Londres
Paul Gauguin (1848-1903) ha sido acusado de racista, colonialista y pedófilo, entre otros adjetivos poco halagadores. Ahora, una exposición exhaustiva organizada por la Tate Modern de Londres quiere demostrar que aunque este post-impresionista no era perfecto como persona, esa imagen negra que ha llegado hasta nuestros días y que tanto rechazo ha generado entre mucha gente, se debe a "su tendencia a la creación de mitos tanto en su obra como en la representación de sí mismo", cuenta la comisaria Belinda Thomson. La muestra, que podrá verse hasta el próximo 16 de enero, ha sido calificada por los críticos británicos como la exposición del año y ya ha batido récords de venta anticipada de entradas.
distintas facetas del artista La primera sala de la galería está dedicada a sus autorretratos. En cada uno de ellos se representó de una manera diferente para ofrecer al mundo la imagen pública que le interesaba con el fin de alcanzar la fama. En uno se autorretrata, por ejemplo, con el vestuario de un artista bohemio cuando en realidad en ese momento trabajaba como corredor de bolsa en París y pintaba por mero placer. Gauguin era "un incorregible manipulador de la verdad", cuenta Thomson. Y es que ya desde el principio empezó a crear el mito sobre él y en la mente de todos se ha quedado la imagen del bohemio romántico que huyó de la civilización europea.
Aunque "sus imágenes revolucionarias de mujeres desnudas en Tahití es lo que atrajo la atención del público", según Thomson, y se han convertido en unas de las más reconocibles y reproducidas de la Historia del Arte, no se instaló en la Polinesia francesa hasta el final de su vida en 1891. Ya entonces había acabado la que para algunos expertos es una de sus obras más extraordinarias -La pérdida de la virginidad-, en el que en este caso Gauguin se retrata como un zorro que desafía al observador con su mirada, mientras una de sus patas se apoya en el pecho de la protagonista desnuda tumbada en un cerro de la Bretaña, la región en la que se refugió cuando París empezó a resultarle demasiado caro para sobrevivir como artista.
La exposición Gauguin: creador del mito reúne obras de museos y colecciones privadas de todo el mundo, que muestran sus habilidades no sólo como pintor, sino como escultor, ceramista o escritor. Algunos de ellos se han colgado juntos por primera vez, como es el caso de cuatro obras de temática religiosa, un hecho del que la conservadora Belinda Thomson está especialmente orgullosa. Y es que otro de los mitos que Gauguin creó de sí mismo es que era un ateo inmoral. Sin embargo, estaba fascinado por el estudio de las religiones y su iconografía le sirvió de inspiración a lo largo de su carrera. Eso sí, su egocentrismo le llevó a autorretratarse como un Jesucristo martirizado cuando consideró que la crítica no le apreciaba como se merecía.
Gauguin viajó a Tahití con la intención de estudiar las costumbres y los paisajes del país. Esperaba sumergirse en una cultura pagana y en un Edén tropical, pero quedó decepcionado porque se encontró con que los misioneros habían convertido a los indígenas al cristianismo durante más de un siglo y Tahití se había occidentalizado. Aún así en sus cuadros intentó reconstruir la cultura y el paraíso perdidos que amasó en su imaginación. Tampoco dejó de ser un provocador hasta el final: dos años antes de su muerte, enfermo de sífilis, se mudó a Hiva-Oa en las islas Marquesas donde no sólo batalló hasta el final para no pagar impuestos a las autoridades coloniales francesas sino que esculpió la frase "Casa del Placer" sobre su casa para retar a sus vecinos, incluido el obispo católico.
Casi todo lo que hizo en vida llevó a que se especulase sobre él y generó en muchos un rechazo a su persona, lo que llevó a que a pesar de su genialidad se haya apreciado más, por ejemplo, la obra de Van Gogh. Es por eso que, según sus defensores, la exposición de la Tate es la primera dedicada a él en el Reino Unido en medio siglo, mientras que se han montado a lo largo de los años muchas sobre Van Gogh o Picasso. Gauguin murió muy lejos de su Francia natal en 1903 dejando una mujer, cinco hijos legítimos y un puñado de amantes con las que tuvo también descendencia, pero más allá de los espinosos episodios de su vida, sus admiradores desean que se reconozca la genialidad de su obra y el impacto que supuso para los artistas del siglo XX.