"En la foto del Rockefeller sale mi padre", dijo Dani Ibargüen

El hijo de Natxo Ibargüen le reconoció en la imagen durante una visita a su familia de Balmaseda

21.03.2021 | 12:30

Orgulloso de sus raíces, a Donald Peter Ibargüen le llamaban Dani o Peter El Vasco. Entre otras hazañas, se lanzó en paracaídas con una ikurriña entre las manos y cruzó el océano Atlántico para conocer en persona a su familia de Balmaseda a principios de los años sesenta. Fue en una de las visitas que siguieron a aquella primera reunión cuando se dio cuenta de que su padre, Natxo Ibargüen, que abandonó la villa en su juventud, aparecía en la mítica fotografía obtenida durante las obras del Rockefeller Center. Fue por tanto aquí, en Balmaseda, cuando Donald se llevó la sorpresa de su vida al reconocer a su padre en la afamada fotografía. Lo hizo cuando su familia vizcaina le regaló un póster con la instantánea que captó Charles E. Ebbets en 1932 y que muestra a once personas que trabajaban en la construcción del famoso rascacielos neoyorquino. Al verlo, se le llenaron los ojos de lágrimas tras fijarse como nunca lo había hecho, en el segundo hombre empezando por la izquierda, el que daba fuego a un compañero. "Es mi padre", aseguró a su familia.

La investigación emprendida por Harresi Kulturala Elkartea sobre la vida de Natxo Ibargüen siguió la línea del árbol genealógico, cerrando el círculo con el reencuentro de su hijo Dani con Balmaseda. Este, Donald Peter Ibargüen, "nació el 13 de mayo de 1932, aunque en su ficha militar figura el 13 de mayo de 1929, servicio que realizó con tan solo 15 años, a no ser que falsificara la fecha de nacimiento para hacer creer que tenía 18 años, porque no figura ningún otro Donald P. Ibargüen en los listados de Nueva York", cuenta Juan Tomás Sáez, Pikizu, presidente de Harresi. No dispone de muchos datos de sus primeros 30 años, "que, suponemos, pasó en la ciudad de Nueva York, dado que en 1947 figura en la dirección 331, East 84th. Street". Trabajador de la compañía aérea Pan Am, era un hombre "aventurero y deportista, que entre otras disciplinas practicó el paracaidismo".

Su madre, Esperanza Ojinaga, ya había viajado a Bizkaia en torno a 1958 tras enviudar buscando sus propios orígenes. Y es que había nacido en Berango en 1911 y emigró a Estados Unidos a los 6 años. En Bilbao dio con la casa de su cuñada, cuya dirección le había proporcionado otro hermano de su marido, y pudo conocer a sus parientes de Balmaseda.

Vuelta a Balmaseda 


Así se estableció una relación por carta que seguramente animó a Dani a emprender el mismo viaje. En torno a "1960 ó 1961 se lanzó a la aventura y se reunió con su familia en su querida tierra vasca" que aún no había pisado. Sus primos debieron de quedarse petrificados cuando abrieron la puerta de casa y "se toparon con dos hombres, uno rubio y otro moreno, que solo hablaban inglés". "Le acogieron con todo el cariño y emoción por el hecho de conocer a un familiar que había venido de tan lejos", narra Pikizu, que está en contacto con algunos de estos familiares para reconstruir la historia. Después de unos días en la casa de su tío, Dani y el amigo que le acompañaba prosiguieron su viaje por "Sevilla, Jerez de la Frontera y otros lugares" antes de volar de regreso a su vida en Nueva York.

Mantuvo una relación epistolar con su tío Carmelo. Volvió regularmente a Balmaseda, "en alguna que otra ocasión dos veces al año y en uno de esos viajes asistió a la boda de su prima". Su trabajo como supervisor de vuelos en la PanAm le facilitaba los desplazamientos transoceánicos, ya que "le resultaban muy económicos". Compartía largas sobremesas con los suyos. Había que recuperar el tiempo perdido. Solía acudir cargado de regalos. En una ocasión en los años ochenta sorprendió a la familia con camisetas de la NBA. Para corresponderle, se les ocurrió obsequiarle con un póster enmarcado de la famosísima fotografía de los obreros del Rockefeller Center. Les sorprendió la emoción de Dani y más las palabras que pronunció entonces: "en esta foto aparece mi padre, el segundo por la izquierda".

Tan a gusto se encontraba en Balmaseda que valoró mudarse definitivamente tras la jubilación y se puso en contacto con la Casa Vasca de Nueva York participando en el grupo de danzas. Sin embargo, el atentado terrorista de 1988, en el que un avión explotó en el aire y cayó sobre la población escocesa de Lockerbie, conllevó la quiebra de la compañía y frustró el retiro soñado. Enfermó de cáncer de huesos y murió el 1 de septiembre de 2000.

"Gracias a Javier Ibargüen, a Iñaki Ibargüen (QEPD) y a su esposa Mari Carmen Artatxo por la información facilitada y a otra persona que también ha contribuido" a un trabajo que aspira a crecer con más datos.

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