo es la afición por la música. Es el inicio de todo", cita Ibai Villapún, responsable de prensa de Last Tour, la promotora que gestiona el embrionario Azkena Rock que suena durante este fin de semana y el gigante BBK Live, dos festivales icónicos, además de otras propuestas importantes. La de Last Tour es la historia de un festejo, de un proyecto que nació hace más de una década y que en la actualidad es una sólida empresa que tiene a 27 personas en nómina y es capaz de atraer a algunas de las mejores bandas del panorama musical. Según Emprendedores, la promotora factura entre 15 y 18 millones de euros anuales.
"Cuando se empieza en esto no se piensa en conseguir algo así", indica Ibai, al que le humea el móvil. Es lo que toca frente al estallido musical del verano, terreno cultivado por los festivales y las actuaciones en directo. "La gente que se necesita para que todo funcione se dispara en estas fechas", describe. No lejos de donde habla Ibai sobre el estimulante verano que viene, -el BBK Live ha colgado el cartel de No hay billetes (120.000 entradas vendidas para tres días)- a apenas un centenar de metros, la realidad es otra, muy distinta. A un viaje lunar del sistema solar en el que se encuentra el planeta Last Tour, se sienta Raúl Martínez, uno de los tres socios que hace apenas un año fundaron The Art of Müsik, la pequeña aventura que trata de abrir una espita en el negocio musical. Aunque juegan en distintas ligas, hablan el mismo idioma. "Estamos en esto porque nos apasiona la música". De momento, se trata de llegar a fin de mes. "En ocasiones no somos ni mileuristas, pero nos gusta lo que hacemos", diserta Raúl.
Los primeros pasos de Last Tour, o su gateo, más bien, tuvo que ver con "la afición por la música, la compra de música y con el hecho de encontrar un hueco para la programación de sus fundadores", rememora Ibai sobre los pioneros que dieron forma a la promotora. Apenas despertado el nuevo milenio, bajo techo, en la mítica sala Azkena de Gasteiz, lanzaron la moneda al aire. "Fue la piedra de toque". Salió cara. "Antes de la primera edición, los que iniciaron esta aventura habían organizado conciertos en distintas salas". Bautizados como Last Tour, en 2003 perfilaron el primer festival con un patronaje similar al actual. En aquellos tiempos, la falta de experiencia en un sector balbuceante se "suplía con ilusión y ganas", remarca Ibai. Descapotaron la idea y la llevaron al aire libre. El motor estaba encendido.
los duros comienzos El rodaje, empero, no fue con la suavidad del motor de un Rolls-Royce. Hubo baches y traqueteo, The long and winding road, que cantaban los Beatles, antes del gran despegue. "Los primeros años resultaron un poco traumáticos", reconoce Ibai. El mal tiempo, imponderable lejos del alcance de cualquier organización, a punto estuvo de tumbar la segunda edición del Azkena Rock, salvado in extremis con una reubicación, y en 2005 el Summer Festival de Santander emitía señales más que preocupantes. "En las primeras semanas apenas se vendían entradas a pesar del cartel. Afortunadamente, el tirón final en taquillas fue brutal", recuerda Ibai sobre un negocio donde el riesgo siempre está presente. "Los gastos son fijos, no se puede escatimar en seguridad, seguros y otros muchos conceptos, pero no sabes si podrás cubrirlos con los ingresos hasta que se conoce la respuesta del público. A las personas que trabajan y a las bandas tienes que pagarles lo mismo, el caché establecido, independientemente de que toquen delante de cuarenta o de diez mil personas".
Conviene, por lo tanto, hilar fino en un negocio sinuoso, resbaladizo y volátil como el de la música. La ley de la oferta y la demanda concreta, más que en ningún otro escenario, las victorias, los empates y las derrotas. Más si cabe en un contexto de crisis y con el IVA disparado al 21% a efectos culturales. "Es cierto que la crisis quizás se ha notado más en conciertos de salas durante el resto del año y que los festivales se han mantenido de una manera más fuerte. Pero el público ahora se piensa mucho más a qué festival acudir", desgranan desde Last Tour. En ese campo de juego, la experiencia acumulada reduce riesgos o al menos trata de minimizarlos. "Puedes intuir qué puede funcionar o que no, pero nadie te lo garantiza" desglosa Ibai, que repasa algunos de los cabezas de cartel, -Last Tour tiene acceso a una agenda con los mejores artistas y bandas mundiales- que han presentado durante las distintas ediciones de sus festivales para ilustrar el pensamiento. "Es curioso, en otras ediciones del BBK Live tal vez había nombres más potentes, pero en esta edición se ha colgado el sold out", reflexiona Ibai, convencido de que los festivales de música se han convertido en un fenómeno sociológico."Son un acto social en el que hay que estar. Para muchos la música es la excusa. Evidentemente, para nosotros no".
toneladas de ilusión Tampoco para The Art of Müsik, donde prevalece lo musical. Es su razón de ser. Alejado del modelo de la organización de conciertos, la pequeña empresa se ocupa principalmente de producir a cantantes (grabación, edición y vídeo) y apoyar la puesta de largo de bandas en las que creen. Un terreno que Raúl reconoce pantanoso. "Este es un mundillo muy complicado, con mucha pose y fachada. Hay que ir con pies de plomo". Noveles en el negocio musical puro y duro, -"que no se sabe muy bien hacia dónde va", apostilla Raúl-, aunque con bagaje en distintas ramificaciones del mismo, la prioridad para ellos es darse a conocer. Aunque no a cualquier precio."No va con nosotros", subraya Raúl. La idea es lograr "una marca de calidad, que sea reconocida por los artistas para que quieran trabajar con nosotros. Es nuestra forma de funcionar".
Para alcanzar ese reto, la receta pasa por "trabajar como las hormiguitas" y al mismo tiempo reinvertir en el negocio dedicándole "muchas horas". A falta de mayor estructura, -"en realidad necesitaríamos más gente pero no tendríamos como pagarles", asume Raúl- cuentan con toneladas de ilusión, el combustible que alimenta un viaje que se perfila a cada paso. Si bien el nudo gordiano se centra en el estudio de grabación y los servicios musicales que ofrecen, cabe de todo en las alforjas para continuar empastando el futuro y seguir tirando. "Hemos montado fiestas para singles con una banda en directo y también estamos dispuestos a ofrecer nuestros servicios musicales para eventos o bodas. Es un mercado que está ahí y que hay que aprovechar", exponen desde la productora.
"Cada uno mira por su negocio", expresa Raúl y el negocio no está en la venta de discos, sino en la música en directo y en otros modelos de explotación para "ver música". "La industria discográfica clásica está en horas bajas, apenas se compran discos, pero la gente quiere ver actuaciones". En The Art of Müsik no piensan en festivales, principal fuente de negocio de Last Tour, "eso son palabras mayores, otra división. Lo nuestro es muy pequeñito y no va por esa línea", recalca Raúl. Su concepto es distinto. La productora, que extiende sus propuestas principalmente a través de las redes sociales, grabará actuaciones de estudio con artistas que apoyan y que después serán emitidas vía internet. Todo por la música. Punto de unión de estos locos maravillosos.