Cierra el colegio Hijas de la Cruz de Bilbao: "Desaparece una parte de mi niñez"

El pasado 12 de enero la congregación Hijas de la Cruz anunció el cierre, al finalizar el actual curso académico, de su colegio en Bilbao, ubicado entre la calle Ronda y Solokoetxe

02.02.2021 | 00:52
El colegio Hijas de la Cruz, de Solokoetxe, forma parte de la historia de Bilbao y está ubicado en pleno corazón del Casco Viejo.

EL Colegio Presentación de María Hijas de la Cruz, de Bilbao, cerrará sus puertas el curso 2020-21 debido a la caída continuada de matriculaciones de los últimos años en el centro". Una frase corta que cierra una historia muy larga y que resume una situación que llevaba gestándose varios años. El cierre de este colegio, fundado en 1859, es consecuencia de un cambio demográfico y social que reduce el alumnado de las primeras etapas educativas y resta relevancia a la proximidad de los centros escolares al domicilio familiar, pero también simboliza la transformación vivida en los últimos años por el Casco Viejo bilbaino, que pierde muchos de sus referentes históricos para hacerse más cosmopolita y contemporáneo.

Yolanda Lázaro, exalumna del colegio Hijas de la Cruz, expresa, como muchas de sus compañeras y los usuarios actuales del centro, su tristeza por el cierre y lo siente, sobre todo, como "la pérdida de parte de mi infancia". "Llevamos tiempo viendo que tiendas de toda la vida cierran, comercios clásicos como La Palma han desaparecido, ahora también cierra el colegio€ Siento que vivimos un cambio total del Casco Viejo, una transformación que no se produjo ni con las inundaciones del 1983. Ahora veo que parte de mi niñez desaparece porque para las personas que hemos nacido, crecido y vivido en el Casco Viejo todo esto supone la desaparición de elementos de nuestra infancia", explica Yolanda Lázaro.

Yolanda, al igual que sus amigas y compañeras de clase Lourdes y Mónica, guarda muy buenos recuerdos de su paso por el colegio fundado por la congregación de la Hijas de la Cruz, una orden de origen francés que cambió la dinámica educativa de las niñas y las jóvenes de Bilbao durante los siglos XIX y XX. "Cuando yo entré en el 71, con 4 años, había mas de 1.500 alumnas, una barbaridad de niñas, mientras que el otro día leí que ahora hay unos 200 alumnos", cuenta Lourdes Lorente. "Para mí –añade– no es el colegio de Solokoetxe, sino el colegio de La Ronda, toda la vida lo he conocido así. Fueron años muy divertidos, los recuerdo con mucho cariño y me da mucha pena que lo cierren, aunque entiendo que tener un centro con 200 alumnos y alumnas no puede ser muy viable".

Vista del edificio más moderno del colegio Hijas de la Cruz, en Solokoetxe. H. C.

Mónica Vega también creció en el Casco Viejo y estudió en el colegio Hijas de la Cruz. Sus recuerdos del barrio y del centro coinciden con los de Yolanda y Lourdes y reconoce que, como se quedaba a comer en el colegio, pasaba allí muchas horas. "Llegaba por la mañana y me iba por la tarde, de lunes a viernes. El colegio era mi vida, donde he aprendido, jugado€ Todo giraba en torno al colegio, yo no conocía a nadie que no tuviera relación con él", explica. Para Mónica el colegio Hijas de la Cruz también está íntimamente unido a la historia y la idiosincrasia del Casco Viejo: "Era muy del barrio, como algo propio de la gente del Casco. Ahora yo veo que los colegios son más impersonales".

Isabel Ordozgoiti, otra exalumna de Hijas de la Cruz , acudía cada día a clase desde Zamakola y recuerda que aunque había muchas niñas que vivían en el Casco Viejo, Fika o Solokoetxe "también iban muchas de La Peña, de Etxebarri, de Arrigorriaga". "De esas zonas éramos muchas –cuenta– y cuando llovía mucho y teníamos riesgo de inundaciones, nos avisaban por megafonía y decían: las de La Peña, Etxebarri€ se tienen que ir a casa corriendo porque si no, no podrán pasar". "Hace cosa de dos años hice un curso de danzas tradicionales justo enfrente del colegio, en unas escuelas que están en Solokoetxe, y todos los domingos, cuando iba a aprender mutildantzas, veía mi antiguo colegio. Eso me traía unos recuerdos muy bonitos y a todos los del curso les contaba que yo había estudiado allí", narra esta exalumna. Además de los años pasados en sus aulas, de los enormes patios y de los recreos, Isabel se acuerda con mucho cariño de las monjas y profesoras del colegio y destaca que "en plena transición, incluso antes, empezamos a dar clases de euskera".

Adelantadas a su tiempo

Lourdes Lorente corrobora esta percepción de haber recibido una educación muy avanzada y abierta para la época. "Nos enseñaban euskera, de una manera muy tímida en aquellos años, pero había clases de euskera y yo creo que eso indicaba de forma muy importante por dónde quería ir este grupo de religiosas y profesorado", señala. Yolanda Lázaro abunda en esta idea y dice que "al leer la noticia del cierre del colegio he sido más consciente de que aquellas monjas fueron bastante adelantadas a su tiempo". "En aquel momento yo no lo veía, pero sí recuerdo que prescindieron muy pronto del hábito, empezaron a dar clases de euskera cuando todavía estábamos en la dictadura, nos llevaban de excursión al monte... Se notaba que eran francesas, que provenían de otra cultura, su congregación era distinta. En aquel momento no fuimos conscientes de eso, pero ahora, si lo piensas, te das cuenta".

Las exalumnas consultadas coinciden en que "el colegio ha cambiado mucho en los últimos años" y que ya no es aquel centro en el que convergían hermanas y familias de la zona, donde la mayoría de niñas, padres y madres se conocían, y con el que han seguido manteniendo relación a lo largo de los años. Saben que ahora es un colegio con alumnos de cerca de treinta nacionalidades, que muchas familias han llegado hace poco tiempo a Euskadi y que la vinculación con el entorno ha cambiado.

"Creo que el colegio ha cambiado muchísimo en estos años –reflexiona Yolanda Lázaro–, antes íbamos muchas niñas del Casco Viejo, de Atxuri, de Santutxu... Éramos más cercanas, nos conocíamos. Todas jugábamos en lo que hoy es la plaza Unamuno, que entonces era Brigadas de Navarra. Teníamos puntos de encuentro donde íbamos todas con el uniforme. Aún lo recuerdo, era horroroso, primero gris, luego pasamos al azul, y las chicas mayores no llevaban uniforme. También tengo muchos recuerdos de jugar con las compañeras a campo quemado y de cuando nos pasaron del edificio viejo al nuevo y entonces ya podíamos salir por Solokoetxe".

el futuro del alumnado
 

Nekane Bizkarguenaga estudió en el colegio Hijas de la Cruz y ahora trabaja en él como andereño y especialista en apoyo educativo. "El anuncio del cierre me ha producido angustia –señala–, primero porque es mi colegio de toda la vida y son muchos recuerdos, y también porque me afecta a nivel profesional, y no me refiero solo a la pérdida del trabajo, sino, sobre todo, a la continuidad educativa de los niños, a los problemas que se generan para que vayan a otros centros escolares". "Tenemos muchos niños de educación especial y para recolocarlos bien hace falta moverse mucho", añade la educadora.

Sobre su futuro laboral Bizkarguenaga dice que "Kristau Eskola y el Gobierno vasco van a crear unas listas de recolocación del personal en las que podremos encontrar algo. Pero ahora estamos pensando mucho en el alumnado. ¿Adónde van ellos? ¿Dónde van a coger a nuestro alumnado? Hay muchos niños y niñas que tienen necesidades especiales. Los tutores y los profesores nos estamos moviendo, contactando con otros centros porque nos importa la escolarización de esos niños para el próximo curso. Todos sabemos que cuando las familias se plantean cambiar a los niños de colegio lo hacen con mucho tiempo, miran, visitan, estudian... Eso no se hace con quince días de plazo".

"Entré en el colegio en Infantil, con 3 años, salí al acabar Cuarto de la ESO, con 16 años. Luego estuve trabajando como profesora tres años, me despidieron y volví. Ahora llevo ocho años. El colegio es como mi segunda casa y espero que entre todos podamos hacer algo para que no se cierre. Sabemos que está difícil, pero seguiremos luchando", afirma Nekane Bizkarguenaga.

"En aquellos años ya había clases de euskera y eso indica por dónde quería ir el profesorado"

Lourdes Lorente

Exalumna de Hijas de la Cruz

"Me preocupa la continuidad educativa de los niños, dónde se van a poder recolocar"

Nekane Bizkarguenaga

Exalumna y docente

"Ahora soy consciente de que aquellas monjas fueron adelantadas a su tiempo"

Yolanda Lázaro

Exalumna de Hijas de la Cruz

"Era muy del barrio, algo propio del Casco Viejo, ahora los colegios son más impersonales"

Mónica Vega

Exalumna de Hijas de la Cruz

"Iban muchas niñas de Fika o Solokoetxe, pero también de Etxebarri, La Peña y Arrigorriaga"

Isabel Ordozgoiti

Exalumna de Hijas de la Cruz

 

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