4ª ETAPA
AMURRIO-ARRATE
1º Samuel Sánchez (Euskaltel)4h42:37
2º Andreas Klöden (RadioShack)m.t.
3º A. Vinokourov (Astana)m.t.
GENERAL
1º Joaquim Rodríguez (Katusha)17h12:46
2º Andreas Klöden (RadioShack)m.t.
3º Samuel Sánchez (Euskaltel)m.t.
La etapa de hoy, 5ª: Eibar-Zalla, 179 kms. ETB-1, 15:30 horas.
Arrate. La primera Subida a Arrate se celebró un 20 de abril de 1941, hace 70 años. Pedro Zugasti llegó el primero. Solo. Tardó 23 minutos y 17 segundos en hacer 7,6 kilómetros. Subían por una carretera de piedras que era una tortura. La cosa gustó al pueblo. Les engancharon Anquetil, Gimondi, Gabica y, claro, Loroño y Bahamontes. Entonces abril era un mes frío y gris en Euskadi. Nevaba y los ciclistas subían los puertos de uno en uno. Ahora, abril es verano, el viento sur, el bochorno y una pasta de polvo en la boca; Arrate se sube rápido y en grupo, once ayer. El primero, Samuel Sánchez, que ya había ganado en 2010.
Hacía calor y el líder de Euskaltel no pudo ser más frío. Le entronizó un golpe de genio, un fogonazo. Todo ocurrió en Arrate, en siete kilómetros. Primero, la sangre fría.
Por Eibar, al abrigo de la montaña, Michael Albasini, Maxim Belkov y Julián Sánchez Pimienta -el murciano cazó la primera fuga para el Caja Rural el día más propicio, en el que Javier Guillén, director de la Vuelta que anhela correr el equipo navarro, visitó la carrera- desfilaban con la cabeza entre los brazos, honrosamente autodecapitados después de un día largo y duro. Por la noche, en el hotel, los ciclistas molidos se vuelven a colocar malamente la cabeza sobre un cuello dos palmos más largo, duermen como troncos y a la mañana siguiente están de nuevo prestos al martirio. De ese cadalso que a la vez es altar deseado se bajaron los tres al pie de Arrate. Les apartó Voigt de una patada. De una coz.
Tondo se dispara Así empezó a subirse Arrate. Al galope. El Leopard había salido de caza. Llegó la primera rampa; la primera criba. Fuglsang ayudó en la selección. Seguía haciendo calor bajo la sombra de los árboles y apareció Duarte con su maillot del Geox abierto por el bochorno, el crucifijo de plata golpeando el pecho y la cabeza hirviendo. No se contiene el colombiano. "Se precipita. Es por la juventud", lamentó Matxín. Se excita con el vuelo de una mosca. Aceleró con fuerza, cogió unos metros y ahí se quedó la cosa. Atrás reinaba una calma tensa que al fin rompió Frank Schleck casi por inercia. Se puso en cabeza, miró hacia los lados, agitó su cuerpo, un saco de huesos, y, ante la apatía, se marchó tranquilamente. Solo Xabier Tondo le siguió. El Movistar se movía de maravilla.
"La etapa era de Tour", dijo Samuel. Por el calor, los puertos, el dolor y la competencia. También por detalles como el de Luis León arrastrando a Gesink cuesta arriba. Así quiere el Rabobank que sea en julio, en Francia.
El paso era de traca y Samuel iba a cola del grupo, sufriente pero calmo porque no se excita con facilidad el ovetense, que tiene visión láser, ve lo que nadie ve, sabe lo que nadie sabe y corre como nadie corre. Guardando, observando, esperando, apurando. Frío. Le llaman experiencia y es el valor supremo del ciclismo moderno que manejan los viejos. "Había que correr así. Había que leer bien la carrera, tener en cuenta el viento de cara, la igualdad y permanecer tranquilo", razonó luego. Contuvo el pulso incluso cuando Tondo subió un punto el ritmo, sacó de punto a Frank y se fue solito y alegre hacia arriba, entre la multitud. Incluso cuando Vinokourov, que es muchas cosas pero no frío, sacó la guadaña y cortó de cuajo las alas de Luisle.
Había que empezar a volar y Vinokourov era un buen comienzo. Al kazajo le amarró Beñat Intxausti, que dice que no es el de 2010, pero que marcha fenomenal contagiado quizás por el fraternal sentido gremial con el que el Movistar gestiona la ausencia temporal de Valverde. "Corrimos bien, perfecto, con Tondo ahí arriba, muy fuerte y los demás, López, Kiryienka, yo, tapando los huecos, cubriendo las espaldas, controlando", explicó Beñat, que logró amaestrar a Vinokourov, que parara, que no siguiera aplastando los pedales y comiendo terreno a Tondo. Volvió la calma, pero con cambios. Samuel, de puntillas, ya estaba al acecho y Purito se revolvía inquieto. "Pero había poco que hacer porque cuando hay tanta igualdad hay más control". Al catalán le temblaron las piernas y la rueda delantera, pinchada, le fue perdiendo aire.
La genialidad La igualdad eran ataques frustrados. El de Samuel, al fin, cerca de donde el año pasado se marchó sin oposición para coronar Usartza, no cuajó. Su lugar lo ocupaba esta vez Tondo, que alcanzó la cima, siguió subiendo hacia el falso llano que lleva al santuario y se dio en el morro contra un muro. Un viento de cara tremendo. "Eso le ha perjudicado", lamentó López. Le cogieron y se abrió un periodo intensísimo e incierto.
Samuel asistió, pura sangre fría, al intento demoledor de Andy Schleck a un kilómetro de meta, a las dudas de Vinokourov, y saboreó después los últimos metros que fueron un fogonazo de pericia: se le coló a Klöden por el interior en una curva a la izquierda y cogió un metro que fueron dos en otro viraje en el mismo sentido y tres cuando giró a la derecha y se plantó en el santuario.
Lo celebró blandiendo dos dedos al aire. Nadie ganaba dos veces consecutivas en Arrate desde Iñaki Gastón en los 80.
El segundo triunfo de Samuel tenía una tremenda hondura sentimental porque no lo vio su abuelo, que murió hace dos semanas. "Él siempre me ha venido a ver a este lugar tan especial", dijo el ovetense, que quizás no sacó un segundo a Klöden y se vistió de amarillo porque celebró la victoria, pero mantiene intactas sus opciones de ganar la Vuelta. Es uno de los diez que están en diez segundos. De ellos cuentan todos menos el líder, Purito, que se borró en Arrate. "Para mí ya se ha acabado", dijo tras llegar con la rueda pinchada; "hay gente que va mejor que yo en la crono".