bilbao. En el fantástico duelo entre los hombres contra la máquina, ganaron los hombres, un hombre, Nick Nuyens, belga, 30 años y piernas de culturista, que vivió con delirio la realidad gozosa con la que todo flamenco sueña. Ganó el Tour de Flandes, la carrera de los muros y los adoquines que tiene a uno de cada seis flamencos al borde del asfalto y al resto, los otros cinco, pegados al televisor. "Es el día que he estado esperando durante años", dijo Nuyens, en el nirvana. A su lado, la máquina, Fabian Cancellara, exhaló un suspiro eterno y agotador: "Estaba casi muerto".
El suizo que arrolló hace unos días en Harelbeke con una demostración portentosa cayó finalmente en un sprint agónico al que llegó con el depósito vacío. Sin fuerzas. Las desparramó en otra lección magistral, una delicia para los sentidos, con la que a 18 kilómetros de meta había dejado la carrera en un mano a mano con Chavanel. Entonces francés y suizo, en sintonía desde que enfilaron los últimos 30 kilómetros hacia Meerbeke, amasaban casi un minuto de renta sobre el grupo de Philippe Gilbert y Tom Boonen, el rey Boonen que había amagado a 40 kilómetros con una ataque solitario, desesperado y, al fin, estéril. En cuatro kilómetros el minuto se esfumó. Cayeron donde se escribe la historia de Flandes, en la cima del Kapelmuur. Cancellara estaba fundido. "Cuando les vi sabía que podía batir a todos", desveló luego Nuyens, que observó desde la retaguardia y con serenidad el misil furibundo de Gilbert en el Boosberg, el último muro. Y los movimientos de Flecha a cinco de meta. Fue en vano. No había otra solución que el sprint.
A Nuyens le susurraba Bjarne Riis al oído pidiéndole sangre fría, rogándole que no se precipitara y esperase su momento. "Jugó sus cartas correctamente". Arrancó Cancellara, cortocircuitado, acalambrado y dolorido, que no se sostuvo contra el viento porque le pasaron por encima Nuyens y sus piernas de granito. Chavanel, al que aún le quedaba algo en la despensa, los restos, luchó desesperado pero no encontró hueco para pasar a Nuyens, un hombre henchido, agigantado el día que los hombres derrotaron a la máquina.