bilbao. Cinco minutos después de que concluya la crono larga de la Dauphiné, 49 kilómetros bajo el sol entre Monteux y Sorgues prácticamente planos, sólo una cota de tercera en la primera mitad, el Twitter de Lance Armstrong echa humo. Está petado, desbordado. Hay que hacer cola para leer los comentarios del americano. Intriga, sobre todo, el último, que aún palpita, candente por reciente, cuando la espera termina y se abre la puerta del Twitter. Pasan 9 minutos del final de la crono. La postrera huella del texano, apoltronado delante del televisor tras seis horas de entrenamiento junto a Popovych, es un alarido: "Yes!!! Congrats to @janibrajkovic!!!".

Es la manera visceral, instantánea, unas 36 pulsaciones, unos segundos de ejercicio ágil para el dedo, de celebrar el triunfo de Janez Brajkovic, esloveno de 26 años que iba para figura tras liderar la Vuelta en 2006 y acabó diluyéndose hasta asomar ahora, con un soberbio despliegue en la lucha más agónica, la individual, aunque coronada la cota de tercera tuviese que cambiar de bicicleta porque se le soltó una de las extensiones aerodinámicas. Pese a ello, derribó a Millar (a 27 segundos), a Boasson Hagen (a 44), al fenómeno Van Garderen (a 54) y a Menchov (a 55). Y es líder.

Por eso gritó Armstrong, "Yes!!!". Por eso o porque Alberto Contador, al que nunca menciona en su Twitter, le dio la alegría de no ganar, al fin, y lejos de no hacerlo, se quedó lejísimos de Brajkovic, pese a su flamante nueva bicicleta, más pequeña que la anterior, más compacta y manejable cuando el chico de Pinto se levanta, algo habitual, sobre los pedales. 1:45, y el amarillo, perdió el líder del Astana. "No terminaba de coger el golpe de pedal. No ha sido un día súper", alegó después Contador, que ya había advertido antes de comenzar la prueba, e incluso después de ganar el prólogo, que su condición física no era la óptima y que ni siquiera le merecía la pena meterse en el fregado de luchar por llevarse la Dauphiné, una carrera que maldice a su ganador y lo elimina para el Tour. "El objetivo aquí es ponerme a punto para el Tour. Me dedicaré a ir un poco de espectador desde atrás". Hoy, por ejemplo, en Risoul, un puerto de primera categoría, el primer final en alto de la carrera que mide las opciones de Brajkovic. "No sé si podré darme el lujo de ganar", dice el esloveno del RadioShack.