Bartoli desbanca a Madonna
La historia tabú de los "castrati", cantada por Cecilia Bartoli, ha logrado poner la música clásica de moda y "empujar" en el "top" a Madonna.
En el Top 20, en la lista general de los más vendidos, la mezzosoprano Claudia Bartoli, que lleva cuatro semanas seguidas en ella, ha colocado su Sacrificium en el lugar 19; el disco 111. The Classic Tracks, en su primera semana en la lista, ha entrado en el octavo lugar entre los recopilatorios; y el DVD Cenerentola de Flórez, también en su primera semana, en el número 20 de las películas.
El Sacrificium (Decca) de Bartoli se situó la misma semana de su lanzamiento, el pasado 6 de octubre, entre los diez álbumes más vendidos y en el quinto puesto de descargas de iTunes, algo que sólo había conseguido hasta ahora en toda la historia de la música clásica Luciano Pavarotti.
El álbum, grabado en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid, junto a Il Giardino Armonico y Giovanni Antonini, incluye once primeras grabaciones mundiales y algunas de las arias más bellas de la época, la música "más difícil" que la mezzo ha cantado nunca.
En el libro que acompaña el disco, que incluye un diccionario ilustrado con fotografías y dibujos, Bartoli, que ya investigó sobre la vida de María Malibrán para rendirle su personal homenaje, descubre la macabra y fascinante historia de los cientos de miles de niños castrados en Italia, entre mediados del siglo XVI y hasta comienzos del XX, en la búsqueda de "extraordinarios cantantes".
La Malibrán comenzó su carrera precisamente en el momento en el que se desinflaba la moda de los castrati, niños que eran emasculados para que su nuez no se desarrollara y pudieran llegar así a los registros agudos de las mujeres, que tenían prohibido cantar en público en países como Italia.
En Nápoles, principal "factoría" de castrati del siglo XVII, entre 3.000 y 4.000 niños procedentes de familias muy pobres eran castrados al año pero sólo uno o dos hacían carrera y para el resto ese sacrificio "en nombre de la música" era doblemente estéril porque ni "valían" para cantar, ni podían formar familia ni trabajar en muchos oficios. En el mejor de los casos acababan en coros, y en el peor en la prostitución, tratados como fenómenos de feria, o se suicidaban, relata Bartoli en su trabajo.
Los castrati, que dominaron la escena teatral en la mayor parte de Europa a partir de mediados del siglo XVII, revelaron dotes y registros vocales únicos y magistrales que, junto al raro erotismo de su ambigüedad sexual, hechizaron a una parte de la sociedad que convirtió a algunos, como Farinelli o Cafarelli - "con una voz que ninguna mujer era capaz de imitar"- en auténticas estrellas.
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