Como adelantó DEIA el pasado sábado, el modisto vizcaino Javier Barroeta cierra, tras una década de andadura, la Escuela de Alta Costura que llevaba su nombre y que abría sus puertas en la bilbaina calle de Huertas de La Villa. La dificultad de encajar la formación impartida dentro de una titulación oficial ha llevado a Barroeta ha tomar en el último mes una decisión que califica de "triste". Cierra, además, su atelier y se jubila. Pero no dejará una actividad que es su vida. Desde ahora enfocará sus energías a un proyecto solidario de enseñanza de costura básica en Uganda del que forma parte desde hace meses. Y matizará su colección de alta costura, sobre la que tiene previsto publicar un libro. Impartirá, además, formaciones concretas y especializadas de alta costura. No quiere que se pierda el oficio artesanal de "construir" vestidos o trajes.

¿Qué le ha llevado a cerrar la escuela?

He estado todo este curso intentando solucionar problemas para sacar la Escuela adelante. El principal obstáculo es que, al no ser una escuela con un título oficial, no hemos podido obtener el reconocimiento académico. La realidad es que la gente quiere oficialidad, aunque paradójicamente lo que realmente importa en este oficio es tener las competencias prácticas y el dominio de las técnicas.

¿Cuál es su perspectiva sobre la diferencia entre titulación oficial y oficio?

Este es un oficio tan importante que no solamente se trata de diseñar. Es como hacer un edificio: necesitas conocer toda la estructura, las vigas, los cimientos. En la moda ocurre exactamente igual. Hay que saber armar, coser, planchar, hacer las múltiples cosas que terminan en un traje o un vestido. Lo irónico es que ahora se requiere ser licenciado para dar clases de costura, pero muchos licenciados no tienen ni idea del oficio. Nosotros sabemos el oficio y lo hacemos muy bien, pero carecemos de titularidad para enseñar. Es una contradicción absurda.

"El principal obstáculo es que, al no ser una escuela con un título oficial, no hemos podido obtener el reconocimiento académico"

¿Qué valor real posee el conocimiento práctico que transmiten?

La gente que sale de aquí puede montar un taller de costura porque sabe desde diseñar hasta cortar y terminar el traje completamente. Nuestro ejemplo es Balenciaga: sabía diseñar, coser, cortar, empezar y terminar una prenda. Eso es lo que ahora no valoramos. La moda es artesanía, es oficio. He enseñado a más doscientas personas en estos diez años y la mayoría están colocadas estupendamente. Trabajan en el cine o en teatro cosiendo vestuarios maravillosos, en casas de moda importantes en Madrid y otras ciudades. ¿Por qué tienen éxito? Porque saben la construcción y saben hacerlo. Sin oficio no hay nada, por mucha teoría que hagas, por mucho que diseñes.

¿Cuándo decidió cerrar definitivamente?

Ha sido de repente, hace aproximadamente un mes. Estuve buscando soluciones, mirando fórmulas diferentes, pero ninguna funcionó. La escuela no entra en ningún capítulo del sistema actual de enseñanza. No voy mantener nada: cierro la escuela y también mi taller de costura. Me jubilo este mes.

"No voy mantener nada: cierro la escuela y también mi taller de costura. Me jubilo este mes"

¿Qué pasará con las personas que estudiaban en la Escuela?

Algunos terminan y otros se van sin terminar a otros sitios. Les asesoramos. Muchos han vivido esto mal, lógicamente. Vinieron aquí porque les colocaba siempre en prácticas en las mejores casas, algo que no todos los centros ofrecen. Es importante para ellos porque luego se colocan en esos sitios y ven otros mundos distintos. Eso les proporciona experiencia profesional y contactos en el mundo de la moda.

¿Cómo valora estos diez años de escuela?

En los primeros años fue muy bueno, pero cada vez ha ido bajando el alumnado por la necesidad de contar con un título oficial. He tenido mucha ilusión hasta hace un mes. Lo que más me duele es la escuela, porque teníamos todo: local, gente preparada, profesores extraordinarios dando cursos con valores tremendos. Solo faltaba solucionar los problemas de oficialidad, pero resultó imposible.

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"Me quedo con el placer de haber enseñado a muchas personas y de que me hayan llamado para darme las gracias"

¿Cómo lo ha vivido su familia?

Mi mujer está triste. El otro día me dijo que no vendría al último desfile, que fue en el Edificio del Ensanche, porque se iba a emocionar. Cuando leyó el periódico, se conmovió. Hemos aportado mucho tiempo, cariño y ganas. Cuando tienes mucha ilusión con algo y ves que es imposible, duele profundamente. Siempre pensé que con ganas se pueden solucionar las cosas, pero también hace falta tiempo, y vivimos en un momento donde la gente quiere que todo sea rápido.

¿Cuál es su balance final?

Me quedo con el placer de haber enseñado a muchas personas y de que me hayan llamado para darme las gracias. Personas que ahora hacen vestidos de novia impresionantes me han dicho: "He aprendido de vosotros lo que es el trabajo, la fuerza, las ganas, la seriedad y el oficio". Eso es lo que realmente importa. Espero que la sociedad entienda que sin oficio no hay nada. Las leyes también necesitan sus cambios. Hay que darse cuenta de que estos oficios hay que apoyarlos, porque si no, no habrá sastrerías, no habrá trajes a medida. Son oficios que forman parte del patrimonio cultural de nuestro país.