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EL pintor Juan Berrozpe (Donostia, 1968), vuelve a exponer paisajes urbanos nocturnos, interiores de comercios y algunos repertorios zoomorfos de canes en el Comercio Emylis Nook del barrio donostiarra de Gros. Y su pintura sigue poco a poco consolidándose tanto en sus repertorios formales como ideológicos. La presencia del azul cielo en buena parte de sus paisajes, los amplios brochazos en algunas superficies del lienzo y una pincelada cada vez más libre y más suelta siguen atrapando las luces nocturnas de ciudades y puertos como San Sebastián, Astigarraga, Pasajes, Berlín, y Brooklyn. Arquitecturas, calles, coches, barcos y personas, trazadas en negros y ocres e iluminadas por las luces nocturnas de neones, pilotos o naturales del alba configuran unos repertorios que también han sido desarrollados en el foco vizcaino por Iñaki Bilbao, o en el panorama estatal por otros pintores.

Pero Berrozpe insiste en la oscuridad de la ciudad, sus calles, sus coches y sus arquitecturas, sus espacios vacíos y casi la nada en muchos de ellos, para mostrar la soledad, la fuerza, el misterio, y la belleza de la noche y de los espacios urbanos. Se apagan las luces naturales pero se encienden los fuegos de la ciudad demoníaca y casi borrada.

Y es entonces cuando el pintor plasma esas estampas maduras de Día tranquilo y Llegando a casa, con los coches en el callejón, o el mundo urbano de arquitecturas y calles con coches rodando, en perfiles negros y rabiosas luces azules. O ese potente Astigarraga en azules, o ese Gran nocturno, en el que derrocha la magia de la noche. Interesantes resultan también sus paisajes del Puerto de Pasajes, con buques y barcos anclados en el perfil de la noche o el alba. Y también sus técnicas mixtas aplicadas sobre papel, a captar escaleras con personas de ciudades como Berlín y Brooklin, y que resultan obras más personalizadas.

Sus temas caninos, más cercanos a la soledad y el grito de Bacón están cargados de rabia y de fiereza, llenos de agresividad y de fuerza, y están también muy bien resueltos. Pierde intensidad alguno de sus interiores de comercios, que pese a su valor, queda algo desdibujado.