Hace unos meses, Javier Barroeta se involucró, junto a la periodista Cristina Maruri, en la creación de una escuela de costura que funciona en una choza de una remota comunidad de Uganda. Los recursos son limitados, pero la determinación es infinita. Cuatro, seis, quizás ocho mujeres ya están aprendiendo a coser. No tienen máquinas de coser suficientes, ni agujas, ni los materiales básicos. Pero tienen algo más valioso: ganas. "Ganas tienen, sí", confirma Barroeta. "Conocían lo que era una máquina de coser porque no lejos hay alguna otra comunidad que se dedica también a hacer trajes".

Hace poco instalaron wifi. Por primera vez, desde entonces una conexión digital une Bilbao con la aldea. Las clases llegan por videoconferencia. Él mismo ha grabado tutoriales paso a paso: cómo hacer una tote bag, los básicos de la costura, los secretos de su oficio.

La estrategia es ingeniosa. Graban videos con subtítulos. Mandan patrones digitales que se imprimen localmente. Luego, a través de las redes, conectan en directo con las voluntarias que están allí, usando aplicaciones de traducción simultánea. "La idea es enseñarles a través de una clase online de que lo revisen, que lo estudien y luego hacer como una tutoría". El verdadero objetivo no es regalar caridad; es crear autonomía. "Lo que intentamos nosotros es ayudarles económicamente ahora que están empezando, hasta que vayan ellos mismos generando", explica. Las mujeres aprenderán a coser para vender. Tote bags. Pañuelos pintados con motivos locales. Vestidos simples. Cada producto vendido significa dinero para escolarizar a más niños, para comprar medicinas, para que la comunidad prospere.

“Por ahora lo estoy haciendo con mi cuenta y mi economía, con apoyo de familia y amigos”, asegura un Barroeta convencido de que lo óptimo sería generar una asociación o fundación. Además, proyecta impartir cursos especializados. Y también ampliar su colección personal de prendas de alta costura. Su objetivo es utilizar esta colección mejorada para organizar exposiciones en museos y otros espacios culturales.

Una vida unida a la costura

Nacido en Lemoa en 1952, la trayectoria de Javier Barroeta es la de un modisto que transformó su pasión juvenil en un referente de la alta costura. Con solo 18 años montó su primer taller en su casa natal, pero un revelador viaje en tren a Barcelona cambió su destino. Tras superar una prueba de confección, se incorporó en Madrid al legendario equipo de Pedro Rodríguez. Pasó así de cortar telas en el entorno rural a vestir a grandes celebridades de la época como la reina Sofía de Grecia, Kim Novak, Bette Davis o Carmen Martínez-Bordiú.

Tras vivir en primera persona en Madrid la Transición española y el auge del prêt-à-porter, Barroeta regresó a Bilbao. Trabajó una década como director creativo de la peletería Kamouraska hasta que, en 1989, inauguró su propio atelier en la calle General Concha. Su prestigio se consolidó vistiendo a personalidades como la esposa e hija del lehendakari Ardanza. Su volumen de negocio le abrió las puertas de las pasarelas de París, donde se codeó con la realeza y la alta sociedad internacional, asimilando el bagaje de genios como Karl Lagerfeld o John Galliano.