MADRID
sUS manos temblaban ya desde hace tiempo y no veía bien, pero Antoni Tàpies, uno de los mayores exponentes del arte abstracto europeo, pintó hasta el final. Pero Tàpies, pese a su delicado estado de salud, seguía dedicado al arte, ese en el que marcó hitos, por ejemplo, pintando un ano defecando. Nacido en Barcelona el 13 de diciembre de 1923, comenzó a estudiar Derecho, como su padre, pero acabó abandonando la carrera para dedicarse al arte. La culpa la tuvo una enfermedad pulmonar. Fue durante la convalecencia cuando comenzó a tantear el dibujo y la pintura. Y después ya no pudo dejarlo. Como autodidacta, sus primeros dibujos y acuarelas resultaban más bien convencionales. Pero a partir de los años cincuenta, su obra comenzó a surgir como una propuesta muy personal con la que se dio a conocer también a escala internacional. En sus inicios y gracias a una beca del gobierno francés que en 1950 le permitió abandonar algún tiempo la España franquista, Tàpies conoció a artistas como Joan Miró o Pablo Picasso, que inspiraron su propia obra. Con Salvador Dalí y otros surrealistas, sin embargo, siempre mantuvo una agria polémica.
"La mayoría de ellos sigue pintando como unos escolares o menos que los académicos", llegó a afirmar. Pasado el tiempo veía con cierto distanciamiento su propia etapa surrealista y dadaísta, en la que junto con otros artistas y escritores, como su amigo el poeta Joan Brosa, fundó la revista Dau al Set. Tras la II Guerra Mundial, Tàpies desarrolló como otros artistas de la época una sensibilidad mayor que expresó mediante la experimentación, un interés por la materia y la utilización de materiales ajenos al arte de entonces, como tierra, polvo de mármol y cola. "Cuando yo empecé, recuerdo que me fui a la cocina de mi casa y cogí una tierra que tenían para pulir las cacerolas y la mezclé con una goma que se llamaba sinteticón", contó en una ocasión. Por su oposición a Franco fue arrestado en 1966. "Yo pensaba que lo mío era una función social que tenía como artista", relató. Su protesta contra la dictadura quedó plasmada en una serie de grabados que tituló Suite Catalana. Su estado de salud se fue deteriorando y eso se notó en sus obras que reflejaron una reflexión sobre el dolor, tanto el físico como el espiritual. Pero pese a su fama y a una obra que supera las 8.000 piezas, Tàpies solía considerarse "un simple aficionado".