Urbanismo en Bilbao bajo la dictadura franquista

05.12.2020 | 01:12
Vista general del Plan General de Ordenación Comarca de Bilbao aprobado en 1945.

La necesidad de sustituir el plan urbanístico de Bilbao de 1875 hizo que las autoridades franquistas y, más en concreto, su alcalde, Joaquín Zuazagoitia, trabajaran en uno en el que adoptaron una visión comarcal en la ordenación urbana

Hace 75 años, Bilbao tenía, según el último censo nacional, alrededor de 192.000 habitantes y, según el censo municipal, unos 196.000. La comarca del Gran Bilbao definida por los 21 municipios enclavados en el curso bajo del Nervión acogía, según aquel mismo último censo, cerca de 350.000 habitantes. Bilbao y su entorno geográfico venían arrastrando desde décadas atrás un grave déficit de suelo urbano y sufriendo un desorden de funciones que convertían esa área en un pequeño caos de incomodidades y desarrollos híbridos.

La necesidad de sustituir el documento urbanístico de 1875 (Alzola, Hoffmeyer y Achúcarro) y de hacerlo con una visión territorial más amplia que la del simple municipio era urgente, pero las circunstancias políticas (I Guerra Mundial, Dictadura de Primo de Rivera, crisis de 1929, II República y guerra civil) no favorecieron que pudiera acometerse. Las nuevas autoridades franquistas, en particular Joaquín Zuazagoitia, alcalde de Bilbao durante el largo periodo 1942-59, se propuso resolver el problema.

Sus gestiones con el arquitecto donostiarra Pedro Bidagor Lasarte, situado al frente de la Dirección General de Arquitectura, posibilitaron que en 1943 el plan estuviera técnicamente preparado. A partir de aquel momento, centrando su gestión en el ámbito político del Gobierno central, Zuazagoitia buscó la aprobación legal y las fórmulas administrativas para su desarrollo. Como resultado de tales esfuerzos, consiguió la aprobación por las Cortes franquistas el 17 de julio de 1945 de la Ley de Bases para la Ordenación Urbanística y Comarcal de Bilbao y su zona de influencia y el proceso de tramitación legal concluyó con la aprobación por el Gobierno de la Ley de Ordenación Urbanística y Comarcal de Bilbao y su zona de influencia.

Para la concreción y gestión del Plan, dicha Ley creaba un nuevo organismo, la Corporación Administrativa del Gran Bilbao. El Plan fue ampliamente difundido por la Revista Nacional de Arquitectura en septiembre de 1946. Sólo han pasado 75 años, pero parece que hayan sido siglos.

Este episodio fue detenidamente estudiado por los profesores de la UPV-EHU, Jesús Mª Beaskoetxea Gangoiti y Fernando Martínez Rueda, y dado a conocer en La creación del 'Gran Bilbao' en el franquismo y el alcalde Joaquín Zuazagoitia (1942-1959), cuya lectura gustará a los interesados en estos asuntos que maridaron la bilbainidad y el franquismo, o sea, el franquilbainismo (palabro de mi cosecha).

Se personalizó con exageración este Plan Comarcal en la figura de Zuazagoitia. Él lo hizo posible, es verdad, con un decidido impulso político al adaptar a una situación histórica concreta, la del franquismo, ideas y proyectos que venían planteándose desde hacía décadas, pero, sobre todo, afrontando la necesidad de adoptar una visión comarcal en la ordenación urbana, sin consideración a los límites municipales.

Tomó la ría del Nervión como eje vertebrador y superó debates políticos anteriores sobre cómo articular institucionalmente el nuevo espacio metropolitano, si mediante la anexión, como se hizo con Abando, Begoña y Deusto, o si mancomunadamente en un nuevo organismo aglutinador. Se preveía el túnel bajo el monte Artxanda, un puente en Rontegui, una carretera para circunvalar Bilbao, una recomendación para aumentar el suministro de agua por ampliación del embalse de Ordunte...

Tras los éxitos iniciales en la esfera política, el Plan encontró abundantes dificultades para ser llevado a cabo, pudiendo decir que se culminó solo en una parte pequeña. Sus componentes modernos e innovadores (visión metropolitana frente a la municipal, atribución de usos y funciones por zonas separadas, y aportación legal al Derecho Urbanístico) encontraron problemas en diversos frentes relacionados con la situación política vigente.

En primer lugar, el hecho de que la Corporación Administrativa del Gran Bilbao fuera un organismo –impuesto y negociado entre el Ayuntamiento de Bilbao y el Ministerio de Gobernación– dentro del que la preponderancia de Bilbao sobre los otros municipios era muy dominante, al punto de ignorar o marginar sus intereses y necesidades. Su parcialidad y autoritarismo se manifestaba en el número de representantes de los municipios en el órgano de gobierno: muchos para Bilbao, pocos para los demás. La fuerza coercitiva del Estado tropezó con falta de colaboración, desconfianza y tensiones en los ayuntamientos de la comarca que devinieron en resistencias puntuales en medio de un clima de silencio y temor. La falta de legitimidad y representatividad del proyecto fue su mayor escollo.

"El otro gran problema del Gran Bilbao –aseguran Beaskoetxea Gangoiti y Martínez Rueda– fue su carencia de recursos. No disponía en absoluto de financiación autónoma suficiente. La Corporación Administrativa del Gran Bilbao, sin medios económicos para 'hacer ciudad', esto es, para acometer los proyectos recogidos en el plan de ordenación comarcal, acabó convirtiéndose en un instrumento de control social y político del territorio".

Un completo desastre 

En 1945 Zuazagoitia aseguraba que el plan garantizaba "el crecimiento armónico de la comarca", cuya previsión era que para el año 2000 se alcanzara en la comarca el millón de habitantes, pero ya en 1951 no podía ocultar su "desaliento al observar la desproporción entre las necesidades y las posibilidades" y en 1959 los problemas y carencias urbanísticas habían alcanzado dimensiones escandalosas. Ninguno de los objetivos más llamativos había podido realizarse, las corrientes migratorias durante los años 50 sobrepasaron toda previsión y la proliferación de infraviviendas arracimadas en las laderas de los montes cercanos era el más grave indicativo de que el plan no estaba funcionando.

Balance final: un completo desastre. En 1959 todo había empeorado y la comarca se hallaba al borde del colapso. Zuazagoitia fue cesado. No hay por qué dudar de sus buenas intenciones y de que quiso lo mejor para Bilbao, pero el Plan llevaba inoculado el germen prepotente de la arrogancia y el elitismo autoritario. Lo concebido en 1945 resultaba inconcebible diez años después, pero, aún así, la vigencia del Plan perduró hasta la llegada de la democracia.

Ajustado a dicho Plan, se organizó un ambicioso "Concurso Internacional de Ideas para la Urbanización de la zona de Expansión de Bilbao en el Valle de Asua" en 1961, al que se presentaron numerosos equipos internacionales, cuyas propuestas fueron analizadas por un jurado de prestigio y que, finalmente, a pesar de repartir dos millones de pesetas en premios, quedó en nada.

En el apartado de logros sólo se pueden apuntar algunas obras portuarias (canal de Deusto, que debió rectificar y no pudo culminar) e infraestructuras de comunicación (el aeropuerto de Sondika), así como algo de mayor entidad en política de vivienda protegida. En relación con esto último quiero rescatar unas imágenes incluidas en aquel Plan Comarcal con las que se mostraba el tipo de ciudad que esperaban conseguir en diversas zonas próximas a la capital: Deusto, Asua y Barakaldo.

Aquellas imágenes –como los renders actuales– tenían la misión de ofrecer el tipo de calidad urbana que la mentalidad fascista del momento deseaba imponer. Estas imágenes nos llaman la atención, ya que, en vez de ilusionar por ese futuro, transmitían la idea de un monótono, oscuro y seco porvenir. Incluso la elección del dibujante para realizar estas imágenes fue un error, pues, además de falsas perspectivas y fallos geográficos, con la utilización restrictiva del blanco y negro deprimía el ánimo en vez de estimularlo ante un posible porvenir de variados colores.

Estos dibujos "artísticos", digámoslo así, contrastan con los planos puramente técnicos, de gran claridad y precisión. Incluso desde esa perspectiva técnica se jugó con la presunción del ilusionismo organicista al considerar la forma visual resultante de la suma de actuaciones sobre el territorio como la de un gran gallo con las alas desplegadas: "La Comarca de Bilbao –se aseguraba desde la Revista Nacional de Arquitectura– tiene una clarísima disposición orgánica, funcionando su conjunto con la unidad de un cuerpo vivo y con la distinción de actividades, en sus diferentes lugares, correlativa a lo que tienen las diversas partes y órganos anatómicos, de los cuales, en este caso, ni falta uno solo, ni se puede separar a ninguno, sin patente merma del conjunto y de su evidente trabazón".

De todos los barrios previstos, el único que se materializó en parte fue el de Deusto, concretamente, en San Ignacio. Es llamativa la presencia destacada del templo religioso en estas urbanizaciones, como si fuera, junto con su plaza adyacente, el corazón central de la comunidad, lo que sin duda se pretendía para alegría y satisfacción de la políticamente cómplice iglesia católica. Ordenación ortogonal por manzanas con patios interiores, uniformidad de alturas, monotonía visual, una gran avenida que desembocaba en la Casa del Partido o en la Casa Consistorial..., eran las constantes externas de esos nuevos barrios. Luis Lorenzo Blanc, arquitecto de la Obra Sindical del Hogar y coautor del barrio de San Ignacio, con el tiempo llegó a ser el arquitecto-jefe de la oficina del "Gran Bilbao".

Estas imágenes se nos presentan hoy como surgidas de una pesadilla fascista. Con este Plan Comarcal de 1945, con esas tristes y lúgubres visiones de lo que algunas mentes autoritarias imaginaban como un futuro mejor, el Nuevo Estado se hacía presente en Bilbao y su hinterland. Hace tan solo 75 años.

El autor

Javier González de Durana

Es profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco desde 1986. Fue director de Artium y ha ocupado cargos en los museos de Bellas Artes, Guggenheim y otros centros de la cultura.

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